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COLUMNISTAS / ¿HACIA UN KIRCHNERISMO DE CENTRO? / PANORAMA
domingo 19 mayo, 2019

Herencia recibida y crisis externa, versión CFK

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por Jairo Straccia

Alberto Fernández. Foto: Temes

Mañana los mercados deberían volar, pero no necesariamente porque la fórmula Fernández-Fernández pueda implicar debilidad, una posible derrota o una retirada de la ex presidenta que tanto los espanta, como se apresuraron a sentenciar algunos análisis políticos temprano en el sábado.

Los gringos de Wall Street que piensan solo en cuánto puede sacar los pies del plato un gobierno que no sea el de Cambiemos, recibieron un anticipo que tal vez pasó inadvertido, en el emocional video de casi 13 minutos de “renunciamiento histórico” para algunos, o de “última agachada para volver” que vieron otros.

Además de hablarle al #peronismoracional, al votante independiente o a su tropa más fiel, Cristina Kirchner usó varios minutos para mandarles un mensaje a los factores de poder, al establishment, y si me apuran, a los organismos internacionales de crédito a los que la Argentina hoy les debe el grueso de su cartera de préstamos, así como a los bancos a los que en algún momento deberá convocar para conseguir fondos frescos.

Entre fuertes críticas al macrismo, algunas certeras como las vinculadas con el crecimiento de la deuda, y otras exageradas como cuando dice que hay un mayor empobrecimiento que en 2001, la ex presidenta dejó en claro que “no se trata de volver al pasado ni de repetir lo que hicimos de 2003 a 2015”.

Pasando en limpio su discurso, dio a entender que si tras esta movida gana las elecciones, Alberto Fernández (y no ella) comandará un gobierno austero, corto de alegrías rápidas, más de sacrificio y esfuerzo y con negociación obligada con el Fondo Monetario Internacional. Está avisando a su manera que van a escasear las banderas populares y el consumo forever que viven en la retina de su gente.

Porque habrá capacidad instalada ociosa como en 2002 y poder adquisitivo raleado también como entonces, pero las cajas del Estado asoman más vacías, las reservas exiguas como para correr a billetazos al FMI que a pesar de cualquier retórica impondrá condicionamientos severos como para revivir las “tasas chinas” del Néstor de los tiempos de Alberto.

Cristina habló del mundo y dijo "visión práctica", no "combate al imperialismo".

Será “una realidad muy difícil de revertir”, dijo ayer Cristina. Un gobierno más para que el Alberto, otrora crítico, ahora ponga la carucha mientras la líder popular resguarda su épica para otras circunstancias en el despacho que hoy ocupa Gabriela Michetti.

El tono dramático, no surge en este contexto, de casualidad. No está buscando ya conmover al votante que tiene asegurado. Cuanto más resalta “el país en ruinas” que quedará desde el 10 de diciembre, más está construyendo ya hoy la justificación de algunas antipatías que van a tener que bancarse quizás las bases militantes. Ahí es cuando les dice que buscará “evitar una nueva frustración que sumergiría a la Argentina en el peor de los infiernos”, y cuando les avisa que “la coalición que gobierne deberá ser más amplia que la que gane las elecciones”.

De la misma manera le dedica un tramo relevante a contar que “el mundo cambió para mal”. Tras hablar de que hay “tiempos álgidos”, con “disputa comercial, tecnológica, militar y política” llama a tener, atención otra vez, “visión práctica”. No dijo combate al imperio. Dijo “inteligencia”. Lo más maduro, entonces, poner a Alberto.

De ver el video surge entonces la retórica más Mauricio Macri que puede pensarse en boca de Cristina Kirchner: la “herencia recibida” del gobierno anterior, y el “pasaron cosas” del contexto internacional, como condicionantes de la nueva etapa. Restricción presupuestaria, ¿sos vos? Integración internacional, ¿estás ahí?

Todo esto es una lectura anticipada, es cierto, de una jugada electoral de una criatura política como pocas.

Tranquilamente puede estar engatuzándonos como con la concertación de “Cristina, Cobos y vos” que terminó en la grieta de 2008; o con la promesa de “sintonía fina” que trocó al cepo y retórica antibuitre de 2011.

Pero también, como mujer de un matrimonio nacido y criado por y para el poder, la ex presidenta puede estar dando señales, a su manera, de que tras amagar con un giro que se tilda fácil de “populista”, hoy, corta de votos, prefiere volver al peronismo como partido justamente de acceso al poder. Alejándose de Puán para arrimarse otra vez a Balcarce. Haciendo del kirchnerismo tal vez un partido más de centro envuelto en el justicialismo que una alternativa al Partido Obrero.

Bánquenme, por último, una mirada optimista en medio de tanta rosca. Treinta y seis años después de la vuelta de la democracia, es cierto, no logramos vivir sin inflación; tenemos el PBI per cápita trabado, se nos caen los índices de educación; para hacer un kilómetro de ruta necesitamos tres mandatos de gobierno y pareciera que nos gastamos toda la Justicia en el Juicio a las Juntas porque después hicimos mermelada con los servicios de inteligencia y los jueces. Sí, pero qué bien nos funca el sistema democrático en un punto. Entre Bolsonaros y Maduros, acá conseguimos que la derecha vaya a elecciones, y gobierne sin cortar el gasto social. Y Cristina ayer puso un guiño, y si dobla, estará reafirmando que puede haber un espacio de centroizquierda que quiere jugar en el sistema, pagar las deudas y tender puentes con los moderados.

Sí, muy ojalá todo.


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