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asuntos de doble vara

Créditos, escándalos y poder: cuando abusar también sale mal

Entre la vieja lógica de los privilegios y los nuevos bochornos, el Gobierno enfrenta el costo político de prácticas que prometió erradicar. El caso Adorni expone contradicciones y tensiones.

“Poder que no abusa, no es poder”. Vieja y risueña consigna de gobernadores que algunos la tomaron a pecho, exageradamente se podría decir: basta ver la infinidad de causas por diversos tipos de corruptelas denunciadas en la Justicia de todo el país. Los vip del poder siempre se han hecho un festín con los abusos, fuera el Ejecutivo, legisladores y también los jueces. Parte del servicio. Beneficios individuales, contratos a parientes, licitaciones, coimas, cometas, mordidas, lo exhibe el desfile estéreo de los convenios de la obra pública en tiempos del kirchnerismo. Por citar un ejemplo. Muchos, además, llegaron a la cima con su propia acumulación de activos negros o azules, esa gran pasión argentina guardada en el colchón o en otros lugares más imaginativos, en la tierra propia o en el exterior, fondos que les dolía o no podían exteriorizar al alcanzar puestos clave en cualquier administración, peronista, macrista o ahora liberal. Se volvieron Pep, políticamente expuestos, no pudieron blanquear: una complicación ser funcionario. Ejemplo: cuando Javier Milei nombró en sus inicios en la Casa Rosada un cuerpo consultivo ad honorem con economistas y empresarios notables, el primer interrogante de esos miembros –en un opíparo almuerzo brindado por uno de ellos– se consumió en la discusión sobre si les alcanzaba la norma que afecta a los Pep y allegados. Eso de no cobrar y encima pagar era demasiado patriótico. Por lo tanto, no funcionó.

¿Acaso la última obtención denunciada de recibir créditos privilegiados en el Banco Nación, como solía ocurrir en el Provincia, o en entidades privadas, no apunta más a un blanqueo de fondos no declarados que a la necesidad por escriturar la primera vivienda? Uno de los solicitantes oficiales ya incurrió en la excusa de la tercera vivienda. Insólito. En rigor, en muchos casos, compran “blanco”, justifican tenencias que permanecían fuera del sistema, logradas en la actual etapa o en anteriores momentos. Dentro de ese esquema habría que incluir el caso de Manuel Adorni, un chapucero ante la autoridad impositiva, igual que sus asesores en la ingeniería tributaria dibujada para la compra y refacción de dos inmuebles. Ascenso de un pequeño burgués que ni siquiera se preocupó por alquilar en lugar de comprar, revelación que le hubiera evitado infinidad de disgustos. A él y al mismo gobierno. Por si fuera poco, dos amigos lenguaraces lo complicaron en un escándalo de película como si fuera el film más visto del último mes, con atribuciones orales inapropiadas: sea el amigo de la TV Pública que lo albergó en su casa de Punta del Este (Marcelo Grandio) o la escribana (Mónica Nechevenko) con la que realizó no menos de tres escrituras, señora que además de recitar ante la Justicia, luego se expuso ante el tribunal periodístico que la acechó en la calle y, cuando menos indiscreta, hasta se paseó por los canales de televisión como una actriz cómica para señalar escueta y popularmente: “Adorni era un seco cuando yo lo conocí, desde que está en el Gobierno por lo menos incorporó dos viviendas a su patrimonio”. Una profesional, entonces, que no quiso perderse un momento de figuración y que desconoce un recurso elemental del rubro: “no comment”. Para la funeraria de Adorni.

Reconoce y objeta Javier Milei una masacre periodística contra su jefe de Gabinete, con más despliegue mediático que la guerra en Medio Oriente e incomparable frente al silencio o complicidad con los gigantescos desfalcos del pasado. Una desproporción el acoso investigativo –según él, impulsado por intereses económicos non sanctos del Grupo– que hasta puede revolver en los consumos del funcionario en la SUBE, de Caballito a Casa Rosada, para ver si se justifica con el blanco declarado. Minucias para flashes. Como el Presidente se siente único, olvida dislates de los medios en anteriores gobiernos: un día voltearon a un ministro (Jorge Triaca, Trabajo) porque tenía en negro una mujer de su personal doméstico. O desmesuras del mismo gobierno libertario que despachó del Anses a Osvaldo Giordano (quien hoy pronostica desde la Fundación Mediterránea otra oportunidad perdida para el país si las transformaciones se quedan en simples títulos) porque su esposa votó en contra de una ley que proponía el Gobierno. Una singular interpretación del poder que no abusa, no es poder.

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Se ha emperrado el Presidente en conservar en el cargo a Adorni, quien tomó un crédito en los papeles al 11 por ciento en dólares cuando la Argentina rechazó una tasa menor, el 9% para obtener créditos privados. O logró una dádiva de dos ancianas que le aceptan no pagar intereses por el enjuague de una hipoteca. Detalles de un ejercicio inmobiliario torpe, raro, improvisado y amateur. Suspicaz, por supuesto. Debido a estas anomalías, en la última reunión del equipo gubernamental, Adorni casi no habló y se sostuvo cabizbajo por impulso obvio de Milei, quien a pesar del temporal ético que agobia a su funcionario, percibe –como es la moda actual de autopercibirse, mitad hombre, mitad mujer, tigre o león– que las críticas en rigor van contra su propia figura, al desgaste de su conducción, en contra de su confesada aspiración para reelegirse el año próximo. Hacérsela difícil, por lo menos. Una teoría de mínima vinculada al titubeante y vapuleado “círculo rojo”, hoy dispuesto a encontrar otro candidato que lo suceda en el mismo sector lo restauró, menos conflictivo, algo así como una combativa Patricia Bullrich, quien ya ha proclamado su decisión de no jubilarse en el Senado. Una sospechosa y no querida ambigüedad: significa que aspira a competir por la Jefatura de la Capital Federal o a un casillero más importante. Queda uno solo, como todo el mundo sabe. Y la que más sabe, en ese aspecto, es Karina Milei, la guardia de corps de su hermano, el escudo y lanzallamas que lo protege. Como ocurrió durante toda la vida en esa familia. De ahí que muchos anticipan un pleito nuevo a esa interna inacabada y fértil entre ella y el insaciable Santiago Caputo.

Como si fuera un avance hacia un pacto social, también en la CGT –al margen de proponer paros generales para dentro de un mes o en el siglo próximo– persiguen alternativas a futuro como si el mundo no cambiara cada 15 minutos: en una de las últimas reuniones, alguien de la cúpula deslizó el nombre Dante Guebel como probable alternativa 2027, el predicador de Lanús que fascina a creyentes evangélicos en Miami y otros mercados, cumbre en la que la mayoría lo confundió a Guebel con un religioso brasileño que habla todas las noches por la tele. Hay otros, sin embargo, que persiguen anticipos más violentos, como el senador José Mayans, deseoso por presidir un impeachment contra Milei. Justo él que sirve a uno de los gobernadores consuetudinarios de la Argentina, Gildo Insfrán. Se abre el cartón de los candidatos, con Axel Kicillof recorriendo el país como antaño la provincia en un Clio, reaparece un tentativo como el exgobernador Sergio Uñac, Mauricio Macri ya no dice que no a la postulación cuando le preguntan y, por la moda de los outsiders como el millonario pastor, también incorporan al banquero Jorge Brito o a Miguel Galuccio (ex de YPF, dueño hoy de la exitosa petrolera Vista) mientras por razones de salud han descartado al primero que golpeó la puerta de Mercado Libre.