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Quién gobierna

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Con su estilo, Cristina Fernández de Kirchner volvió a poner su granito de arena en la descomposición continua de la coalición de gobierno. No es la única, claro. Sí la mayor responsable, al ser “la madre de la criatura” que es el FdT, pese a autocelebrar cada decisión que tomó, aun aquellas de las que se arrepiente en privado.

Lo hizo esta vez desde el Chaco y sin siquiera mencionar por su nombre al Presidente, que un ratito antes, en un acto en Tierra del Fuego, había hecho su enésimo y hueco llamado a la unidad. Los casi 4 mil kilómetros que separaban las palabras de Alberto Fernández y la vicepresidenta resultan una analogía perfecta de otras distancias que hay entre ambos.

No se intenta aquí abordar las chicanas que en on y en off se dirigen las principales cabezas del frente gobernante. Importa más cómo impacta esta puja de poder (no es precisamente un “debate de ideas”, como dijo CFK) en un gobierno que se degrada a sí mismo en medio de una angustia social tan creciente como peligrosa.

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CFK queda a cargo del Ejecutivo, simbólicamente, justo en una semana de fuego

Convendría que Alberto y Cristina leyeran lo que escribió unas horas antes de sus discursos el principal consultor político-electoral del FdT. “Vivimos en la era del reproche. Justificar los propios actos en función de medirlos o compararlos con los de otros es una tentación constante (…) La idea es desviar la atención sobre el tema en cuestión (y nuestra implicación o responsabilidad en él), que incomoda y nos pone en la cuerda floja, acusando de manera instantánea a la otra parte con argumentos que pueden tener una gran dosis de irrealidad e hipocresía. Se trata de sustituir el debate razonado y objetivo por un cinismo autoexculpatorio”. El español Antoni Gutiérrez-Rubí publicó esto el jueves en el diario La Vanguardia, de su país.

Los reproches públicos y reservados entre el Presidente y la vicepresidenta no solo alimentan la comidilla periodística o del círculo rojo. Sobre todo afectan el sistema de toma de decisiones de una gestión que requiere más que nunca velocidad y coherencia.

Logra el propósito inverso que se trate de vender como ejecutividad y armonía de equipo, como sostuvo sin ponerse colorado Juan Manzur, una tempranera reunión de Gabinete. O que se diga que el encuentro de Alberto F con Sergio Massa (tras este reunirse con Cristina) estaba previsto, cuando por esa razón el Presidente pegó el faltazo al acto en el que Volkswagen anunció una inversión en Argentina de US$ 250 millones.

Otras señales agravan estas contradicciones que paralizan y desalientan a propios y ajenos. Con Martín Guzmán como objetivo, el kirchnerismo impulsa desde Diputados adelantar el aumento del salario mínimo y desde el Senado otra moratoria jubilatoria. Hay más iniciativas del mismo estilo en estudio. ¿El parlamentarismo al poder?

Aupado por el empresariado, temeroso ante lo que puede venir si se va, el ministro de Economía intenta surfear los embates como puede. Ya que Alberto F no le permite desplazar al cristinista Federico Basualdo, apartó al funcionario de las audiencias claves para aumentar las tarifas y quitar subsidios a la energía eléctrica y al gas. Un paso central en el acuerdo con el FMI, cuya marcha será monitoreada esta semana desde Washington.

Guzmán seguirá el tema tal vez subido al improvisado viaje presidencial a Europa, que está todavía en proceso de armado. Se entiende más que se intente dar un respaldo político al jefe del Palacio de Hacienda que a los resultados concretos que se aguardan de este nuevo periplo.

Se explica, además, por la necesidad de tomar distancia e imponer agenda ante una semana de fuego. A las audiencias por las tarifas y la supervisión del FMI ya mencionados, se suma que el jueves 12 el Indec dará a conocer la alta inflación de abril (que coronará un cuatrimestre récord) y que movimientos sociales de todo el país concluirán en Plaza de Mayo una megamarcha de protesta.

Todo esto sucederá con el Presidente en Europa y con la vicepresidenta a cargo, simbólicamente, del Poder Ejecutivo. No se hagan los rulos.