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COLUMNISTAS / ARGENTINA Y EL MUNDO
sábado 1 febrero, 2020

Con sello propio

La política exterior del Gobierno refleja las distintas visiones en el seno de la coalición que lo sustenta.

por Ignacio Labaqui

SUPERALBERTO. Foto: Pablo Temes
sábado 1 febrero, 2020

La gira europea del presidente Alberto Fernández y la reciente visita a Israel le han impreso un sello propio a la política exterior del Gobierno, diferenciándose tanto de la política exterior de la gestión anterior como de la política exterior de Cristina Fernández de Kirchner.

Continuidad. Las reuniones que Fernández mantendrá con sus pares de Italia, Alemania, Francia y España marcan una cierta continuidad con la política exterior de Macri y se alejan del sesgo Sur-Sur de la del segundo mandato de Cristina Kirchner.

Durante los primeros meses de su mandato, Macri encaró una tarea de reconstrucción del vínculo de Argentina con los países de Europa Occidental y con Estados Unidos, que se había deteriorado durante los años de Cristina Kirchner. En buena medida, ello permitió que Argentina obtuviera la presidencia del G20 y fuera sede de la cumbre de jefes de Estado de este en noviembre de 2018.

La visita a Israel y la ratificación de Hezbollah como organización terrorista muestran otro aspecto de continuidad respecto de la política exterior del gobierno anterior.

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Cambio. La relación con Washington y con el papa Francisco muestran, en cambio, un alejamiento respecto de Macri. La gestión anterior tuvo una relación con el Papa marcada por una evidente frialdad. La extensa entrevista entre el Santo Padre y Fernández durante su paso por Roma contrasta con el rostro adusto de Francisco durante la breve reunión que le concedió a Macri en 2016.

La decisión de Fernández de impulsar la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo no parece haber sido un obstáculo en su diálogo con Francisco. Aunque el Vaticano sea anfitrión la próxima semana de un evento en el que se verán el ministro de Economía y la directora gerente del FMI, difícilmente la ayuda del Papa sea la clave en la relación con el FMI.

El tono más amable en la relación con Francisco podría reportar más bien un logro de cara a la política doméstica: lograr una visita papal.

En el caso de Estados Unidos, parece poco probable que Alberto Fernández mantenga una relación estrecha con Donald Trump, tal como la que tuvo Mauricio Macri y que fue clave para que en 2018 Argentina recibiera un masivo paquete de asistencia por parte del Fondo Monetario Internacional.

Sea por convicción o por necesidad, tampoco es probable –ni conveniente– que la relación con Washington regrese, al menos en el corto plazo, a los niveles de tensión del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner.

La relación con Washington y con el papa Francisco muestran, en cambio, un alejamiento respecto de Macri

Deuda. La renegociación de la deuda es la prioridad número uno para Alberto Fernández y, tal como quedó demostrado por el ambicioso cronograma dado a conocer por el Ministerio de Economía esta semana, tras la media sanción en la Cámara baja del proyecto de ley de Restauración de Sustentabilidad de la Deuda Pública, se trata de un asunto que el Gobierno quiere tener resuelto para el final del primer trimestre de este año.

Como es sabido, ello requiere la cooperación del Fondo Monetario Internacional, que es el principal acreedor de Argentina, y con el cual el Gobierno afronta fuertes vencimientos de deuda en 2022 y 2023 principalmente. Aunque el staff del FMI parece estar bien predispuesto hacia Argentina, el Fondo no es un organismo apolítico cuyas decisiones se ajustan a meras consideraciones técnicas. De hecho, la gira de Fernández por Europa en buena medida apunta a conseguir apoyo en el directorio del FMI. Pero todo será en vano si no hay apoyo del gobierno de Estados Unidos.

La experiencia muestra el peso que tiene Washington en este tipo de cuestiones. Tras el colapso de la convertibilidad, el apoyo de Estados Unidos fue clave tanto para destrabar las negociaciones con el staff del FMI, durante 2002 y 2003, como para la reestructuración de la deuda de 2005.

En este sentido, a pesar de la menor cercanía entre el actual gobierno y Trump, ha habido no pocos gestos hacia Washington, como la permanencia en el Grupo de Lima y las críticas al gobierno de Nicolás Maduro por la frustrada maniobra para intentar desbancar a Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional venezolana.

Alberto Fernández buscará apoyos de líderes europeos para la renegociación con el FMI

Región. Uno de los aspectos más llamativos, o tal vez no tanto, en materia de política exterior es que la primera gira de Fernández haya sido a Israel y a Europa, antes que a algún país de América Latina.

Sin embargo, basta con mirar a la región para entender por qué Europa e Israel han sido los destinos iniciales de Fernández. Casi toda Sudamérica se encuentra gobernada por presidentes de derecha, con algunos de los cuales la relación no parece atravesar el mejor momento, como es el caso de Bolivia o, más importante aún, el del Brasil de Bolsonaro. La relación con Brasil constituye de hecho todo un interrogante, sobre todo si pensamos en el peso que desde 1980 la diplomacia presidencial ha desempeñado en la relación con Brasil.

Los amigos latinoamericanos del presidente Fernández, nucleados en el Grupo de Puebla, son precisamente políticos que están fuera del poder y que se encuentran enfrentados con las fuerzas que gobiernan sus respectivos países.

México, único país grande de la región con el que podría haber sintonía en materia ideológica, no parece mirar hacia América Latina ni asignar una alta prioridad a la política exterior, pese a ocupar la presidencia de la Celac.

En el corto plazo la prioridad está puesta en la renegociación de la deuda y la relación con el FMI, pero si efectivamente, tal como el Gobierno aspira, se logra una rápida resolución del tema de la deuda, probablemente los temas de la región –que involucran, entre otras cuestiones, definiciones no menores acerca del futuro del Mercosur– cobren mayor relevancia.

Diferente de las gestiones tanto de Macri como de Cristina Fernández de Kirchner, la política exterior de Fernández parece reflejar a la vez la diversidad de visiones que hay dentro de la coalición de gobierno, en la que coexisten posturas diferentes acerca de la orientación exterior de la Argentina.

*Politólogo.


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