COLUMNISTAS
Diálogo y contradicciones

¿El periodismo explica la palabra presidencial?

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Milei. Se confiesa hombre religioso, pero ni el judaísmo ni el cristianismo predican el odio al prójimo. | NA

Frente a los hechos que se suceden con velocidad voraz, con incertidumbre constante, con aumento atroz de la pobreza, con inflación que apenas baja, con comedores sin comida y desesperación de la gente que tiene que pagar la mitad de su sueldo en transporte para ir a trabajar, el periodismo y los analistas tratan de explicar lo inexplicable: la palabra presidencial.

La verdadera democracia se basa en el diálogo. Si no hay diálogo respetuoso y atento para escuchar a quienes piensan diferente, esto se vuelve otra cosa que no es democracia. En este texto, repasamos, intencionalmente, opiniones de periodistas que trabajan en medios no opositores.

El lunes 19 de febrero, en el programa de Jonathan Viale en TN, Jorge Lanata sorprendió al decir que no entendía qué estaba haciendo Milei con la economía. Las contradicciones en el discurso del Presidente confunden a muchísimas personas, empezando por su propio entorno.

El domingo 18, en La Nación, Jorge Liotti se esforzaba para encontrar sentido en la incertidumbre. Para el periodista, el primer mandatario gana la batalla discursiva, pero pierde en la gestión de gobierno. La pregunta es: ¿la gana?, ¿de qué modo?

Enumerar “traidores” en las redes sociales, acusar al Estado y al Congreso de delincuentes o “nido de ratas” (recordemos que el Presidente fue diputado y, aunque casi no asistió al Congreso, sí votó con entusiasmo la ley que quitó el impuesto a las ganancias y que ahora quiere derogar). Asimismo, Milei es el jefe del Estado al que llama criminal.

En el texto de Liotti se lee: “’Nosotros estamos en una situación fiscal mejor y las provincias están peor. La urgencia ahora es de ellos’, sintetizan en la Casa Rosada”. Pensar que las provincias son “ellos” y que el gobierno nacional es “nosotros” es de un desconocimiento enorme de que nuestra república es federal (puede leerse en la Constitución de 1853 –que es la que el Presidente eligió reconocer–).

El sábado 17, Nelson Castro, en El corresponsal, habló sobre el discurso polarizado y extremo de Milei, quien usa la lógica de amigo-enemigo y para quien son solo buenas personas los que coinciden con él. Castro recordó que Cristina empleó esa polarización y que le dio malos resultados. Terminó su editorial repitiendo varias veces: “Presidente, nosotros necesitamos que le vaya bien”.

El 26 de febrero, Claudio Jacquelin en La Nación en “La escalada sin fin”, refiriéndose al conflicto con Chubut, afirmó: “La nueva catarata de críticas y ninguneos que Milei le dedicó a Torres desde EE.UU. por la red social X y en una entrevista con LN+, hacía presumir a los funcionarios de Chubut que no habría negociaciones inmediatas. No estarían equivocados”.

Ese mismo día, en Infobae, se anunció que los gobernadores de Río Negro y Neuquén respaldaron a Chubut, pero que señalaron que el diálogo es el camino. El 27, en el mismo diario, Mariano Casal habla de que los gobernadores “propusieron una tregua” al Presidente y evitar que cada cuestión termine en la Justicia (recordemos que la Justicia Federal dio la razón al gobernador de Chubut).

El señor presidente –en especial porque se confiesa hombre religioso y porque ni el judaísmo ni el cristianismo predican el odio al prójimo– debería tener presente que él tiene una responsabilidad comunicativa. En inglés, se usa el concepto de “accountability” para referirse a la responsabilidad que tienen los funcionarios para responder por sus actos públicos. Creemos que hay una “accountabilty” o responsabilidad en comunicación política y gubernamental. Somos responsables de nuestras palabras. El Presidente, primero que nadie.

Vivimos día a día con paros, aumentos de precios y conflictos generados por la ineficacia comunicativa del gobierno nacional. La motosierra debe reemplazarse por el diálogo respetuoso, porque la verdadera libertad consiste en aceptar al que piensa distinto. El Presidente no es ya el alentador de sus seguidores: es el presidente de todos los argentinos. Definitivamente, en este contexto extremo, el periodismo no puede explicar qué sucede.

* Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral.