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Hecho

Leer al otro, hospedar al otro

No dejamos ni por un instante de leer el mundo y a los demás. Alberto Manguel lo mostró en Una historia de la lectura al señalar que, antes que descifradores de libros, somos lectores de rostros, de gestos, de cielos, de huellas: leer es nuestro modo primero de habitar la realidad, y toda lectura, como enseñó Roger Chartier, no recibe un sentido ya dado, sino que lo produce. Así, de algún modo, leer es siempre, para bien o para mal, una práctica creadora. Pero no toda lectura es igual a otra. Hay una lectura apropiativa, posesiva, dominadora desde el que lee, y esclavizante desde el que es leído sin el concurso de su libertad; y hay una lectura contemplativa, de una contemplación que invita al respeto y al cuidado. Entre una y otra se juega, quizá, el destino moral de nuestra época.

En su último libro, “Sobre Dios”, Byung-Chul Han, comentando a Simone Weil, distingue entre la esclavitud y la dominación desde la perspectiva del modo en que “leemos” a los demás. La esclavitud es leer a los demás solo como yo quiero que sean leídos; la dominación es todo proceso por medio del cual los obligo a que me lean solo como yo quiero ser leído. En ambos casos el otro deja de ser autor de sí mismo: lo convierto en un texto ya escrito por mí, cerrado, sin márgenes donde anotar su libertad.

A ambos modos de leer subyace el mismo temor y temblor: el miedo a que la alteridad se manifieste tal cual es, en lo que tiene de indómita y hondamente interpeladora. Porque el encuentro con la alteridad nos intima, y no solo en el sentido más convencional del término, aunque también: no nos intima en cuanto nos demanda “hacer algo”, sino en cuanto la alteridad manifestada, desvelada, se nos hace tan “íntima” como la sangre que viste los huesos. El otro, cuando de verdad comparece, ya no está fuera: nos habita.

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Por eso en la sociedad de la eficacia, la eficiencia, el rendimiento, la productividad y la rentabilidad tratamos de conjurar su embrujo, su hechizo, por todos los medios. El más eficaz es la invención de la distancia, de la lejanía: una ética del destierro, de la diáspora, de la vida extramuros. Es decir, todo lo contrario a la comunidad, a la cercanía, a la proximidad que reconoce en el otro un prójimo –la “projimidad”–, de la que solo puede seguirse una ética de la hospitalidad, y no un enemigo, un “hostis” en latín, del que solo puede predicarse una ética de la hostilidad. Jacques Derrida lo pensó hasta el límite: la hospitalidad incondicional acoge al otro antes de preguntarle el nombre, antes de exigirle que se identifique, es decir, lo recibe antes de leerlo, y renuncia así a la primera y más sutil de las violencias, la de decidir por él quién es.

“¿Acaso soy el guardián de mi hermano?”. Con esa pregunta hostil responde Caín a la solícita pregunta previa de Dios sobre el paradero de Abel. Caín ya había leído a su hermano de manera apropiativa: lo había reducido a obstáculo, a rival, a sombra que le disputaba el favor del cielo. El fratricidio no comenzó con la piedra: comenzó con esa lectura. Toda violencia es, antes que nada, una mala lectura del otro.

Nuestro tiempo, que se dice civilizadamente alfabetizado como ninguno, multiplica sin embargo las lecturas apropiativas: perfiles, ‘likes’, etiquetas, algoritmos y prejuicios que leen a las personas como datos y no como misterios. Frente a esa hermenéutica de la sospecha y del dominio, urge una hermenéutica de la hospitalidad: leer al otro dejándolo ser un texto abierto, inacabado, capaz de sorprendernos. Leer, en fin, con la paciencia del que contempla y no con la avidez del que captura.

Solo la mirada-palabra-lectura ética de la realidad habitada por los demás permite que sigamos teniendo un mundo en común, el que solo puede fundarse en vínculos humanos intersubjetivos densos. De ser capaces de defender la mirada-palabra-lectura ética del sí mismo y de los demás depende –tal vez hoy más que nunca– comprender que solo cabe una respuesta posible a la pregunta de Caín: que sí.

* Profesor de Ética de la comunicación de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral.