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COLUMNISTAS / Opinión
lunes 30 julio, 2018

Gradualismos que enferman

¿Todos los gradualismos son buenos? El estilo presidencial se refleja también en Comodoro Py y en el Congreso.

Pedro Paulín

El presidente se debate entre su lado racional, equilibrado, políticamente correcto, y lo que su esencia le dicta. Foto: Noticias Argentinas
lunes 30 julio, 2018

La sociedad le dio la espalda a la experiencia populista en 2015 y abrió la ventana a Cambiemos, un fenómeno que en 2019 dirá si fue espasmódico o estructural en la cultura política argentina. Quizás el desafío mayor que tenga el presidente Mauricio Macri ahora es tener que hacer lo que no quiso cuando casi siete de diez argentinos empatizaba con su figura. Nadie votó a Cambiemos para que no haya un ajuste; si no, hoy Zanini presidiría el Senado y el ex gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, sería presidente del país.

Ahora Macri tiene un problema: el ajuste lo tiene que hacer 30 meses después de haber asumido y con su imagen ciertamente alicaída, con el ingrediente extra de tener que votar en un año las primarias abiertas presidenciales. Como los personajes del notable Herman Hesse, el presidente se debate entre su lado racional, equilibrado, políticamente correcto, y lo que su esencia le dicta, lo que querría hacer si no hubiese necesidad de ser aceptado por sus pares y votantes. Su parte más sincera y animal choca con los gradualismos que encima lo perjudican, frustran y enferman.

¿Todos los gradualismos son buenos? ¿Los votantes de Macri —ricos, medios y pobres— no querían que se ordenen las cuentas públicas a cuesta de un esfuerzo, o incluso algunos puntos de caída del salario? Nadie especulaba con una solución mágica, que el desaguisado de la peor gestión energética de todos los tiempos (la que protagonizaron Kicilloff, Kirchner y De Vido) se solucione. Si exportábamos cinco mil millones de dólares de energía diez años atrás, y pasamos a importar unos 13 mil antes de que termine su mandato Cristina, era evidente que las tarifas aumenten.

Pero allí tabicó siempre la figura de Marcos Peña para evitar golpes de timón, aumentos sustanciales, situaciones que pudieran irritar la opinión pública. Lo harán ahora y en offside, con la lupa de la sociedad puesta sobre la gestión antes de votar y una inflación que ya no puede seguir acumulando escenarios erráticos del Gobierno. Incluso gradualismos sin coherencia: un departamento en Recoleta sigue pagando menos que el mismo departamento en Ringuelet, zona austera de las afueras de La Plata. Resabios del sistema armado por el Cristinismo o falta de idoneidad. Juan José Aranguren, quizás el mejor ministro que tuvo Macri, se despidió de la carrera pública asediado por los gradualismos: "No es momento, esperemos un poco", escuchaba en su despacho los pedidos el ex CEO y montaba en cólera. Su conocimiento y arrogancia no le permitieron seguir bailando al ritmo de la política, cuyo desprecio a Marcos Peña era asombroso, al hombre que tenía en su cabeza la posibilidad de terminar con la crisis energética, pero que se fue por la puerta chica por temas de comunicación, tema que el Gobierno cree que domina y es tal vez lo peor que hace.

El temor a que la opinión pública cambie de canal, o se desinterese por la gestión, hizo que Macri no use la cadena nacional para anunciar cambios de Gabinete, medidas concretas, nada. Pasamos de los 4600 minutos en 121 cadenas nacionales del divorcio con la realidad de Cristina Kirchner en su último mandato al silencio absoluto actual, quien teme el uso del recurso que el Estado le brinda para comunicar decisiones, pero después gasta millones de dólares por año en redes sociales. Difícil de entender, un líder moderno y horizontal que padece las herramientas que el Estado le proveé, pero que está presente en todas las plataformas posibles.

Así entonces, los gradualismos desembarcaron también en la justicia. "Nunca trabajé tan tranquilo, no me llaman, proceso, fallo, desestimo, no sé qué les pasa", dice el juez federal mirando por la ventana de su despacho en Comodoro Py durante una conversación con PERFIL. Acostumbrados a las amenazas e intentos de cooptación por parte de la gestión anterior, el desconcierto en Comodoro Py es total. Incluso afirman que hay más presión del sector privado que del público. "Van a ganar, el voto aspiracional de los pobres que quieren ser como ellos los va a hacer reelegir a todos", sintetiza el magistrado que mantiene una foto con Bergoglio en su despacho. Coincidencias.

La sociedad no parece estar conforme entonces con el gradualismo. O al menos ese. La liberación de Boudou, la no-prisión de dirigentes kirchneristas procesados, el sindicalismo corrupto pero libre y básicamente la libertad de Cristina Kirchner y Hugo Moyano enoja al votante de Cambiemos, que esperaba un pragmatismo apolítico y determinante, no una estrategia para ganar elecciones por parte del Gobierno.

La actividad parlamentaria también se enfundó en un gradualismo que no satisface. Pareciera dar grandes debates pero con magros y discutibles resultados. Emilo Monzó y Sebastián García de Luca, brazo ejecutor de las decisiones medulares de Rogelio Frigerio, se encargaron de que la Cámara no tenga una actividad resonante y en baja: este año se encamina a tener menos sesiones que en 2017, cuando se llevaron a cabo 29 sesiones, mientras que en 2016 hubo 38. Quizás sea el peor de los gradualismos el de la calidad institucional: un presidente que pide que se lo investigue, pero tiene una causa por el Correo; un gobierno que pide transparencia a gritos, pero que no sabe qué hacer cuando Horacio Verbitsky publica los familiares presidenciales que blanquearon dinero; una gobernadora que terminó con el despilfarro corrupto del peronismo bonaerense, pero que no sabe qué decir cuando hay 205 aportantes truchos en su campaña.

"El peronista nos roba los cafés y sale corriendo por el pasillo, adelante de todos, riéndose; estos te levantás a la mañana y compraron la fórmula del café, cada uno con su estílo" resumió entre risas el juez. Tomó su café, agradeció a PERFIL y aseguró que, tarde o temprano, la familia Kirchner irá presa. Será entonces el fin del gradualismo judicial.


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