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Términos en boca de todos

Cultura es libertad

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Luisa Etxenike. Escritora nacida en San Sebastián. | cedoc

En estos días recordé una entrevista que hace unos años le hicieron a Luisa Etxenike, escritora nacida en San Sebastián, quien tuvo allí  una serie de reflexiones interesantísimas; entre ellas, la que eligieron en la redacción de eldiario.es para titular la nota: “La cultura no es una actividad del tiempo libre; es lo que nos hace libres todo el tiempo” y que me parece tan certera que quise traerla a esta columna.

En las últimas semanas fuimos testigos de discursos o debates en los que la palabra libertad, muchas veces, fue bastardeada y en los que la palabra cultura casi no fue mencionada, como si no fuese indispensable el acceso a ella para ser realmente libres. Es por ello que siento la obligación de exponer algunos datos, e ideas, de cara a un futuro que aparenta ser sombrío en varios aspectos.

Pequeños triunfos, grandes broncas

Quiero comenzar con algo que mencioné con anterioridad en estas páginas, que grafican el peso del sector cultural en nuestras vidas. En términos de convivencia o materiales, su presencia es decisiva. Si sólo observamos lo que sucede en la Ciudad de Buenos Aires, según datos oficiales, tenemos que afirmar que siete de cada diez personas consideran a la cultura fundamental para su bienestar, para el encuentro y el diálogo con otros. A eso, sumémosle la participación de puestos de trabajo privados del sector cultural del 7,7 por ciento, casi el mismo que el sector hotelero (turismo) y gastronómico juntos (8,1%).

Es importante subrayar la articulación entre cultura y calidad de vida, generación de empleo e igualdad. El entramado de relaciones humanas que se produce, por ejemplo, asistiendo a una obra de teatro es probablemente aplicable a otras actividades productivas, pero quizás sólo a ésta podemos agregarle su enorme valor emocional. Desde el momento en que alguien se hace de un ticket se activa una sucesión de situaciones y sentimientos, que avanzan en paralelo con la generación de empleos que van desde actores, técnicos, acomodadores, productores, colectiveros o taxistas que conectarán espacios culturales y hogares, y/o gastronómicos que presenciarán reflexiones después del aplauso final. Cada entrada es un mundo.

A su vez, la cultura es el sector en el que más jóvenes trabajan en términos comparativos, aportando cerca de seis puntos al producto bruto interno y empleando a más de doscientas mil personas. Por eso, hay que apostar más que nunca a programas como “Residencias Culturales”, que tienen como objetivo que diversos proyectos artísticos cuenten con un espacio para la investigación y el desarrollo de proyectos creativos. Este formato promueve la generación de trabajo, brindando las condiciones necesarias para el proceso de creación y la formación cultural, habilitando un tiempo, espacio y clima intersubjetivo, sinérgico y de conocimiento artístico.

Nosotros, la cultura y El Cultural

En Buenos Aires, hay que hacerlo privilegiando la zona sur, buscando revertir una distribución marcadamente inequitativa en la asignación, inversión, oferta y en el consumo, si trazamos una comparación con la zona norte de la Ciudad. Esa desigualdad estructural tiene su correlato en el mundo de la oferta y el consumo, y es completamente aplicable a todo el territorio nacional, donde la falta de oportunidades para los más necesitados no distingue suelos.

Si nos centramos en la promoción del consumo de expresiones artísticas, hay que extender los beneficios del “Pase Cultural” a los adultos mayores, que hoy sólo comprende a los más jóvenes. Además, debemos incluir y sumar mecanismos de fidelización y bonificaciones que permitan que un mayor consumo se vea reflejado en más beneficios.

La cultura puede reactivar áreas dormidas de una ciudad, como podría ser nuestra peatonal Lavalle. También nos hace activos y lúcidos, abiertos a la discusión respetuosa y a fortalecer vínculos. Lo antes expresado, puede parecer solamente números y un par de propuestas, que hablan más o menos de lo mismo. Alguien podría verlo de este modo. Alguien que aún así, vive en un contexto donde la cultura es, objetivamente, parte de un círculo virtuoso en el que conviven las ideas, la producción, la calidad de vida y la posibilidad de igualar para arriba en términos espirituales y socioeconómicos a todos.

En definitiva, acceder a la cultura es caminar hacia la libertad. ¿Quién podría estar en contra de que el Estado lo garantice y lo fomente?

*Director del Centro Cultural San Martín.