jueves 21 de octubre de 2021
COLUMNISTAS Opinión
19-09-2021 06:33
19-09-2021 06:33

Margen de error

19-09-2021 06:33

Termina una semana que pareció eterna. El resultado de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) provocó un terremoto en el Gobierno y expuso una fractura cada vez más expuesta entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. El nuevo gabinete, que pretende simular consenso, en los hechos no parece reflejar ningún tipo de acuerdo de fondo. Es tan solo un tenso empate técnico que no cancela la irrupción de nuevos conflictos: la vicepresidenta ganó, una vez más, terreno entre los ministros; pero el Presidente mantiene, otra vez, el rumbo económico.

Continúan en sus puestos el renunciante Eduardo Wado de Pedro y el no renunciante Martín Guzmán. Aparece el polémico Jorge Manzur, se suma el rimbombante Aníbal Fernández y se muda el cuestionado Santiago Cafiero. Se trata, hay que decirlo, de una receta verdaderamente extraña: masa madre kirchnerista, con una pizca de albertismo y algunas dosis de peronismo. 

¿Alcanzará para que el oficialismo pueda revertir el duro traspié electoral? ¿Es una apuesta que representa un verdadero cambio de rumbo que seducirá a los votantes que se habían alejado del Frente de Todos? ¿O, por el contrario, es la confirmación de las profundas diferencias que existen en el peronismo-no-tan-unido en beneficio de la oposición? ¿La afiebrada semana que culmina generará un nuevo impulso para que Juntos por el Cambio estire la diferencia en las urnas?

La incógnita se irá develando en tan solo ocho semanas, a través de la anticipación que ofrecerán las encuestas que empezarán a publicarse a medida que la crisis en el oficialismo se calme y retorne el clima de campaña.

Pero, atención, el resultado que pretenderá ser fiable será presentado por los mismos especialistas en opinión pública que mostraron un obsceno y abrumador margen de error el domingo pasado.

Una semana que pareció eterna: las PASO provocaron un terremoto en el Gobierno.

“Cualquier pronóstico sobre las elecciones generales argentinas es una especulación, circense, ante la carencia de sociología política en el país y la disparatada manipulación de las poco fiables encuestas”. La descripción de tan sombría capacidad de predicción que presentan los sondeos políticos en la Argentina, aunque no lo parezca, no es actual: se publicó en el diario El País de Madrid en octubre de 1983.

Bajo el título Disparata manipulación de las encuestas electorales, el acreditado del diario español en Buenos Aires cubría la primera elección presidencial desde el fin de la dictadura en Argentina y criticaba la poca fiabilidad de los estudios: desde periodistas que cuantificaban transeúntes al azar en las calles, hasta la falsificación de datos por los todavía influyentes militares.

Desde entonces, se han producido una veintena de elecciones en la Argentina y, por lo observado el domingo pasado, el panorama sigue siendo incierto.

Las encuestas mostraron este domingo un obsceno y abrumador margen de error.

La investigación científica sobre los sondeos de opinión pública para predecir resultados electorales comenzó hace casi un siglo, cuando George Gallup fundó en 1935 el Instituto de Opinión Pública Estadounidense luego de publicar Una nueva técnica para el objetivo método de medición, ensayo con el que obtuvo un doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Illinois.

El éxito de Gallup se produjo un año más tarde, en la campaña presidencial del demócrata Franklin Roosvelt contra el republicano Alf Landon. Gallup contradijo el resultado que anunciaba el influyente semanario The Literary Digest, que daba a Landon como ganador.
El Digest venía anticipando elecciones desde hacía dos décadas y para 1936 había enviado cartas con preguntas a sus suscriptores, que eran diez millones de personas, lo que equivalía a un cuarto del padrón de entonces. El resultado: Landon obtendría el 56%.

Gallup no tenía inversión por lo encuestó solo a cinco mil personas. Pero introdujo modificaciones: a diferencia del Digest, que recibió respuestas de lectores de medio y alto nivel socioeconómico, abrió su muestra a una mayor representación. Eran tiempos de gran desempleo, por lo que no solo realizó preguntas a personas adineradas, sino también a desempleados. Gallup anticipó que Roosevelt ganaría por el 62%. Y el demócrata logró su reelección.

¿Por qué seducen tanto las encuestas si son tan poco eficaces? 

Las innovaciones de Gallup crearon un momento de esplendor en la sociología del siglo veinte. Pero en lo que va del siglo veintiuno, los sondeos han perdido su capacidad de anticipación. La elección de Donald Trump en Estados Unidos, o el triunfo del Brexit en Gran Bretaña, son tan solo dos de los principales ejemplos de este error.

En los últimos años, el ocaso de las encuestas también llegó a la Argentina: fallaron gravemente en la presidencial de 2019 y cometieron una profunda equivocación en las últimas PASO. En ambos casos causaron un fuerte impacto en la opinión pública porque habían anticipado un resultado inverso al que luego se confirmó en la realidad.

¿Por qué seducen las encuestas si son tan poco eficaces? ¿Por qué deparan semejante atención si han errado tanto? Quizás porque el futuro es impredecible y obtener información de lo que vendrá es reconfortante. No importa si las encuestas tienen tanta rigurosidad científica como la astrología: permiten calmar ansiedades políticas. Y eso tranquiliza a un electorado altamente agrietado en términos ideológicos.

Las encuestas tienen tanta rigurosidad científica como la astrología.

En El voto menos anticipado: encuestas precisas, encuestadores honestos, encuestados preparados, el politólogo Ernesto Calvo explicó que el error total de las encuestas es considerablemente mayor al error muestral que es reportado por los encuestadores. El profesor de la Universidad de Maryland demostró que en tiempos de polarización en los cuales el margen de victoria es menor al error total, los votantes forman expectativas poco realistas de lo que es posible anticipar.

Doce años más tarde de su logro, Gallup tuvo un rotundo fracaso cuando predijo que Thomas Dewey derrotaría a Harry Truman. Truman fue presidente en 1948 pero la empresa que fundó Gallup se convirtió en una de las mayores consultoras del mundo en análisis de opinión pública y todavía sigue haciendo encuestas hasta la actualidad.

Como las que se publicarán ahora en Argentina hasta las próximas elecciones. Anticiparán si Alberto o Cristina salieron fortalecidos o debilitados. Vaticinarán cómo impactará en el electorado la conformación del nuevo gabinete. Adelantarán como quedará posicionada la oposición tras la crisis en el oficialismo. Y anunciarán qué candidatos liderarán las tendencias hasta el 14 de noviembre.

Las encuestas volverán desde esta semana a marcar, nuevamente, la agenda política. No importa el descrédito que arrastran.