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Emergencia

Pirubi o libertad

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Principio de mes. Tiempo de pagar los servicios de luz, agua, expensas, y cargar la SUBE. | NA

¿Qué tal un licuadito para arrancar el fin de semana como se debe? Ya, más temprano que tarde, cuando recién comienza el mes, antes de que llegue el día 5. Primero pelamos unas rodajitas de mangos, de los pocos que te quedan después de pagar servicios, luz, gas, agua, alquiler, expensas, cuotas, cargar la SUBE, más las deudas que cada uno tiene pendientes con sus propios sueños. Le añadimos unos restos de deseos reprimidos, un toque de ilusiones vencidas, unos proyectos cajoneados con un poquito de bajón. No hace falta que el ánimo esté por el piso. Metemos todo adentro, como hace el Gobierno, le damos velocidad a la licuadora, y a beber que se chocan los planetas.

Para algo más energizante, que estimule la indignación, la mantenga al menos durante una semana de puteadas, habría que preguntar al bartender cómo se hizo el batido de veinte mil millones que Alberto repartió con sus amigos en la Anses. El blend de políticos, sindicalistas, empresarios, se pone picante. Pega fuerte en la defensa de sus curros. El trago es muy amargo. Sale con imágenes de ayer, noticias de hoy, sesos exprimidos de analistas, baba de periodistas partidarios. Se decora con un jubilado seco bajo una sombrilla.

Si en un par de meses, con el quilombo que dejaron los salteadores, saqueadores seriales, estos mastines que cuidan la poca que quedó, solo ladrando, mostrando los dientes, lograron el déficit cero, ¿cómo no te va a resultar a vos la licuación, liquidación, demolición de todo lo que ganás, tenés, querés, esperás, si sos apenas un humilde laburante. La única mano que en todos estos años metiste en una caja para poder sobrevivir fue en la de los zapatos donde guardabas un pucho en caso de tener que fumarte una desgracia.

Mientras tanto, el chupacirio de Insaurralde se empomaba a todas las Lomas de Zamora, a su vez Kicillof, con el aval de Cristina, recurría desesperado a una de las últimas cajas que les quedaba manotear, la de YPF. A ver si ahora el perro del Presidente, clonado en Estados Unidos, puede licuarles en pesos a los lobos de Trump los dieciséis mil millones de dólares que sumó a las deudas el incapaz gobernador de la provincia de Buenos Aires, responsable de los errores cometidos en el trámite de expropiación de la petrolera.  

La jauría que persigue tira tarascones a ciegas, sin discriminar entre quiénes fueron, ni sabe quiénes son, aplaude a Scioli, denigra a López Murphy, maltrata a Lali Espósito, se burla de las personas con síndrome de down, licua a mansalva trayectorias, honras, bienes, llora en el muro, pero no se lamenta por el dolor que causa, a la vez que se abraza con el Papa, el “maligno en la Tierra”, ¿por qué no investiga ni explica cuánto costó el plan criminal de fotocopiar guita pública para comprar votos con el que Massa empujó al abismo de la pobreza a casi tres millones más? ¿Los perros no huelen el gato encerrado?

¿Me parece a mí o, según lo que vengo viendo, leyendo, te estás quejando otra vez? ¿De qué, ahora? ¿Del paseador, o de los perros? ¿Que no usen bozal? ¿Que se les dio por cagar en la puerta de tu negocio con el Estado? ¿Que no aceptan un hueso? ¿Que no se la llevan en bolsa? ¿Que no dejan dormir? ¿Que chumban todo el día en las redes sociales? ¿Tenés miedo a que transmitan la rabia? Hacés bien. Basta una gota de esa saliva que escupen cuando sienten que tienen a la presa acorralada para contagiar una ferocidad animal, salvaje, casi inhumana.  

No da hacerse el boludo. Más temprano que tarde ibas a tener que entregarte. Después de cuarenta años huyendo de la realidad, perdido en la selva de los relatos, comiendo discursos de mierda, finalmente caíste en manos de los caníbales que persiguen a este país desde hace, ¿cuánto? Obligado a elegir entre uno de la tribu de violadores seriales en masa bajo la consigna “pirubi o muerte”, y el de la otra que te ofrecía “pirubi o libertad”, hiciste la de siempre: trataste de zafar.

¿Sos casto, no casta? Qué pena, amigo, estamos en emergencia, no podemos andar separando inocentes de culpables; el cambio en la Justicia te lo debo. Llevate unos caramelitos junto con la libertad. Toda para vos.

Pero antes, unos añitos más de pirubi.

* Periodista.