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Relato

Discutir hacia dónde vamos

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Inédito. Se fijó un plazo de 35 años para que se experimenten las mejoras. No hay antecedentes. | cedoc

Cuando asumen los gobiernos, tratan de imponer un relato, una visión de las cosas que les permita mantener el apoyo que obtuvieron en las urnas y conseguir nuevos fieles. Para que el relato se haga carne se necesita que cuente una historia que le dé sentido al presente y, a su vez, pueda construir un puente hacia el futuro. En todo relato, la historia está presente. Podríamos decir que es la reconstrucción de la historia lo que hace creíble al relato. Aunque los datos sobre lo histórico sean falsos o estén deformados. Se necesita finalmente dar una respuesta a por qué el mito de origen de la sociedad se frustró. Hay bastante acuerdo de que el mito de origen de Argentina es de la riqueza. Según este, seríamos diferentes, tendríamos riquezas naturales y recursos humanos diferenciales que nos permitirían tener un futuro de grandeza.

Claro que como ello no ocurre, la respuesta  termina siendo que hay un tercero culpable de la frustración. Esta estructura discursiva se ha repetido en forma permanente en el discurso político argentino. Cada nuevo gobernante al asumir lo dice, sea progresista, liberal, de centro. El presidente Milei lo encarna con toda claridad. Su relato básico es: “Fuimos ricos hace 100 años, teníamos un futuro de grandeza, pero el colectivismo que gobernó todos esos años y la casta nos lo quitaron”.

No hay allí  novedad en la estructura del relato. Riqueza pasada, pobreza actual, un otro culpable. La novedad reside en el momento en que el mito se concreta: “35 años”. No recuerdo si alguien se atrevió a tanto. Este relato, en un sector de su electorado, ha hecho carne. Alcanza para ello mirar un poco las redes sociales. Pero el Presidente tiene un problema de corto plazo por resolver que se llama inflación.

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Otra vez vamos por todo

Por ahora su electorado le echa la culpa de esta al gobierno de anterior, y cree, a su vez, que el plan de Milei tiene el potencial para bajarla fuertemente. Sufrir hoy para disfrutar mañana. Milei parece haber aprendido de los errores de Macri. No solo en que este no habló de la herencia, sino en no decir que la inflación se resuelve fácilmente, y que debían juzgarlo por conseguir o no pobreza.

En lo social, Milei tiene la ventaja de que su modo de contar las cosas es creíble para gran parte de su electorado. Que la culpa del sinceramiento de precios es un costo que paga la sociedad por culpa del plan platita. Hay una segunda ventaja que tiene. Una oposición sin liderazgo y sin una estructura discursiva creíble. Allí vemos discursos defensivos carentes de propuesta alternativa.  

Están quienes, disgustados con parte de los contenidos del DNU y proyecto de ley enviados, se han atado a las formas. Dicen estar de acuerdo con gran parte del paquete de leyes, quisieran poder discutir algunos puntos, pero el rechazo es a la delegación de poderes. El temor a mostrarse en desacuerdo con el Gobierno es superior a decir con claridad que se rechaza. Esto es lo que se le escucha al radicalismo, a algún bloque de diputados sin identidad política clara y al peronismo de centro. En el caso de Unión por la Patria, los problemas son mayúsculos.  Están obligados a rechazar no solo las formas, sino también la orientación general del Gobierno. Pero carecen de un discurso creíble hacia la sociedad. Es lógico que ello suceda. No logró hacia su interior clarificar las razones profundas del fracaso en la gestión de gobierno ni por qué no encontró el tono y la organización adecuada de campaña, ni la carencia de  dirigentes que tengan empatía con sectores independientes de la sociedad.

Es la Justicia, entonces, en la que termina cayendo la responsabilidad institucional de un momento tan delicado. Como dijo Cachanosky, “un país no se hace liberal por un decreto de necesidad y urgencia”. Y esa es la verdadera discusión. Cuál será la orientación general de la Nación en los próximos años.

 

*Consultor y analista político.