COLUMNISTAS
UN TIEMPO NUEVO

La multitud incontrolable

Cuando la Justicia condenó a Cristina Fernández en el juicio por la obra pública, algunos creímos que ese sería el tema de discusión del país en los próximos meses. Las millonarias empresas pobristas prepararon su maquinaria para organizar movilizaciones rechazando la condena, la oposición pensó en defender la democracia y la división de poderes. Dos días después Argentina clasificó para la final del Mundial. Cristina y sus problemas desaparecieron de la mente de la gente. Todos hablan de ella, pero ya no mueve las emociones como antes. Millones de argentinos salieron a celebrar el triunfo sin que nadie les pague, ni les proporcione camiones, banderas, carteles y catering.

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En la CNN Marcelo Longobardi dijo que Argentina seguiría hablando indefinidamente de Cristina, porque ha sido la gran protagonista de la política durante estos años y ha logrado que todos los argentinos se definan, ante todo, como sus partidarios o sus enemigos.

Dos días después Argentina clasificó para la final del Mundial. Cristina y sus problemas desaparecieron de la mente de la gente. Todos hablan de ella, pero ya no mueve las emociones como antes. Millones de argentinos salieron a celebrar el triunfo sin que nadie les pague, ni les proporcione camiones, banderas, carteles y catering.

Se organizó una típica movilización de la sociedad posinternet, espontánea, imposible de manejar. En esos casos la multitud se moviliza masivamente, generalmente protestando, esta vez festejando, pero siempre con un sentimiento de rechazo a los líderes, las autoridades y el establecimiento. Ese enojo se comprende mejor viendo la película El Guasón que leyendo a Le Blon.

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La grieta política incluye a casi la totalidad de los ciudadanos, pero con distintas intensidades. Para un 15% de argentinos Cristina es la culpable de los atracos, sin necesidad de estudiar ninguna prueba. Su posición es más pasional que jurídica. Creen en las instituciones democráticas, pero les gustaría que las atropellen con tal de verla presa.

La grieta política incluye a casi toda la sociedad, pero con diferentes intensidades

Hay otro 15% que rechaza la condena. La mitad de ellos aprueba que se haya enriquecido por cualquier medio para hacer política y los otros dicen que es inocente. ¿Qué pasa con el 70%? Se interesan más en otras cosas para ellos más importantes, pero si alguien se los pregunta generalmente se pronuncian por la culpabilidad.

Las movilizaciones con que proyectaban paralizar la Ciudad de Buenos Aires eran de las antiguas, organizadas por millonarios que manejan las grandes cajas del Estado, sindicatos, “organizaciones sociales” y guardias de choque que defienden sus negocios. Para ellos las instituciones y empresas del Estado sirven para enriquecerse, no para atender a los ciudadanos.

Pero el campeonato mató a los negocios revolucionarios. Los que trabajan de manifestantes y los empresarios pobristas prefirieron celebrar el triunfo dejando los negocios para el próximo año.

Los campeones del mundo no quisieron ir a la Casa Rosada. Esto no solo porque a las reuniones que convoca Alberto no asisten ni sus ministros, sino por algo más de fondo. Las movilizaciones autoconvocadas tienden a ser contrarias al sistema, incluso cuando son festivas. Casi nunca se organizan para respaldar a autoridades de ningún signo, y menos a varios presidentes elegidos en los últimos años que son los más impopulares de la historia de sus países. Esto tampoco ayuda a los políticos de la oposición, porque fácilmente la gente los incluye en el paquete de indeseables que deben irse.

La alegría por el campeonato tiene profundas motivaciones que muchos miembros de las élites y especialmente de este gobierno no comprenden. Tampoco la mayoría de analistas y encuestadores que preguntan si estos eventos afectaron o ayudaron al Gobierno, a la oposición o a determinado candidato. Esa inquietud no tiene sentido por limitada. Los seres humanos estamos viviendo, desde hace rato, un proceso de cambio vertiginoso dentro del cual hay que comprender un campeonato que cambió la vida de medio planeta. Cinco mil millones de personas presenciaron los partidos de alguna forma, comentaron sobre ellos, experimentaron emociones y adquirieron informaciones que alteraron su realidad.

Hay presidentes que creen que todo mejorará si acaban con la división de poderes

Estuve en Bangladesh, trabajando entre académicos, en 1983. No encontré ninguno que supiese en dónde estaba Ecuador, los más informados creían que Buenos Aires era una ciudad de Brasil. Se sorprendían cuando se enteraban que hablaba castellano porque para ellos los “americanos” debían hablar inglés. Esta semana pudimos ver a decenas de miles de bengalíes con camisetas argentinas con el nombre de Messi, que es el argentino más conocido y querido del mundo.

Muchos occidentales se enteraron que la mayoría de seres humanos no comparte sus valores. En los países islámicos, incluido Qatar, no se respetan los derechos humanos, no existe democracia, las mujeres están sometidas a un régimen que nos parece salvaje. Ni qué decir de los gay o de las minorías étnicas y religiosas.

En Irán, uno de los participantes del torneo, ahorcaron a un deportista de lucha libre, al que no le pareció bien que maten en Irán a las mujeres que permiten ver su rostro. Según la ley de su país esto le hacía enemigo de Dios. Los clérigos que gobiernan esas sociedades nunca son mujeres. Son hombres fanáticos, misóginos, homófobos, que prohíben la música. Tal vez me convertiría a una religión dirigida por mujeres que sean positivas y amen la vida, pero no puede aparecer en esos lugares: las matarían si intentan fundarla.

El campeonato es un elemento más que, junto a la difusión masiva de Youtube, Google, las plataformas de la red, los teléfonos inteligentes, y la inteligencia artificial, cambia la realidad de Occidente y transforman al mundo todos los días.

De seguro los jeques no habrán calculado que con la promoción de este tipo de actividades terminarán destruyendo sus sociedades en poco tiempo. En un mundo globalizado que progresa, será difícil que sigan reventando a pedradas la cabeza de las esposas  que engañan a su marido y cercenando el clítoris como lo hacen ahora con doscientos millones de mujeres.

Para muchos argentinos, que vibraron con el Campeonato y se percataron que existen tantos mundos alternativos, será difícil creer que Cristina pueda ser la exitosa líder mundial de una revolución cleptocrática. Esa información evidencia también las limitaciones de miembros de élites locales, que hablan sobre sus pequeños temas, se reúnen entre ellos, impulsando una Argentina que satisfaga sus supersticiones y ambiciones parroquianas. Las miserias de ese mundillo los hace más detestables para la inmensa mayoría.

La distancia entre las élites políticas anticuadas y la mayoría de la población de America Latina crece exponencialmente. La imaginación de los cibernautas que pasan más tiempo conectados a la red que en el colegio les proyecta hacia un futuro infinito, en el que la comunicación burocrática de los políticos parece demasiado aburrida. Ni siquiera registran lo que dicen. Su comunicación no existe.

En el mundo empresarial y científico la nueva comunicación se desarrolla, existe una comunicación de las empresas de punta con su público, que no se parecen a  lo que hacen los políticos ni las empresas tradicionales.

A ningún publicista de una marca de perfumes famosos se le ocurriría sugerir que dejen de producir esos comerciales exóticos y poco racionales, con hombres y mujeres sensuales que no explican nada, y aparecen siempre enojados. Eso debe tener algún sentido. Parece que así venden sus productos. Seguramente quebrarían si reemplazan a los modelos con el contador de la empresa, sentado en un escritorio, diciendo verdades, explicando cuáles son los componentes de la fragancia y comparándolos con los de la competencia. Los consumidores no quieren recibir explicaciones, sino compartir sensaciones.

El outsider

Hay cientos de textos que analizan la comunicación de Amazon, Youtube, Airbnb y otras empresas, que han llegado a ser las más grandes del mundo. Tal vez uno de los mejores es el de Jeremy Heimans y Henry Timms New Power. How anyone can persuade, mobilize, and succeed in our chaotic, connected age.  

Si se aplican esas ideas a la política, como lo hacemos algunos estudiosos, ningún candidato volvería a redactar esos textos cargados de odio con el que atacan a sus rivales, leídos en un local de la campaña al que ninguna persona normal querría ir. Todos los estudios de la psicología conductista dicen que hacerlo es un disparate, que identifica al candidato con la vieja política y lo hace perder votos, sea cuál sea el contenido de las palabras.

Pero algunos miembros de las élites creen que es bueno aburrir a los electores intentando convencerles de sus ideas y hablando mal de sus adversarios. Se dedican a preparar lo que dicen, sin importarles lo que comprenden los electores.

En algunos de nuestros países peligran las instituciones democráticas. La ignorancia de varios presidentes les hace pensar que todo mejorará si acaban con la división de poderes y pueden estropear con su torpeza a las demás funciones del Estado.

El Golpe de Estado rocambolesco de Pedro Castillo en Perú, quien decidió disolver el Congreso, la Justicia y derogar la Constitución para manejar todo con la misma ineptitud con que condujo el Ejecutivo, tiene discípulos aplicados.  Alberto Fernández, quien estudió derecho y obedece a una vicepresidenta que dice haberse graduado de abogada dan pasos hacia el Golpe de Estado. Son aprendices de Castillo sin caballo.

Decían que no aceptarán el fallo de la Justicia en el caso de Cristina si no era de su agrado, como si los jueces estuviesen obligados a obedecer al Ejecutivo. Ahora han dado un paso más: con el respaldo de algunos gobernadores como Gildo Insfrán y Jorge Capitanich, han resuelto desconocer una resolución de la Corte Suprema de Justicia rompiendo el orden constitucional.

Están angustiados por la certeza de que su rechazo abrumadoramente mayoritario se les viene una derrota electoral segura. Si Alberto se asustó tanto cuando las patrullas de la Policía de la Provincia rodearon su casa que quitó fondos a la Ciudad de Buenos Aires, es fácil suponer su pánico después de la movilización de millones de argentinos que vivaron a Messi y a la Selección. Tiene razón de inquietarse. Hay peligro que la misma multitud salga en modo de protesta y vaya a la Rosada, pero sin los jugadores.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.