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COLUMNISTAS / Opinion
domingo 23 junio, 2019

Qué piensa Lavagna. Qué pasó con la tercera vía

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por Jorge Fontevecchia

Roberto Lavagna. Foto: Marcelo Aballay

“Habremos de ser lo que hagamos con aquello que hicieron de nosotros.”

(Jean-Paul Sartre)

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El padre del existencialismo también expresó el mismo concepto diciendo: “Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”. No se aceptan quejas, tenemos la responsabilidad de ejercer nuestro libre albedrío, porque siempre somos libres de hacer con nosotros algo con lo dado. “Aquello que cada uno de nosotros es, en cada momento de su vida, es la suma de sus elecciones previas, el hombre –agregó Sartre– es lo que decide ser.”

Pichetto no habría ido con Macri, ni Cristina a la vicepresidencia de su fórmula si cada uno hubiera jugado diferente.

¿Y qué decidió ser Lavagna en esta campaña? ¿Cuáles fueron las elecciones previas que lo depositaron en este hoy político? ¿Qué hizo con lo que otros hicieron de él? Ya sea Schiaretti, Massa o Pichetto, porque ese es su orden de causalidad y responsabilidad sobre los hechos que él asigna.

Para Lavagna, Schiaretti siempre prefirió que Macri fuera reelecto a que lo fuera cualquier peronista, K o no K, porque: 1) con Macri tiene una larga relación de confianza de cuando trabajó para Fiat; 2) Macri, al no ser peronista, precisa más a Schiaretti de lo que lo precisaría un presidente peronista; 3) Macri será su aliado en el gobierno nacional para mantener el statu quo que le garantice sus últimos cuatro años como gobernador (cumplió 70 años esta semana) sin sobresaltos económicos en una provincia que tiene el sistema previsional con la mayor proporción de jubilaciones aventajadas del país y requiere esfuerzos mantenerlo en un mundo donde la tendencia previsional va en sentido contrario.

Para Lavagna, Alternativa Federal “nunca existió”, fue “un invento” del multioperador político y dueño de la consultora Management & Fit, Guillermo Seita, quien en sus oficinas del piso 21 de Avenida del Libertador al 600 organizó el 27 de octubre pasado la foto bautismal entre Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Miguel Angel Pichetto. Seita tiene a Schiaretti como cliente longevo porque vino asesorándolo en todas sus campañas y se conocen desde comienzos de los 90, cuando ambos fueron funcionarios de Menem. Lavagna, con la paranoia que caracteriza a muchos economistas entrenados para encontrarle a todo una causa, cree que Alternativa Federal fue inventada para obturar su propia candidatura, dividiendo el espacio de la tercera vía que él había comenzado a encarnar, para impedirle concentrar en su figura todo el descontento que había con la polarización y con el objetivo final de desmembrarla para evitarle a Macri que parte del voto anti Cristina no fuera a él.

Dos “pruebas” que le atribuyen a Lavagna en su argumentación son que la primera foto de Schiaretti tras ganar las elecciones fue yendo a ver a Macri y que, habiendo quedado despejado el espacio para Juan Manuel Urtubey y, después de la mayor demostración de fidelidad del salteño con Alternativa Federal al rechazarle a Macri la oferta de ser su vicepresidente, aun así Schiaretti no lo apoyó como candidato presidencial del peronismo no K y prefirió ir con boleta corta dejando a Urtubey sin más alternativa que sumarse al armado de Lavagna. Entre sus íntimos, Lavagna remarca que los periodistas Marcelo Bonelli y Antonio Laje, de medios con distintas tendencias, coincidieron en decir “al final Lavagna tenía razón” al ver que los candidatos de Alternativa Federal fueron cooptados por ambos bandos de la grieta. Magro consuelo.

Así como Lavagna siempre pensó que Schiaretti jugaría para Macri, siempre pensó que Sergio Massa, una de las personas que más lo conocen, se iba a ir con el kirchnerismo y que la mayoría de los participantes de la foto en la oficina de Seita la hacía para, llegado el momento, negociar mejor con Macri o con Cristina, cobrando más por su pase. Lavagna no es original: la sospecha sobre Massa estaba instalada en el círculo rojo por el propio asesor de Sergio Massa, el consultor español Antoni Gutiérrez-Rubí (equivalente al Duran Barba de Macri o al Seita de Schiaretti), quien vino repitiendo en todas las redacciones desde enero pasado que el futuro de Massa debía estar con el kirchnerismo porque con el 10% de caudal de votos que podría preservar conseguiría más diputados, nacionales y provinciales propios, negociando con el kirchnerismo que en la tercera vía. Y si no era el turno de ser presidente en 2019, para quedar posicionado para 2023, mucho más importante que ser precandidato en 2019 y perder era obtener la mayor cantidad de legisladores para, con ellos, construir los “fierros” (cargos en puestos con presupuesto) que le permitieran mantener una estructura de sostén para una nueva ofensiva en 2023.

En el fondo, Lavagna, aunque no sea solo para él mismo sino para su hijo y allegados, está haciendo lo mismo con su candidatura. Sabe que no podrá ser presidente pero aspira a que el mismo número mágico de Massa, 10%, de alcanzarlo, le permita colocar una representación legislativa que sirva de base para mantener a su sector como actor político razonablemente relevante, algo similar a lo que vino haciendo Massa desde 2013.

Más allá del orden de causalidad, cada uno de los actores respondió racionalmente maximizando sus beneficios frente a los incentivos del contexto. Pero también todo podría haber sido distinto. Si Lavagna hubiera aceptado desde el principio participar en internas de Alternativa Federal, quizá le hubiera hecho más difícil a Massa irse con el kirchnerismo y a Schiaretti, si fuera cierto que no tenía mucha voluntad de impulsar Alternativa Federal, tener que sacar fuerzas y correr el riesgo de enfrentarse con Macri pasando a ser el primus inter pares de los gobernadores peronistas no K, quienes podrían haber preferido que el kirchnerismo no regresara porque ya demostró ser muy unitario en la distribución de los ingresos nacionales a las provincias, y si ganara Macri porque no podría ser reelecto en 2023 o Lavagna porque al fin del período presidencial tendría 81 años, podrían aspirar los gobernadores más jóvenes a ser ellos futuros presidentes, mientras que si ganara el kirchnerimo, tendría la posibilidad de dos períodos presidenciales seguidos si le fuera bien.

Massa busca ahora lo mismo que Lavagna: tener el mayor número de legisladores para seguir teniendo peso.

“Los cambios suceden por el lado que uno menos espera, y es eso lo que los vuelve cambios genuinos. Es una ley fundamental de la realidad. Cambia otra cosa, no lo que uno esperaba. (...) Las expectativas de cambio se construyen alrededor de un tema, pero el cambio siempre es cambio de tema”, escribio César Aira para fines distintos a la política pero altamente aplicables a ella.


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