jueves 06 de octubre de 2022
COLUMNISTAS Opinión

Superministro de facto

07-08-2022 01:30

La definición de gobierno de facto proviene de la conjunción de las palabras que en griego definen “gobernar” (kybernaein) y en latín denominan “hecho” (factum). Gobierno de facto es, por lo tanto, un gobierno de hecho. Gobierno de facto es, por lo tanto, el gobierno que empezó a ejercer esta semana Sergio Massa. De esa manera, el Frente de Todos acaba de iniciar una particular alquimia política: Massa se ha convertido en un superministro de facto.

Es cierto que el gobierno de facto se establece, según la bibliografía especializada en ciencia política, luego de la irrupción de un golpe de Estado. Se trata de gobiernos que asumen el poder tras un violento derrocamiento del mandatario elegido en las urnas.

Está claro, no es el caso de lo que acaba de ocurrir en la Argentina.

Pero los expertos en teoría y filosofía política advierten que un gobierno de facto también puede iniciarse cuando se evidencia un vacío de poder. En este caso, el gobierno surgido democráticamente no puede ejercer su mandato por algún motivo de fuerza mayor, entre los que aparecen, la falta de pericia o la impotencia para dar respuesta a los desafíos que debe enfrentar.

Este es el caso, sin duda, de lo que acaba de ocurrir en la Argentina.

El Frente de Todos inventó una alquimia política: un superministro de facto.

Hay otra diferencia mayor y fundamental con los gobiernos de facto que irrumpen contra el sistema constitucional: una dictadura es ilegal, porque aunque ejerce el poder por la fuerza, no está reconocida ni avalada por una norma jurídica.

En cambio, el gobierno del superministro de facto que ahora inicia Massa es legal, no quedan dudas, ya que no se sostiene por el uso de la violencia. Pero su legitimidad depende de la delicada relación de poder que ofrece la precaria alianza oficialista establecida entre Massa, Alberto Fernández y, fundamentalmente, Cristina Kirchner.

Se trata de un endeble equilibrio que ha complicado más de lo que ha favorecido a la gobernabilidad del Frente de Todos desde el mismo momento en el que se inició la alianza panperonista.

La razón de ser del nuevo gobierno radica en el imperioso éxito de la política económica, que ya fue asumida sin titubeos por Massa. Mientras que el Presidente parece haber quedado reducida a otros asuntos de Estado, quizá más formales o protocolares. En tanto que la prioridad de la vicepresidenta seguirá depositada en la agenda judicial.

Entre Massa y Alberto se estaría dando, en este curioso antecedente, una relación similar a la que se produce en los sistemas políticos del parlamentarismo europeo, en los que el jefe de Estado es el presidente, que tiene a cargo, por ejemplo, las relaciones exteriores, mientras que el jefe de Gobierno es el primer ministro, que decide sobre la verdadera gestión del oficialismo.

De este modo, Massa se ha convertido en el particular caso de ser el primer primer ministro en un país presidencialista.

Massa es el primer primer ministro en un país presidencialista.

Es que las decisiones que ahora dependen de Massa lo colocan en el lugar de hombre de Estado que debe arbitrar sobre cuestiones ejecutivas en las que ha asumido un control absoluto. Sólo con reparar en la batería de políticas que presentó el nuevo superministro esta semana se advierte que se trata de medidas propias de un titular del Ejecutivo.

Entre ellas se destacan las principales cuestiones de ordenamiento del sector público. A saber:

-Política fiscal: se cumplirá la meta del 2,5 de déficit establecida por el Presupuesto, no se utilizarán Adelantos del Tesoro por lo que resta del año y regirá el congelamiento de la planta del Estado.

-Política energética: se aplicará el fin de los subsidios a cuatro millones de hogares argentinos y se impulsará menor subsidio para los hogares que más consume, que se calcula en otros cinco millones.

-Política de balanza comercial: se promoverá regímenes especiales para los sectores de agroindustria, minería, hidrocarburos por aumento de producción, y de economía del conocimiento.

-Política de reservas: se propulsará el adelantamiento de exportaciones de las cadenas de valor de la pesca, del agro, de la minería y se impulsará el desembolso de nuevos créditos internacionales por 1.200 millones de dólares.

-Política social: se impulsará un nuevo índice de movilidad jubilatoria y se auditarán todos los planes sociales para reorientarlos hacia el trabajo formal.

El programa de Massa se parece al programa de gobierno de un presidente electo.

El esquema que impulsa Massa se asemeja demasiado a un programa de gobierno de un presidente electo. El nuevo plan sostiene en cuatro ejes legislativos, que fueron impulsados durante el massismo bajo la presidencia de Diputados. Son iniciativas que buscan dar un urgente shock de impulso a la economía. A saber:

-La Ley de Fomento al Desarrollo Agroindustrial, que busca generar una mejora en la relación entre el justicialismo y el campo, el principal generador de divisas extranjeras.

-El Programa de Normalización para Reactivar la Construcción Federal Argentina, que intenta consolidar proyectos inmobiliarios a través de un blanqueo de capitales.

-El Proyecto de Promoción de la Industria Automotriz, que pretende acelerar el complejo siderúrgico a través del sector automotriz, que presenta un escenario muy complejo.

-El Régimen de Desarrollo y Producción de la Biotecnología Moderna, que aspira a apuntalar al sector tecnológico, que podría ser clave en el ingreso de dólares.

Según el Grupo de Investigación de los Gabinetes Argentinos (GIGA), que elaboró un interesante paper producido en el marco de un Proyecto UBACyT, Massa se ha convertido en el 133º ministro de Economía y las anteriores gestiones tuvieron una duración promedio de 446 días.

Si Massa logra sostenerse un año y dos meses, como la media de sus antecesores, estará en condiciones de competir seriamente en 2023 por una candidatura presidencial. Si no lo logra, su superministerio de facto habrá finalizado.

Y también será el epílogo del Frente de Todos.