LONDRES – Cuando The Economist y Merriam-Webster anunciaron slop (basura) como la palabra del año, Satya Nadella, de Microsoft, se quejó, pero pocos se sorprendieron. Los últimos 18 meses se han caracterizado por un flujo incesante de basura que pudre el cerebro, basura política, basura fraudulenta y, sobre todo, basura pornográfica. Estimaciones recientes sugieren que la IA Grok de Elon Musk publica una imagen pornográfica no consentida de una mujer por minuto en la plataforma de redes sociales X (antes Twitter).
No hace mucho, las empresas de redes sociales se promocionaban como herramientas para conectar con personas reales y mantenerse al día con las noticias. Hace tiempo que abandonaron esa promesa. Tras desvincular sus plataformas de la realidad, magnates tecnológicos como el fundador de Meta, Mark Zuckerberg, y el propietario de X, Elon Musk, ejercen ahora un control casi monopólico sobre nuestras pantallas. Utilizan ese poder para alimentar a los usuarios con una dieta constante de basura manipuladora, peligrosa y totalmente ilegal generada por IA. Grok ha producido imágenes de abuso sexual de niños de tan solo cuatro años.
Afortunadamente, tras años de inacción, los reguladores están tomando cartas en el asunto. La Unión Europea acaba de abrir una investigación sobre la difusión de material de abuso sexual infantil en Grok. Esto sigue a su primera medida coercitiva en diciembre, cuando multó a X con 120 millones de euros (140 millones de dólares) en virtud de la Ley de Servicios Digitales (DSA). Si bien esto apenas afecta a la fortuna gigantesca de Musk, la multa no es lo importante. Más importante aún es lo que la UE ordenó a X: rediseñar su sistema de verificación azul, plagado de estafas, combatir el fraude publicitario y restablecer el acceso de los investigadores para que el público pueda comprender los efectos de la plataforma en el panorama informativo.
Estas investigaciones preparan el terreno para una confrontación. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) del presidente estadounidense, Donald Trump, ilustra lo que está en juego en la inminente guerra de desinformación. Publicada el mismo día en que se anunció la multa a X, la NSS deja clara la intención del gobierno: respaldar a los magnates de las redes sociales mientras difunden mentiras, amplifican el odio, apoyan a los autoritarios y desestabilizan a Europa desde adentro.
A pesar de las previsibles protestas de Musk y Trump, las medidas regulatorias de la UE no tienen nada que ver con un ataque a la “libertad de expresión”. (La multa se centró en las estafas económicas; la investigación, en el abuso infantil). Por el contrario, estas medidas marcan el inicio de lo que probablemente se convertirá en una lucha encarnizada para controlar a X y, en términos más generales, para frenar la propagación de la basura generada por la IA. Lo que Musk y Trump presentan como una disputa por quién tiene derecho a hablar es, en realidad, una lucha por quién tiene el poder de obligar a los demás a escuchar.
El conflicto plantea preguntas difíciles para los responsables de las políticas. ¿Qué hará Europa cuando X, inevitablemente, se niegue a cumplir? ¿La Comisión Europea impondrá sanciones más severas o suspenderá el acceso de la empresa al mercado único? El material de abuso sexual infantil es ilegal; sin embargo, los líderes de X han permitido su generación y difusión. Y, por cierto, ¿por qué los líderes europeos siguen activos en X, dado que Musk ya ha mostrado su desafío bloqueando la cuenta publicitaria de la UE en la plataforma?
La primera medida coercitiva limitada de la UE contra X ya ha provocado represalias por parte de Trump. A fines de diciembre, el gobierno prohibió la entrada a Estados Unidos de cinco europeos, entre ellos Thierry Breton, excomisario de Mercado Interior del bloque, alegando “actos atroces de censura extraterritorial” por parte de Europa.
Y de esto, habrá más. Aun así, los líderes europeos deben mantener el rumbo.
Brasil ofrece un precedente útil. En 2024, después de que Musk desafiara una orden judicial que le exigía suspender ciertas cuentas de X, el poder judicial brasileño cerró la plataforma en todo el país y procedió a embargar los activos de Musk. Musk pronto cedió. Aunque intentó presentar al tribunal como enemigo de la libertad de expresión, acusando a los jueces de censurar las voces conservadoras, fue una respuesta adecuada a una empresa que ha violado la ley y ha atacado las instituciones democráticas. Fue una demostración de fuerza que la UE haría bien en emular.
Es importante recordar que Europa ya se ha enfrentado antes a la guerra de la información. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi difundió propaganda en los hogares europeos y británicos en un inglés impecable. “Lord Haw-Haw”, como se apodó a uno de los locutores, utilizó la radio para minar la moral de los aliados hasta su captura en 1945. Ochenta años después, sin las limitaciones geográficas ni del espectro radioeléctrico, Musk y Zuckerberg están difundiendo veneno microdirigido en miles de millones de canales personalizados.
Incluso aquellos que se burlan de la desinformación pueden ver cómo la degradación del discurso público ha hecho que la verdad sea casi imposible de discernir para el ciudadano común. Los medios regulados no son un cortafuegos, ya que los autoritarios explotan cada vez más estos canales para dirigir a la gente hacia plataformas no reguladas que albergan mensajes más extremos. En el Reino Unido, por ejemplo, el canal de extrema derecha GB News utilizó recientemente YouTube para difundir un llamamiento a la destitución de los miembros no blancos del Parlamento -un contenido que no podía emitir legalmente por televisión.
En conjunto, estos acontecimientos presagian un conflicto cada vez mayor por el espacio informativo europeo. Si bien magnates tecnológicos como Musk clamarán contra la censura, esto debería descartarse como la afirmación de mala fe que es. Otros lo enmarcarán como un choque de civilizaciones entre europeos y estadounidenses. Eso también es erróneo. Muchos estadounidenses también luchan por defender a su democracia y a sus hijos de la basura, y Europa puede desempeñar un papel importante en la resistencia contra la misma tecnología autoritaria.
Contrariamente a lo que puedan afirmar autoritarios como Trump, esta es una batalla que enfrenta a padres, comerciantes honestos y ciudadanos que valoran la libertad contra los plutócratas, los pornógrafos de basura, los estafadores de pensiones, los criptosobornadores encubiertos y los aspirantes a dictadores que subvierten alegremente las instituciones democráticas en aras de obtener poder y lucro. Trump y sus aliados tecnológicos nos han mostrado de qué lado están y qué mundo quieren. De nosotros depende detenerlos.
* Directora ejecutiva del Future of Technology Institute.
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