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El llanto de De Loredo, las “putitas” de Milei, su autoboicot y la venganza de Scioli

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Desazón. Del presidente del bloque radical. | cedoc

La decisión de Javier Milei de retirar de la votación el proyecto de ley ómnibus fue cargada de sentido por los distintos analistas en la búsqueda de encontrarle explicación a un acto que resulta autodestructivo. Desde aquellos que simpatizan con LLA, los justificativos giraban en torno de que Milei no precisa la ley ómnibus para avanzar en su plan económico ya que el primer año está dedicado a estabilizar la macroeconomía y las “Bases” son para el crecimiento futuro (algo que contradice el propio nombre: Bases y “puntos de partida”), y que la propuso sabiendo que no sería aprobada por el Congreso para dejar en evidencia –y saber él mismo– quiénes son y serán aliados del Gobierno y quiénes no. Es la propia versión de Milei mostrándose siempre un paso adelante la que a veces recuerda el “estamos ganando” del general Galtieri en la Guerra de Malvinas. En síntesis: quienes no son libertarios y sus aliados más cercanos no pueden ver el triunfo porque, en sentido amplio, “no la ven”.

Si realmente hicieron que la ley fracasara en el Congreso “a propósito”, no mensuraron el costo para el país y para el propio éxito económico del Gobierno, como lo demuestra la baja de los títulos y acciones argentinos al conocerse la noticia.

La gobernabilidad, a Milei, en lugar de aportársela Macri, ¿la aportaría Scioli con el peronismo?

Es falaz que la ley con las correcciones de Diputados no hubiera contribuido a consumar muchos cambios importantes, de la misma forma que la aprobación parcial del llamado “paquete fiscal” de la ley ómnibus al que estaban predispuestos los diputados y gobernadores también hubiera contribuido. Ese primer retiro de la votación de parte de la ley ómnibus preanunció el modo kamikaze de Milei, que terminó retirando de la votación la ley completa. 

En línea con la hipótesis de que el Gobierno no quería que su ley se aprobase está la temprana declaración del diputado Nicolás Massot del bloque que, entre otros, tiene integrantes del PRO y conduce Miguel Ángel Pichetto, quien hace diez días anticipó: “El Gobierno no tiene ningún interés en esta ley, lo único que quiere es construir un enemigo” y más recientemente, en otra de sus predicciones, conjeturó: “La dolarización puede terminar planteándose en la Argentina como consecuencia del eventual fracaso de este plan económico”, invirtiendo el orden del célebre texto de Freud Los que fracasan al triunfar, en este caso sería el que triunfa al fracasar.

De existir un autoboicot de Javier Milei y que los traspiés no fueran solo fruto de la inexperiencia y la falta de preparación o aptitud para el cargo, este podría ser consciente, respondiendo a una estrategia acertada o errada; o inconsciente, deseando algo distinto al éxito clásico de un político, siempre asociado a una gestión fructífera aprobada por los votantes en su reelección. La irracionalidad es insondable a priori, podría no querer lo que cree desear, podría tener deseos patológicos reprimidos y hasta desear una vida como expresidente alejada de la política, donde el mantenimiento intransigente de sus ideas sea más importante que la evolución exitosa de su gestión, para lo cual, parafraseando a John Locke en 1609: “Si la realidad no coincide con mis palabras, peor para la realidad”.

Concentrémonos entonces en analizar la posibilidad de que haya una racionalidad en el comportamiento de Javier Milei y que el costo reputacional y económico que está pagando ahora sea una inversión para un rédito mayor en el futuro, por ejemplo en las elecciones legislativas del año próximo –asumiendo que llegase competitivo–, donde el argumento de campaña sea “Milei precisa más diputados que lo defiendan en el Congreso”.

Elegir a los gobernadores como adversarios si luego fuera para negociar con ellos podría ser funcional a la necesidad de conseguir que los diputados que faltan a la alianza entre La Libertad Avanza y el PRO se los “vendan” a cambio de dinero para sus provincias aquellos gobernadores que no puedan sobrevivir sin aportes de la Nación, para lo cual primero habría que ahogarlos.

Llamar “putitas” a los diputados radicales, más allá de la grosería cruzando ya todo límite de ofensas posibles, resulta contradictorio con lo anterior pero podría tener como estrategia querer dividir explícita y definitivamente al ya dividido tácitamente Juntos por el Cambio, para absorber formalmente al PRO en una nueva coalición. Allí emerge el dilema sobre quién será el primus inter pares, si como le asignan suponer a Macri un Milei agobiado y cansado cederá frente a él, o como cree Milei sucederá a la inversa y el PRO se subsumirá bajo su liderazgo.

Muchos le asignan a Daniel Scioli un papel central en la liga anti-Macri dentro de la propia interna de LLA, donde el ministro del Interior, Guillermo Francos, sería el principal agente. Se le asigna a Francos la alianza con Scioli para enfrentar a Macri y traer más peronistas, como los tucumanos que votaron a favor de la ley ómnibus. Paradojas del destino en los conflictos de Mauricio Macri: hay mucha similitud entre el nombre de su padre, Franco, y el apellido del ministro del Interior, Francos.

El llanto del presidente del bloque radical en Diputados, Rodrigo de Loredo, resume la impotencia y el maltrato que recibe todo sector que se coloca alejado de los extremos y termina siendo vapuleado tanto o más que lo que se agreden entre sí ambos extremos. Le pasó a Horacio Rodríguez Larreta, que fue blanco de mayores agresiones por parte de Milei que los kirchneristas. Le pasa ahora, absorto, a Rodrigo de Loredo. Es que el opuesto del libertario no es el kirchnerismo sino el medio, la moderación. La búsqueda de consensos es igualmente despreciada por el kirchnerismo y Milei, quienes consideran que “a los tibios los vomita Dios”.

El escenario va hacia una nueva polarización y pueden recrearse diferentes formas de escisión. Una típica izquierda-derecha como la de 2002, donde radicales (alfonsinistas) y peronistas (duhaldistas) se aliaron contra el menemismo/cavallismo, teniendo como significante la convertibilidad (dolarización light) versus keynesianos, que hoy representaría gran parte del radicalismo, el socialismo, la Coalición Cívica y el panperonismo por un lado, versus La Libertad Avanza, el PRO y algunos aliados tácticos no ideológicos. 

La venganza podría ser de Scioli contra Macri y el peronismo, que le hizo bajar su candidatura

Pero también puede recrearse una transversalidad transideológica gracias a los buenos oficios de Daniel Scioli, donde LLA más el PRO puedan sumar a una parte significativa del peronismo no kirchnerista dejando al progresismo en minoría. Así como Miguel Ángel Pichetto respondió a quien lo acusaba de traicionar al peronismo diciendo “prefiero la traición a la insignificancia” y agregó “un héroe es un traidor que ha tenido éxito”, Scioli podría hacer propias esas palabras.

Pero todas estas elucubraciones tendrían algún valor si es que hubiera racionalidad en las acciones de Milei, como bien siempre repite Gustavo González en sus columnas, “haciendo de cuenta que todo esto es normal”, cuando desconfiamos seriamente de que así lo sea. Y como también dice González, mientras todos esperamos ver qué cara le pone el Papa a Milei el próximo lunes.