viernes 20 de mayo de 2022
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26-03-2022 00:11

La matriz humorística

26-03-2022 00:11

La rica tradición humorística argentina tiene una matriz que se estabilizó alrededor de dos figuras, Olmedo y Porcel. En su última película juntos, Atracción peculiar, Porcel desempeña a un periodista infiltrado en el mundillo travesti marplatense para investigar un crimen de odio (diríamos hoy), acompañado de un fotógrafo gay, desempeñado por Olmedo. La fórmula humorística (cargada de chistes ahora insoportables) tocaba con esa película un final que la casi simultánea muerte de Alberto Olmedo refrendaría. 

Heredero de esa tradición, Martín Piroyansky, sin embargo, la transforma en otra cosa porque otras son las condiciones de posibilidad de discurso.

Los “canallitas” que representa Piroyansky (en Permitidos, por ejemplo) son los hijos políticamente corregidos de los que supo desempeñar Olmedo, incluido el caso de Mi novia el... de 1975, la adaptación libre de Viktor und Viktoria (1933) realizada antes de la versión hollywoodense protagonizada por Julie Andrews en 1982.

La ductilidad actoral de Piroyansky no se agota en esos roles, pero el reciente éxito de Porno y helado los evoca y recupera.

Para entender ese justificado suceso de Amazon hay que imaginarse un tren fantasma a toda velocidad conducido por Olmedo y Porcel que choca de frente con la maquinaria de, por ejemplo, Seinfeld, con todo su “teatro del absurdo y de la nada” desparramado sin misericordia (en la serie: el complot de los taxistas). ¿Qué faltaría para suturar esas vertientes aparentemente irreconciliables de lo cómico? César Aira, el escritor más citado por Piroyansky en sus entrevistas (en la serie, su apelación al mundillo del arte realmente existente: Lolo y Lauti, los recitales de poesía, el snobismo de la jeunesse dorée, el “arte instantáneo”).

En Porno y helado, Piroyansky (guionista, director y protagonista) hace dupla con Ignacio Saralegui, que compone un personaje de una ternura infinita y contrastante con la obsesión sexual adolescente de Pablo (Piroyansky), quien lo arrastra a una mentira de la cual es cómplice Cecilia (Sofía Morandi).

La trama es sencillísima pero la riqueza de la serie está sobre todo en los pormenores, en el cruce delirante de registros y la eficacia de los diálogos.

Susana Giménez es el eslabón necesario para situar la comedia en una tradición. Santiago Talledo se proyecta como el supervillano de la segunda temporada que, ojalá, multiplique el delirio ya presente en la primera.