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El panajedrez de Xul Solar y de Alberto

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El ajedrez, sin entrar en complejidades, es un juego organizado en torno a un tablero con 16 piezas móviles por bando (blancas y negras): el rey, una dama, dos alfiles, dos caballos, dos torres y ocho peones. El objetivo es que se rinda el rey oponente, cercándolo y privándolo de movimientos.

Se lo conoce como un deporte y también como el “juego ciencia”, por las ingeniosas variantes de su desarrollo que requieren una meditada estrategia.

Cada pieza tiene sus propios movimientos, las torres se mueven en rectas horizontales o verticales, los alfiles en diagonal, los caballos en saltos con forma de “L”. Los peones son la primera línea de la batalla y avanzan lento, la dama es la que cuenta con mayor libertad de desplazamiento sobre la tabla y el rey, en sus cortos pasos en cualquier dirección, es la pieza vital, ya que sin él se acaba el juego. Cualquier otra pieza puede ser “comida”, “capturada” o “tomada”, y la toma del rey implica el fin de la partida.

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Jorge Luis Borges cuenta que su amigo el artista Xul Solar inventó el “panajedrez”, un ajedrez aún más intrincado y existencial, en el que, cuando una pieza toma o captura a otra, adquiere los poderes de la derrotada, además de los propios.

Jugar al panajedrez con Xul Solar derivaba en una práctica imposible, pues el propio Xul reinventaba las reglas a la par del desarrollo de la partida y ya no se sabía si lo hacía por conveniencia ganadora o bien en otro destello de genialidad fecunda.

Alberto Fernández ya está gobernando, y como en el tablero de ajedrez, ha desplegado sus ministros, colaboradores y funcionarios. Se apartó de las tradicionales piezas y eligió 21 ministros/as para tratar de equilibrar una orquesta que contenga a todos los músicos e instrumentos que lo llevaron al poder. También hay 84 secretarías y unas cuantas oficinas, como la de Anticorrupción, con rango ministerial.

El campo del Estado parece pasar a tener más nobles que peones, mientras que fuera de los márgenes del tablero, por 180 días, algunas piezas aguardan saber si serán “devoradas” por la “ley de solidaridad” o ver si pueden entrar al juego.

No es una novedad decir que en el grupo de apoyo de Fernández figuran propios, kirchneristas, massistas, peronistas de otros tiempos y alguno nuevo. Se dejó de lado gente de los gobernadores del PJ no kirchnerista y varias líneas sindicales.

Una incógnita en el desarrollo de este juego la constituyen los gobiernos provinciales de signo peronista pero en cuyos territorios, en las elecciones nacionales, se impuso Cambiemos. Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, San Luis, a las que habría que agregar San Juan, ¿formarán parte del tablero oficial?

Los argentinos que en mayor o menor medida nos interesamos por los vaivenes de la política caemos en el obvio comentario de que la coalición gobernante camina en un delicado equilibrio de sus distintos componentes. Varias de las cajas pertenecen a La Cámpora y afines, con importantes presupuestos y segundas líneas que todo lo pueden monitorear.

El ajedrez es un juego milenario, es monárquico y, visto en términos actuales, machista. El rey es la clave, el único imprescindible.

Pero así como Xul Solar, en su ensueño artístico y creativo, pudo modificar sus reglas, en el tablero del ajedrez argentino, por seguidores, por votos, es la dama la que puede tener algo diferente para decir. Nos resta saber qué iremos haciendo el resto de las piezas. Al fin y al cabo, fuera de toda metáfora, esto no es un juego.

 

*Secretario general de la Asociación del Personal de los Organismos de Control (APOC) y secretario general de la Organización de Trabajadores Radicales (OTR Capital).