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Crimen de Morena: cómo acompañar a los chicos ante situaciones de miedo y violencia por la inseguridad

Las emociones deben poder ser expresadas, no se deben fingir sentimientos ni impostar comunicaciones. Hay que tratar de mantener el control, pero sin reprimir. Que los padres puedan también expresar emociones, llorar ayuda a que los niños/as entiendan que las emociones son humanas.

Morena Domínguez
Morena Domínguez. | Cedoc

El trágico suceso de Morena tiene varias aristas a considerar. Por un lado, asistimos a hechos de inseguridad y de violencia de forma cotidiana, la integridad física y el bienestar mental está permanentemente acechado por distintos sucesos. El ser humano necesita respuestas, certezas, explicaciones y en el caso de la muerte de Morena, niños y niñas y en este caso también compañeros de su escuela y allegados son más vulnerables aún.

Es esperable que los adultos traten de preservarlos y cuidarlos, pero también resulta imposible aislarlos de dramas y tragedias cotidianas, pues la realidad se cuela por las pantallas, por los televisores, por los dispositivos, convirtiéndose también el combo perfecto para que los comentarios y las vivencias de los propios adultos terminen aumentando el miedo, la ansiedad, la angustia y hasta el terror que pueden experimentar los niños, máxime cuando la situación es hasta incomprensible.

Por otro lado, hay que tener presente que el miedo es una de las siete emociones básicas que experimenta el ser humano y es común en la infancia, es parte del del desarrollo.

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El miedo es una emoción evolutiva y por esa condición, con el devenir del tiempo, no se les tiene miedo a las mismas cosas, situaciones, experiencias. Ante una situación peligrosa es esperable sentir miedo, y dentro del mundo infantil hay “miedos” esperables: la oscuridad, un animal, dormir, solo, un examen. Generalmente el miedo genera dos respuestas, quedar paralizados o bien huir, salir corriendo, ante el miedo se activan distintos mecanismos.

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Violencia y miedo: ¿Qué hacer y cómo hablar con los chicos?

El miedo es una emoción subjetiva, lo que resulta una amenaza para un niño/a no lo es para otro. Por eso lo importante es validar la emoción, que se la pueda expresar, jamás minimizar lo que los pequeños o adolescentes sienten pues está alertando, informando de que hay una situación de peligro, de estrés y es el momento para advertir con qué recursos se cuenta para enfrentar la situación o de qué manera resolverla.    

Es fundamental hablar respecto de lo sucedido. Violencia, fallecimientos, pérdidas, tragedias, catástrofes, son situaciones propias de la existencia y lamentablemente los niños/as hoy son testigos y víctimas directos.

La presencia de los adultos es primordial y necesaria para que empiecen a comprender y a tramitar que el mundo no es tan feliz como parece.

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Jamás se debe mentir, a veces en el afán por preservarlos y protegerlos se adulteran los hechos, por ende, se debe contar lo que sucedió y no se debe adicionar dramatismo ni detalles tenebrosos, pues el exceso de información obstaculiza el procesamiento. Se debe hablar con serenidad, estando tranquilo y con las palabras adecuadas para que comprendan la situación, nunca es recomendable exponerlo a experiencias que afecten sus sensibilidad.

Las emociones deben poder ser expresadas, no se deben fingir sentimientos ni impostar comunicaciones. Hay que tratar de mantener el control, pero sin reprimir. Que los padres puedan también expresar emociones, llorar ayuda a que los niños/as entiendan que las emociones son humanas.

Hay que generar preguntas que habiliten a expresar lo que sienten, para poder poner en palabras miedos, angustias, ansiedades. A veces es esperable que no encuentren las palabras para expresar el malestar, por eso el adulto debe hacerle saber que él también siente rabia, dolor, impotencia y propiciar la situación para que tal vez pueda ponerle nombre a la situación a partir de lo que el adulto transmite.

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Niños y adolescentes siempre necesitan despejar dudas y aquello a lo que los adultos no dan respuesta saldrán a buscarlas en otros espacios, por ende, es importante mostrarse abierto y receptivo a escuchar y dar respuestas a todos los interrogantes que surjan, ante la falta de respuesta lo recomendable es decirle “no sé, pero lo vamos a averiguar”.

Ante el trauma hay que estar atento a las conductas que se manifiestan en los días posteriores, no todos procesan y asimilan de la misma manera, ni en el mismo tiempo. Hay que detectar cambios de conducta, variaciones en el estado de ánimo, pues algunos entienden y superan de forma inmediata y otros realizan otros procesos.

Por último, así como hay lugar para la desesperanza, el dolor, la incertidumbre y el miedo haya paulatinamente lugar para la esperanza en la vida, si bien el ser humano se equivoca, tiene limitaciones y la muerte es un destino inexorable hay que enfocarse en proyectos y en la capacidad de superar adversidades y poder construir una vida.

Dra. en Psicología (MP 280 MN 79901)