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COLUMNISTAS / ANIVERSARIO
sábado 16 marzo, 2019

Francisco y Mauricio

Se señalan, con razón, diferencias insalvables en la mirada y sensibilidad de cada uno sobre el país y el mundo, y que vienen de mucho antes de que se convirtieran en públicos y notorios.

por Carlos De Simone

JUNTOS PERO LEJOS. Los dos prometían más de lo que lograron. Foto: presidencia

El Papa y Macri hoy tienen más en común de lo que parece evidente. Se señalan, con razón, diferencias insalvables en la mirada y sensibilidad de cada uno sobre el país y el mundo, y que vienen de mucho antes de que se convirtieran en públicos y notorios.

Generación, cuna y vocación aparte, al papa peronista y al presidente liberal los unen los problemas con el poder, con su propio poder. O con su no poder.
Tienen en común el contraste entre las expectativas que enormes sectores de la sociedad habían depositado en ellos al inicio de sus gestiones y las concreciones reales.

Ahí está Macri, después de tres años, aún intentando domar una economía para la que millones de votantes lo imaginaban más apto que para cualquier otra cosa. Remando con mercados financieros que nunca fueron mucho más lejos de las promesas al pie del altar pero sin ponerse el anillo, y que siempre parecen necesitar una prueba de amor más –electoral o administrativa– para recién ahí considerar como opción la monogamia con su gobierno.

Ahí está Macri, después de tres años, aún intentando domar una economía para la que millones de votantes lo imaginaban más apto que para cualquier otra cosa

Tan esquivos como sus ex pares del empresariado, con los que integraba un círculo ya descolorido y que parece haberse cerrado al punto tal de no incluirlo. O como sus socios políticos del radicalismo, que impulsados por la debilidad que sufrían hace tres años se abrazaron a él y hoy buscan eyectarse por temor a una recaída por contagio.

Ahí está Francisco, después de seis años, intentando domesticar a una Iglesia en crisis que, se suponía, iba a encolumnarse detrás de su papado y que hoy enfrenta tantas denuncias  por casos de abusos y ocultamiento como internas vaticanas

Ahí está Francisco, después de seis años, intentando domesticar a una Iglesia en crisis que, se suponía, iba a encolumnarse detrás de su papado y que hoy enfrenta tantas denuncias  por casos de abusos y ocultamiento como internas vaticanas. Así lo encuentra su sexto aniversario como pontífice,  con un obispo argentino denunciado e investigado por abuso sexual contra seminaristas, participando junto al Papa del retiro espiritual en las afueras de Roma.

Con gran parte de la sociedad argentina, que lo festejó como campeón mundial, reprobando su apoyo a dirigentes chamuscados y su ausencia en estas tierras. Es lógico pensar que esa bendición íntima de Bergoglio a opositores duros del Gobierno es la evidencia de que Francisco y Mauricio recorren vías eternamente paralelas.

Posiblemente nunca se parecieron tanto como en estos momentos bisagra, en que la memoria y balance surge inevitable y resalta asignaturas pendientes con la gente y con ellos mismos

Posiblemente nunca estuvieron más distanciados que en aquella visita presidencial de las fotos juntos y los gestos de incomodidad sin disimulo. Posiblemente nunca se parecieron tanto como en estos momentos bisagra, en que la memoria y balance surge inevitable y resalta asignaturas pendientes con la gente y con ellos mismos. Uno y otro necesitan que sus fieles sientan o crean que les hace falta más tiempo para cumplir su misión. Dependen de que no decaiga la fe. Y de presentarse como contracara de algún demonio.

 


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