COLUMNISTAS
Humor social

Disoptimismo

La confianza económica sigue cayendo, pero el desgaste no se traduce aún en una ruptura política con Milei ni en una alternativa consolidada.

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Persona non grata III. | Pablo Temes

Disoptimismo es una mezcla de descontento o desilusión con optimismo. Es un término que acuñó la empresa de publicidad VML al referirse al estado de ánimo de la población latinoamericana. “Se utiliza para describir un estado social y emocional en el que las personas mantienen expectativas positivas o deseos de progreso, pero al mismo tiempo sienten incertidumbre, agotamiento o desconfianza frente al contexto económico”, explican. En el caso particular de los argentinos, lejos de paralizarse frente a la crisis, parecen haber convertido la adaptación permanente en un rasgo estructural de comportamiento. “Incluso en un escenario donde los niveles de optimismo son más moderados frente a otros mercados, los argentinos siguen encontrando formas de reinventar su consumo, priorizando el bienestar emocional, los pequeños placeres y la creatividad como respuesta”, agrega el informe de dicha agencia.

Este aporte nos ayuda a comprender mejor el humor social, más allá de la política, ubicándonos out of the box. Los párrafos citados son un buen parámetro para aquellos que se interrogan por qué, a pesar de una economía de calle que no levanta y un ajuste profundo y prolongado, con “el revolver en la cabeza”, el león libertario hoy podría volver a ganar la elección presidencial. Este período presidencial implicó una vuelta de página de la que la mayoría no querría desistir. Una nueva incertidumbre genera más miedos que el permanecer en este estado de balance negativo frente a la gestión Milei, según la mayoría de la población. Y además, “si no estoy bien, no quiero sentir que estoy tan mal”.

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En este sentido, es interesante bucear en el último informe del Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella. Hubo una caída por sexto mes consecutivo, racha que empezó en diciembre, solo un mes después de la elección de medio término, además de llegar a su registro promedio más bajo en la etapa Milei. Es decir, más allá de la foto, la tendencia es negativa. Sin embargo, no todo es desfavorable para el oficialismo. Primero, la baja en mayo –1,6 %– es mucho menor que la de abril –12.1 %, lo cual amortiguó el proceso. En segundo término, la evaluación general del gobierno creció un 3 %, aunque eso implica un descenso del 25 % en ese aspecto respecto a diciembre. Por otro lado, el indicador peor evaluado continúa siendo “preocupación por el interés general”, lo cual denota falta de sensibilidad frente a temas relevantes (por ejemplo, el debate sobre el presupuesto universitario). Conclusión: el retroceso parece haber tocado un piso, fruto de que hay un núcleo duro –35%?– que no soltaría la mano al Javo pese a todos los dolores de cabeza que tuvo en los últimos 3 meses.

Esta semana el oficialismo volvió a insistir en un tema que desarrollamos en la columna del domingo anterior: la disonancia entre percepción y realidad. Toto hizo gala una vez más de estadísticas objetivamente favorables en materia de ordenamiento macroeconómico, y manifestó que no creía que la mayoría no fuese a apoyar semejante bonanza. A la par del presidente, insistió en destacar que, en todo caso, el problema son los medios. La semana financiera terminó de darle la razón: el nivel más bajo de riesgo país desde que asumió Milei, recuperación bursátil, compra de dólares récord, anuncios de nuevas inversiones, casi confirmación de una nueva baja en la inflación, etc. Pero abril no habría sido un buen mes para la industria y el consumo, pese a la recuperación de marzo, y mayo habría sido pésimo para la venta de automóviles. Una de cal y una de arena no despiertan el optimismo ciudadano.

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En esa materia, el oficialismo parece haber despertado y mandó una señal de refinanciamiento a los morosos, lo cual preocupa no solo a los bancos y las fintechs, sino también al FMI. Después de 80 días de estar a la defensiva, tomó una medida a favor del segmento de menores ingresos, aunque eso contradijo declaraciones de las últimas semanas. Al mismo tiempo, hubo dos momentos discursivos de Javier Gerardo que mostraron realismo y apaciguamiento:

1) Reconoció que lo van a reelegir si hace buena gestión (ya no si lo comparan con el kirchnerismo)

2) La baja de la inflación por sí sola no alcanza para que haya crecimiento (reconociendo que el parámetro de juzgamiento cambió poselecciones, como lo señalamos en esta columna varias veces pos-octubre). ¡Muy bien 10! Ahora la cuestión es:

a.- ¿Mantendrá esa línea en el tiempo?

b.- ¿Lo habrá asumido como giro estratégico en la gestión, o es solo espasmo por el deterioro en la opinión pública?

Seis meses de caída consecutiva en el ICG Di Tella terminaron por activar reacciones del amplio arco de los que no son violetas. Macri se asoma cada vez más a la orilla del río porque parece que hay pique. Patricia pagó su afán autonomista quedándose sin silla en dos eventos donde estaba su –por ahora– jefe político. El entorno Kicillof confirma que aceptaría una primaria con candidatos de otros espacios peronistas no kirchneristas y progresistas para alumbrar una opción moderada y, si él gana, no sufrir el síndrome Alberto como “el candidato que puso Cristina”. A todo eso le falta una eternidad para que haya masa crítica, pero los cocineros ya están amasando. En tanto y en cuanto no se visualice un cambio de clima de calle, la creatividad política estará a full. ¿Hará esa entente opositora como la Alianza UCR-Frepaso en 1997 cuando arrancó diciendo que no iban a discutir los fundamentals de las menemnomics? Por las dudas, el ocurrente Aníbal Fernández empezó a preparar el terreno hace unos días.

El gobierno libertario está teniendo una frazada política corta. Si blande el riesgo “kuka” para ganar la elección, los inversores de afuera no vienen. Y si dice “vengan porque no vuelven más”, entonces pierde la herramienta de agitar el miedo y el escenario se vuelve automáticamente moderado, ya no tan polarizado. Por eso, por estas horas está deshojando varias margaritas estratégicas respecto a qué hacer de cara al año que viene.