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COLUMNISTAS / Opinión
domingo 30 septiembre, 2018

Cuál es el verdadero Macri

Saber cuál es el verdadero Macri viene siendo el dilema de todo tipo de analistas sin mucho éxito.

por Jorge Fontevecchia

Baile en EE.UU. y el FMI con bandera argentina. Foto: cedoc

Como la ideología no es un tema en el PRO, Macri pudo ir hacia el peronismo al aliarse con Francisco de Narváez y Felipe Solá en las elecciones que ganaron en la provincia de Buenos Aires en 2009 cuando aún no había prendido el antiperonismo que generó Cristina, como virar al opuesto y desde 2015 sus campañas ser antiperonistas. Lo mismo sucede con la economía: puede pasar del gradualismo homeopático de 2017 al déficit cero y emisión cero en la ortodoxia más severa en 2018.

Saber cuál es el verdadero Macri viene siendo el dilema de todo tipo de analistas sin mucho éxito. Ojalá el continuo aumento del dólar no sea resultado de que no se le creyó a Caputo o a Sturzenegger sino que ya no le crean a Macri. ¿Para qué sacó a Sturzenegger, un economista, y puso a Caputo, un trader, si finalmente vuelve a sacar a Caputo porque el Fondo Monetario Internacional quiere un economista?

La centralidad que el Gobierno le dio a un trader como Caputo es sorprendente. Hace pocos meses el jefe de Gabinete, Marcos Peña, dijo: “Toto Caputo es un orgullo para este gobierno y para el país que sea ministro (sic). Es una de las 10 o 15 personas más talentosas que existen en el mundo en el tema de finanzas (sic 2). Hecho y recontra hecho en el mundo jugaba en la Champions League y no en Aldosivi, deja todo para venir a jugársela por su país… lo tenemos que valorar todos, estamos en un país donde teníamos ministros que no podían sumar dos más dos (sic 3). La capacidad profesional y ética de Toto Caputo es un orgullo para la Argentina y así nos lo plantea cada persona del mundo con la que nos vinculamos”.

El continuo cambio de funcionarios y los ofrecimientos que son rechazados son síntoma de múltiples problemas

Solo lo explica la falta de experiencia en la administración pública y su confusión con la administración privada. Peor aún, con la financiera, porque cualquier empresa echaría al director de  Finanzas cuyo plan sea endeudarla sabiendo que en el momento en que se cierren los mercados (como la sequía, algo que ocurre cíclicamente en promedio cada cinco años) tendrá que hacer concurso de acreedores o entregar la conducción a un prestamista de última instancia que actuará como socio asumiendo el control.

Es toda una definición creer que era el Messi de las finanzas quien duplicó la deuda externa en 32 meses llevándola de  87 mil a 160 mil millones, a razón de 2.500 millones de dólares por mes y 100 millones por día hábil. Quien también devaluó 42% en 103 días en el Banco Central: de 28 pesos a 40 por dólar. Y aunque la responsabilidad sea de quien lo nombró, es también frívolo aceptar ir a presidir el Banco Central por solo cien días. ¿Dónde habrá quedado la demanda de independencia del Banco Central que le exigían al kirchnerismo y que el FMI recomienda?

Excluyendo los exabruptos, no es difícil identificarse con el dueño de una pyme que padeciendo las consecuencias de las crisis insultó a Caputo en un restaurante hace semanas diciéndole: “No robo a nadie, doy laburo, tengo 132 personas a las cuales les pago el sueldo y las cargas y vos sos una mierda, forro, pedazo de pelotudo. ¿Qué país querés? Decilo ahora así como lo digo yo, quiero un país libre, un país con perspectivas. Chancho, forro, burgués, no sé qué  decirte, yo tengo una empresa con 132 personas, estás fundiendo el país, pelotudo”.

En un punto tenía razón el dueño de la pyme: un mesadinerista nunca tuvo que pagar sueldos. Y si Caputo fuera Messi de algo, lo sería de las mesas de dinero. Creer que el Banco Central es como una gran mesa de dinero indica ignorancia y soberbia de los que lo nombraron porque quien no sabe de algo por lo menos sigue los usos y costumbres y nombra personas con antecedentes para el cargo. Caputo era uno de los secretarios del Ministerio de Hacienda conducido por Alfonso Prat-Gay, quien sí tenía credenciales en la administración pública. Y como sucede a menudo, las personas son ascendidas hasta su nivel de inoperancia y allí eyectadas.

Sobreactuando alegría al proponer amor entre los argentinos y Lagarde y efusivamente sacar a bailar a una funcionaria

Napoleón consumía por año la vida de cientos de miles de soldados franceses para sus campañas militares; es probable que Macri consuma prestigio de decenas de funcionarios a los que va sacando a la cancha y sacando del juego para su propia reinvención, con la excepción de los fundadores del PRO: Rodríguez Larreta, Vidal y Peña. Y el verdadero Macri no sea ni el ortodoxo actual, ni el gradualista anterior sino el que haciendo lo que venga mantiene su autoestima alta creyendo con optimismo en sí mismo y en el devenir.

Quizás ayude a entender su filosofía leer el reportaje que se publica hoy en PERFIL al principal referente de la psicología evolucionista y estrella mundial del optimismo científico, el profesor de las universidades de Harvard y MIT Steven Pinker, quien vino a la Argentina la semana previa a la anterior, almorzó con Macri y disertó en el CCK frente a la plana mayor de funcionarios de Cambiemos. El título del reportaje ya es un indicativo: “Los progresistas odian el progreso”, dice Pinker.

Tres semanas atrás PERFIL publicó un extenso reportaje al filósofo Slavoj Zizek,  quien representa lo opuesto a Pinker. Zizek tuvo solo en la web cerca de 300 mil lectores, lo que motivará que Perfil.com suba el video de las tres horas de ese reportaje con subtítulos en español. Intuyo que Pinker no despertará el mismo interés entre los lectores argentinos, a pesar de ser en Estados Unidos uno de los escritores sobre ciencias sociales más leídos y sus conferencias TED batan récords de audiencia.

Es probable que un país como la Argentina, golpeado por recurrentes crisis, se identifique mejor con la visión dramática del mundo de un ex yugoslavo hoy esloveno que con la optimista de un norteamericano. Y que ambas visiones no sean falsas y cada una tenga su parte de verdad.

La foto de Macri bailando en los Global Citizen Awards en Nueva York  mientras en la Argentina se producía su cuarto paro general refleja ese espíritu de la vida es bella en el que se mueve Macri. Lo mismo se podría decir de la estética de Christine Lagarde, a la derecha de Dujovne, hablando en español a los argentinos con la bandera nacional detrás. Postales de una visión del mundo que no es irreal pero en Argentina no es mayoritaria.

Y ojalá que el crédito del FMI no haya sido para que los bonos argentinos no entren en default, los compradores amigos tengan tiempo de sacárselos de encima y, después de haber terminado el G20, soltar la mano de Macri.


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