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COLUMNISTAS / PANORAMA / INTERNAS
domingo 23 diciembre, 2018

El joven Frankenstein

Tanto la Corte Suprema como el kirchnerismo de Buenos Aires ocultan a sus propios monstruos.

por Daniel Bilotta

‘CRIA CUERVOS...’ ANDRES LARROQUE Foto: DIBUJO: PABLO TEMES
domingo 23 diciembre, 2018

Solo si se acepta la tendencia a la entropía de las dirigencias, es posible percibir la sorprendente empatía de La Cámpora y la Suprema Corte. En la estrategia para defender a uno de sus máximos exponentes de un supuesto intento de abuso y  con el excepcional modelo de gestión resuelto por el más alto tribunal, la urgencia de darles prioridad a los equilibrios internos de sus cúpulas prevalece sobre el interés de la ciudadanía al que deberían reflejar con sus acciones.

Ese desentendimiento de otra realidad que no sea la propia es casi un rasgo constitutivo de la cultura con impacto decisivo en el universo de los inversores internacionales, donde se desconfía que para modificarla alcance con la voluntad del gobierno de Mauricio Macri.  Es el valor representativo de estos casos como ejemplo de esa larga tradición. Y otra forma de ver el riesgo país y la inseguridad jurídica: una derivación del retraso para una apertura racional al mundo.

Parece improbable que Juan Carlos Maqueda, Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti desconocieran ese efecto con la limitación al mínimo de las atribuciones de Carlos Rosenkrantz en la presidencia de la Corte.

El de Rosatti es el caso que llama la atención.  Su designación fue impulsada por Cambiemos con recomendación de Elisa Carrió. Rosatti no renunció a la aspiración de presidir la Corte, que mantiene intacta desde que Rosenkrantz ocupa el cargo.

Que la experiencia de 1961 sea el antecedente para socializar la conducción del cuerpo es una alambicada ironía. Ocurrió en el tramo final del tambaleante gobierno de Arturo Frondizi. A su figura apela el círculo rojo para ensañarse con Macri por la supuesta promesa incumplida de emularlo. Sin embargo, no es la única. Se señala a Lorenzetti como el mentor de ponerle fin al personalismo que ejerció cuando fue su turno.

Jorge “el Loco” Romero le debe la notoriedad reciente al estar incluido entre denuncias periodísticas y versiones en las redes contra dirigentes de La Cámpora por aparentes casos de abusos de mujeres que llegan en un momento de inflexión para la agrupación alineada incondicionalmente con Cristina Fernández de Kirchner. Máximo pretende remozarla con una renovación de autoridades.

Cuervo. O, por lo menos, la exclusión de Andrés “el Cuervo” Larroque, a cargo de la provincia de Buenos Aires, por la que el hijo de la ex presidenta será reelegido diputado nacional. A Larroque se lo acusa de expresar las posiciones más rígidas sobre la convivencia institucional. Con la llegada de Wado De Pedro al Consejo de la Magistratura de la Nación y Juliana Di Tullio al directorio del Bapro, Cristina procura adelantar un cambio de imagen del kirchnerismo que no es fácil disociar de una candidatura presidencial.

Lo mismo que Máximo, De Pedro y Mayra Mendoza, Larroque precisa renovar su banca en 2019. Objetivo en riesgo si María Eugenia Vidal desdoblara las elecciones de gobernador y presidente. Dependerían para eso mucho más de los intendentes que de Cristina. Romero es miembro fundacional de La Cámpora, reporta directamente a Larroque y es el dirigente más importante en territorio bonaerense después de él.

Accedió a la banca de senador provincial con la renuncia de Noemí Sierra, elegida diputada nacional en 2017. Sierra es la esposa del intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi. Máximo quiere a  Facundo Tignanelli en los roles de Larroque y  Romero. El diputado provincial negoció por Unidad Ciudadana el Presupuesto y la autorización de tomar deuda al gobierno bonaerense. Tignanelli pertenece al espacio de Larroque.

Lo mismo que su antigua asistente, Lucía Porto, compañera de bancada con Tignanelli.  Porto es asesorada por la locuaz abogada de la actriz Thelma Fardin en la denuncia contra Juan Darthés, Sabrina Cartabia. Una virtud para la oratoria y la literatura en la que nunca se destacó Romero. De allí la sorpresa para Máximo con el escrito publicado en Facebook por el senador provincial con el presunto aval de Larroque. ¿Lo habrá auxiliado Cartabia?

Es una especulación del hermético debate que inquieta a Cambiemos en el Senado bonaerense. El jefe de bloque, Roberto Costa, negoció con su par de Unidad Ciudadana, Teresa García, el pedido de licencia sin goce de sueldo que todavía no hizo efectivo Romero. Es la salida imaginada ante la ausencia de denuncias judiciales, policiales o actuación de oficio de algún fiscal en un caso con pocas pruebas materiales hasta ahora, como le confirmó anteayer Gustavo Ferrari a Federico Salvai.

Loco. El ministro de Justicia rastreó y no halló en el Poder Judicial antecedentes de esas características contra Romero. Hasta que esté esclarecido el asunto, la licencia es la medida que el jefe del Gabinete conversó con el vicegobernador Daniel Salvador. Si se activase, debería haber una sesión extraordinaria que la confirme y disponga la asunción de su suplente, Graciela Gianettassio, ligada a Julio Pereyra.

El ex intendente de Florencio Varela preside el bloque de diputados de los intendentes del PJ.

Los Kirchner y La Cámpora lo repudian por la participación de Gabriel Favale en el asesinato del estudiante Mariano Ferreyra que asocian a la muerte de Néstor Kirchner, el 27 de octubre de 2010. Desde entonces y mientras fue presidenta, Cristina prohibió su ingreso a la Casa de Gobierno. Favale pertenecía a la barra de Defensa y Justicia, vinculada a Pereyra.  

Con Gianetassio, la bancada de los intendentes tendría cinco miembros en el Senado. Solo el desdoblamiento electoral que inquieta a Martín Insaurralde podría ponerlo en crisis.  

Con ellos y sus 29 delegados, Cambiemos tendría garantizada la mayoría especial de dos tercios en esa Cámara. Al intendente de Lomas de Zamora lo desvela que Vidal adopte esa medida. Debería competir electoralmente contra ella y sin Cristina.

El último ensayo de Rosatti es revelador de todo lo que pondrían en juego los que  adhieren a la entropía política. En Frankenstein o el rechazo a lo diferente postula que “el monstruo siempre será un espejo que refleja no solo lo que se ve. También lo que no se percibe a simple vista. Lo que está escondido dentro de nosotros”.


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