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domingo 22 septiembre, 2019

Un país y dos deportes

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por Sergio Sinay

Contraste deportivo. Diego Maradona en La Plata, la selección de básquet en Beijing. Foto: cedoc
domingo 22 septiembre, 2019

En una misma semana dos deportes diferentes ofrecieron a la sociedad opciones divergentes de país. Una, la maradoniana. Otra, la basquetbolística. Mientras desde La Plata se elevaba la fiebre por el regreso de Maradona como entrenador, la selección de básquet llegaba a la final del campeonato mundial, en China, venciendo a rivales poderosos que aparecían como favoritos. Las dos opciones coincidieron en el tiempo.

La maradoniana es la del pensamiento mágico. Un club al borde del descenso luego de años años de erróneas decisiones directivas, malas gestiones de sus conductores técnicos y planteles mediocres apela, apurado por el creciente y áspero malestar de la hinchada, a un manotazo típicamente argentino. El que busca encontrar una figura providencial. Un mesías. Que el elegido no tenga pergaminos para mostrar como director técnico (más bien acumula fracasos en ese rubro) no importa. Basta con su leyenda como jugador. Que sus comportamientos personales exhiban un largo prontuario de manchones éticos no viene al caso. Alguna vez se lo llamó “Dios” y en este caso fe mata moral. Que no sea una persona que se caracterice por el cumplimiento de los compromisos que asume no es harina de este costal. Y que hacerse cargo de las consecuencias de sus actos no sea un hábito en él ¿a quién le importa? Siempre alguien le “cortará las piernas”. Nunca se las corta por mano propia.

Quizás el momento crítico que atraviesa el club que se encomendó a él ofrecía una oportunidad de revisar políticas, incorporar aprendizajes y trabajar hacia el futuro en proyectos que impidan volver al lugar del que ahora se quiere huir por cualquier puerta. Acaso forjar un plan para enriquecer las divisiones inferiores, recuperar y fortalecer una identidad, afinar la puntería en contrataciones, sostener un programa en el tiempo no hubiese evitado el descenso, pero habría permitido regresar de él con otra cara y otras potencialidades. Pero se prefirió el atajo, el pensamiento mágico, la receta del hechicero. Así como el pequeño trozo de un holograma contiene y exhibe el dibujo completo, un club de fútbol puede ser espejo de las costumbres, la cultura y el paradigma de una sociedad.

Del otro lado, la selección de básquet lleva dos décadas sosteniendo un estilo de trabajo y una escala de valores que se manifiesta en el juego y fuera de él.

Solo uno de los jugadores de aquel inicio permanece en actividad y los técnicos han variado a lo largo de ese tiempo, en el que se cosecharon títulos olímpicos y continentales, y podios internacionales máximos. Ni para los jugadores, ni para los técnicos ni para los simpatizantes un segundo puesto significó jamás un fracaso. Todo se vivió siempre como un logro, porque detrás había trabajo, compromiso, cooperación, coherencia, códigos éticos (no oscuros códigos de vestuario) y una visión convocante y conducente. Los jugadores que se iban retirando lo hacían, sobre todo, como referentes, y los que fueron ingresando tenían faros que guiaban su navegación hacia puertos claramente definidos y consensuados. Los mismos jugadores, llegado el momento, se comprometieron y actuaron políticamente para enderezar el barco institucional cuando en el puente de mando aparecieron conductas peligrosas para el conjunto.

En el fútbol, deporte nacional, prevalece el modelo maradoniano. Se podría decir que también en la política. Así como la hinchada que iba contra dirigentes y jugadores pasó de un día al otro a una euforia y un fanatismo basados en la fe ciega y en ningún fundamento, así suele actuar una masa crítica de la sociedad. Conducta bipolar, en la cual de la glorificación al escrache y de la ilusión a la decepción hay un paso. Y ningún aprendizaje.

Lo que el básquet ofrece como modelo es también industria nacional. Y hay quienes, pese a todo, conjugan en sus actividades, relaciones y elecciones ese modelo. Solo que requiere esfuerzo, constancia, paciencia, cooperación, valores, visión. Elude la magia, el mesianismo, las creencias infantiles. Quien abre los ojos tiene a la vista los resultados de uno y otro modelo.

 

*Escritor y periodista.


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