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COLUMNISTAS / en campaña
domingo 29 septiembre, 2019

La creencia como último recurso

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por Sergio Sinay

default Foto: CEDOC
domingo 29 septiembre, 2019

Les pido que crean, porque yo creo en ustedes; no se resignen”. Con esta arenga pastoral el presidente Mauricio Macri cerró el miércoles último en Florencio Varela un acto de campaña disfrazado de inauguración de una parada del Metrobus. Como ocurre con esos matrimonios que atraviesan una profunda crisis pero fingen armonía en público, a su lado estaba la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. Más allá de la puesta en escena política, lo significativo de la súplica presidencial es la confirmación de que para el candidato oficialista la fe y la creencia se han convertido en herramientas esenciales de su campaña con vistas a las elecciones del 27 de octubre. Ya había concurrido a inspirarse en milagros religiosos en Salta y a rezar, según dijo, por “todos los argentinos”, aunque presuntamente su apelación a la fe no está dirigida a la totalidad de los votantes, sino al público cautivo. Sería insólito pedirles que “no se resignen” a los hinchas opositores, quienes más que resignados lucen ilusionados.

Lo cierto es que cabe una diferenciación entre creencia y fe. Y sobre ella reflexiona el filósofo, ensayista, sacerdote anglicano y escritor británico Alan Watts (1915-1973) en su libro La sabiduría de la inseguridad, una obra muy recomendable para estos tiempos. Watts aplica a la religión un ejemplo que, como él dice, puede ampliarse en un sentido más abarcador a toda la realidad para comprenderla mejor. “Creer en Dios y buscar al Dios en el que uno cree es, simplemente, buscar la confirmación de una opinión”, escribe. Las creencias son dogmáticas, porque no admiten refutación.

Quien cree y solo cree dejará de ver todo aquello que ponga en duda su certeza, y con lo que quede construirá una visión parcial y distorsionada de la realidad, hecha a imagen y semejanza de lo que esperaba encontrar. Por supuesto, jamás se resignará, y cualquier dato que refute su creencia será considerado como un error de la realidad.

La creencia, apunta certeramente Watts, nos pone a resguardo de la incertidumbre, de lo desconocido y del futuro. Se da por sentado a partir de ella que lo que viene será una continuación de lo que se quiere retener o repetir del pasado. Para quien se aferra a una creencia, ni las comprobaciones científicas certificadas tienen validez. Los datos de la realidad, señala el filósofo, tienen importancia para quienes viven en el presente y con los ojos abiertos, no en la convicción de una repetición del pasado ni en imaginerías acerca del futuro.

Ahí es donde los caminos de la creencia y de la fe se bifurcan. En el ejemplo de Watts se puede tener fe en la existencia de Dios, o de una determinada verdad, como ocurre con la creencia, pero a diferencia de esta se está abierto a encontrarlos bajo la forma en que se manifiesten, y no pura y exclusivamente como dicta el dogma. La creencia no necesita ni admite pruebas y/o refutaciones. La fe, en cambio, está abierta a ellas. Así, quien tiene fe incorpora la incertidumbre a su equipaje, se hace preguntas, acepta la duda y no desvaloriza la experiencia, aquello que cuando se transforma en vivencia nos enriquece y nos modifica. El misterio de la vida, escribe Watts, no es un problema a resolver sino una realidad a experimentar. Vivir con fe, desde esa perspectiva, no es vivir con el futuro asegurado, cosa que promete la creencia, sino en un tránsito permanente, con la mente despierta y la atención abierta.

Si la conclusión del resultado de las PASO es la negación de la realidad (“las elecciones no existieron”) y la reafirmación de un intercambio de creencias (“crean en mí porque yo creo en ustedes”), poco queda para la comprensión del pasado y para la construcción del futuro. Las cuestiones de fe no tienen que ver con la verdadera fe y son, en realidad, imposiciones de creencias. El peligro de aferrarse a ellas es que el pasado se repita de manera inmodificable. Y no alcanza con invocaciones cuasi religiosas para evitarlo. Quizás para creer haya que ver (y no al revés). Y ocurre muy a menudo que, cuando se ve, resulta difícil creer.

 

*Escritor y periodista.


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