Justo en los días en que los ministros y funcionarios evitaron la consulta pública, eludieron eventuales preguntas y hasta se clausuró la sala de periodistas de la Casa Rosada, disminuyó el hervor del caso Manuel Adorni. Aunque el agua sigue hirviendo. Nunca hubo tanto silencio desde la cúpula gubernamental como en esta breve etapa. Coincidió, sin embargo, con un suspiro que produjo el juez Rafecas, soslayando cualquier irregularidad jurídica por el viaje de la esposa del jefe de Gabinete en el avión presidencial y la sensación, también en los tribunales, de que será difícil condenar al exvocero Adorni por haber contraído deudas. Saldo probable del proceso.
Sin embargo, el esquive futbolístico de ministros y funcionarios a cualquier interrogatorio para no responder posibles preguntas que aludieran a Adorni explica el temor a enlodarse en un escándalo que orilla la Justicia, pero más responde al agujero negro de la política, a la maravilla que puede alcanzar el marketing de la oposición frente a las torpezas comunicacionales del Gobierno y del propio imputado. En las últimas horas, solo Javier Milei y su hermana han asumido defensa y ataque en el caso; ambos estarán en el palco de Diputados este miércoles para acompañar la exposición de Adorni y contestar un condensado de más de 4 mil preguntas con una popular que se parecerá a la de Boca en su mejor momento. Si se pudiera ingresar y pagar entrada, habría más ciudadanos que los que acompañan a Colapinto este domingo en Palermo.
Delirios argentinos, otra pérdida de tiempo lo del controvertido Adorni, dispuesto al milagro del “levántate y anda” del Nazareno o, más poéticamente, a la belleza del bardo peruano César Vallejo: “Al fin de la batalla / y muerto el combatiente vino hacia él un hombre / y le dijo: ‘¡No mueras, te amo tanto!’ / Pero el cadáver, ¡ay!, siguió muriendo”. Al menos, para las elecciones porteñas del año próximo, Adorni ya no será candidato, en el mismo territorio que lo ungió ganador. Otras consecuencias se ignoran, habrá que esperar al miércoles.
Si la política revistiera cierta lógica, la heredera natural para ese cargo porteño será Patricia Bullrich, quien antes del escándalo ya convocaba más adhesiones que Adorni. Y cierta amenaza implícita al recitar que ella no iba a jubilarse en el Senado, por si la querían endosar como segunda de Milei en la reelección. Era un carro mortuorio, sea como legisladora o como vicepresidenta de Milei si se armaba esa fórmula para 2027.
De repente, sin embargo, cuando las piezas comienzan a encajar ante la resurrección imposible de Adorni en la Capital y se destaca el ascenso de Patricia, apareció Paolo Rocca, de Techint, cenando con Mauricio Macri y, varios días después de la entrevista gastronómica, trascendieron al menos dos comentarios atribuidos a Rocca: 1) se vuelve necesario, para la salud política del país, que el PRO y Macri mismo reiteren su vocación de poder y se anoten para la lidia de 2027; 2) aceleró luego el empresario preguntando o reclamando al expresidente que se piense como alternativa “razonable” para esa fecha, idea que infinidad de veces rechazó el ingeniero “por lo que sufrí en esa gestión, por los dolores de cabeza que me produjo y la cantidad de noches que pasé sin dormir”.
Parece que esa travesía maldita, no obstante, quiso repetirla cuando se presentó a la reelección y perdió. El tiempo todo lo borra.
Una conclusión implícita para Rocca en la reunión, atento a sus negocios y al sector que representa –la industria–, es la búsqueda de una racionalidad de la que en apariencia carece Milei, y que en su caso afecta y desborda la doctrina empresaria de la familia basada en un concepto a favor de los emprendedores, cuyo abuelo Agostino siempre repetía en favor de aquellos que se satisfacían con la materialización de un producto en lugar del imperio de las finanzas. Como se sabe, esa teoría fue impulsada por Luigi Einaudi, uno de los expresidentes de Italia en la Segunda República, mentor del iniciador de Techint luego de la Segunda Guerra Mundial y con más de 50 años encima.
Hoy Paolo, en su cercanía a Mauricio y en su rabia con Milei, hasta olvida los sufrimientos que padeció en la administración del PRO, entre ellos el propósito de importar tubos del exterior por parte del hermano del alma de Mauricio, Nicky Caputo (que impidieron realizar un oleoducto hoy imprescindible), y el lanzamiento del Plan Gas, entre otras lindezas. Todo dinero, claro. Como ocurre con Milei.
Ya es público que Mauricio visitará provincias tratando de renacer al PRO y a sí mismo antes del Mundial, para luego observar la conducta ordinal a seguir: el fastidio contra Milei se ha multiplicado, pero no lo confiesa en público –dice que se debe continuar su rumbo, con lo cual lo considera apartado luego de 2027– y susurra que tal vez Guillermo Dietrich podría representar al partido como candidato en las elecciones próximas. Ni él parece creerlo.
Pero se envanece con propuestas como las de Rocca, a pesar de que las familias tuvieron fuertes encontronazos en el pasado. Claro, Franco Macri era un peleador en todas las canchas. Como Mauricio es un gambler que solo gusta de ganar (como el último título en bridge que lo depositará en Aruba el año próximo para el mundial de su categoría), habrá de esperar la evolución de los acontecimientos económicos y políticos en el país.
Mientras no se corrija la opinión pública sobre él –también la de sus propios voluntarios, que lo ven evanescente para evitar otra calificación– y que hasta el propio Infantino, de la FIFA, a menudo se queja a pesar de quererlo, el ingeniero aguarda la erosión costanera y de los vientos que liquidan piedras y mueven la tierra. Juega a que esos fenómenos lo favorezcan; solo así pensará en competir. No reúne las características del renacido.
De ahí que aparezca el nombre de Patricia Bullrich, en la mente y conveniencia del círculo rojo que integra Rocca, como otra variante o postulación para 2027. Curioso: en dos meses, la dama saltó dos casilleros. A ella, quizás, no le alcanza ahora con uno. Ninguno de ellos, sin embargo, disfruta del favor de alguien que le hizo un aporte inestimable a la Argentina de 18 mil millones de dólares y cuyo destino tal vez se comprometa en las elecciones norteamericanas de medio término, en noviembre. Pero si le va bien, a las figuras locales les será difícil enfrentar el portaaviones Milei.