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Terror y fiesta

Google es Dios: todo lo ve, es invisible, omnipresente y técnicamente todopoderoso. Igual me escapé al mundo offline, donde un grupo de artistas pintaban un mural en Proa21, un hermoso jardín en La Boca.

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Un grupo de artistas pintaban un mural en Proa21, un hermoso jardín en La Boca. | Gentileza: www.proa.org

Google es Dios: todo lo ve, es invisible, omnipresente y técnicamente todopoderoso. Igual me escapé al mundo offline, donde un grupo de artistas pintaban un mural en Proa21, un hermoso jardín en La Boca.

Era una performance en homenaje al Trío Locson, que en los años 80 supo telonear a Sumo pintando en vivo en míticos sótanos porteños como el Café Einstein. A cargo de Nahuel Vecino, una magnífica Polifema tocaba un keytar cumbiero. Rafael Bueno (ex Locson) pintaba exultante; en un extremo, Juan Becú desataba sus instintos vegetales en un augusto árbol que comenzó a grondonizarse; Vicente Grondona contaba con pequeños ayudantes, Reinaldo y Atilio, que crearon azules sombras ominosas. Agustina Paz entonaba canciones sobre montañas y Claudia Zemborain pintaba las siglas MAJO en honor a Okner, fallecido Locson; hacia el final, un poema breve explotó en pleno cuadro, por Javier Barilaro: terror y fiesta.

Cuando Locson pintaba en 1982-1983, terror y fiesta eran eventos separados: la dictadura terminaba y la fiesta de la democracia comenzaba

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Cuando Locson pintaba en 1982-1983, terror y fiesta eran eventos separados: la dictadura terminaba y la fiesta de la democracia comenzaba. Ahora, terror y fiesta conviven, se pintan uno dentro del muro de Facebook del otro. El terror de unos es la fiesta de otros: que la “derecha terrible” triunfe mientras la “izquierda iluminada” se rasga las vestiduras es un detalle. Es simplemente la prueba de funcionamiento de la maquinaria.

En la reescritura del mito que hace Nahuel Vecino, Polifemo ya no es un ogro barbudo: ahora es una bella señorita cíclope. Polifema ha capturado a los Argonautas; con el plan de liberarlos, Ulises entra en su casa declarando que se llama Nadie; así, cuando le clava una estaca en su único ojo, ella gritará “¡Nadie lo hizo!”. Ciega, Polifema acaricia los lomos de sus ovejas que salen a pastar, sin percibir que debajo de sus lomos suaves Ulises y sus hombres escapan. Nosotros también escapamos: nadie lo hizo, todos lo hicimos. Escapamos como ovejas, solo que no podemos salir.