martes 21 de septiembre de 2021
COLUMNISTAS JUSTICIA
07-06-2020 01:44
07-06-2020 01:44

Necesitamos un nuevo contrato social

07-06-2020 01:44

La pandemia del Covid-19 visibiliza la dramática injusticia social imperante en el mundo, desde antaño, agudizada a causa del capitalismo salvaje y el crudo neoliberalismo, que nos ha acuciado en las últimas décadas.

Esta asimetría social nos obliga a replantear un nuevo orden social más justo, solidario, redistributivo, inclusivo y equitativo, que respete la dignidad de todas las personas y les permita actualizar todas sus potencialidades.

Las relaciones de los pueblos a lo largo de la historia no se han caracterizado por la concordia o la paz. Lo mismo ocurre con la relación de los habitantes de un mismo Estado nacional, en especial los subdesarrollados, en los que se vislumbra relaciones de sometimiento de los sectores más vulnerables al servicio de los poderosos.

La riqueza se concentra en pocas personas y la pobreza se distribuye en altísimos porcentajes de la población mundial.

Esto genera que las víctimas de siempre estén excluidos de la posibilidad de participar del circuito de bienes necesarios para la subsistencia, que les permitan sentirse reconocidos en su dignidad humana y en sus derechos humanos.

La inequitativa distribución de recursos y oportunidades ha generado que las desigualdades se tornen estructurales, potenciando la exclusión en niveles escalofriantes.

En este contexto, el Covid-19 le saca el velo a la realidad tapada por el poder real y pone en relieve la pobreza existente en los distintos confines de la Tierra.

Por ello el resultado de la pandemia no va a ser distinto de la realidad predominante, ya que participa de las características existentes entre los miembros de las distintas comunidades.

Asusta la magnitud de contagios y muertes entre distintos sectores sociales, pero sin duda alguna, los más desprotegidos son los más perjudicados. Basta con ver lo que está sucediendo en los barrios populares en nuestro país.

Nuestro desafío es construir un orden social más justo y equitativo, que contenga las necesidades de todos los sectores.

Si queremos revertir la dirección de este doloroso diagnóstico tenemos que detenernos a pensar y planificar esquemas distintos a los imperantes, para regir las relaciones humanas.

La tarea no es sencilla. Pero tampoco es imposible. Si hay voluntad es posible.

Se impone que entre todos construyamos un nuevo contrato social. Pero no desde las directrices liberales, sino desde el reconocimiento de la natural sociabilidad humana y del origen y destino universal de los bienes.

La sociedad es impensable desde lo individual. La nueva planificación debe realizarse desde una visión que busque nivelar las históricas asimetrías sociales. Por ello el nuevo acuerdo no puede repetir los errores que nos llevaron al disvalioso presente. Ningún sector social puede quedar afuera de la nueva planificación del orden social.

Llegó la hora de que los “eternos olvidados” dejen de ser convidados de piedra, para pasar a ser constructores protagónicos de un nuevo diseño social.

Esto solo se logra cuando el Estado nacional, que cuenta con las herramientas que brinda la seguridad social, active los instrumentos adecuados para convocar un nuevo contrato social, que dé contenido a la luz de la natural sociabilidad humana a un orden más justo, solidario, y con participación de los sectores más débiles a los beneficios de la sociedad. Para ello se requiere un contenido que brinde igualdad real de oportunidades de vida, que permita a todos los habitantes encontrar un camino de realización.

Sin igualdad de oportunidades, nunca habrá justicia social.

*Fiscal Federal de la Seguridad Social. Magíster en derecho de la magistratura.

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