El bloque de la Unión Cívica Radical votó íntegramente a favor de la aprobación en general de la Reforma Laboral propuesta por Milei. Incluso lo hizo en artículos criticados previamente por el propio partido, como ser la derogación del Estatuto del Periodista. Esta situación obliga a preguntarme: ¿a quién le corresponde la soberanía de la banca? Del intento de respuesta a este pequeño y gran interrogante son las líneas que siguen.
Mucho se habla de la crisis de representación político, incluso es un argumento sutil para explicar el surgimiento de Milei. En un excelente artículo de la Revista de la SAAP, titulado “La politización antipolítica. Análisis del fenómeno de Javier Milei” las autoras analizan el fenómeno Milei y algo que se viene dando en todo el mundo que es la “antipolítica”. Justamente, se plantea que “como sentimiento es difuso, es menos racional y articulado que el discurso estratégico, pero es un tipo de emoción que convive con las democracias contemporáneas”. Este puede que sea el puntapié inicial para entender el estado crítico en que se la democracia liberal.
¿Y la UCR? ¿Le podemos exigir más? Pues bien, el simple hecho de ser el partido más longevo de Argentina nos permite exigirle mucho más que a otros partidos. Además, desde su constitución siempre fue un partido (en sus inicios movimiento) que peleó a favor de la democracia, desde una mirada liberal y progresista.
Siempre tuvo en sus genes la necesidad de elecciones libres y transparentes. Con el tiempo se fue constituyendo en la principal opción política de la clase media, pero siempre con una mirada de respeto y apoyo a los sectores populares.
Y si de derechos laborales se trata, hay dos, entre tantos, que son póstumos: la Ley 11.544 de “Jornada de ocho horas”, sancionada en el Segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen, y el Artículo 14 BIS cuya autoría había sido de Crisólogo Larralde. Ambos fueron categóricamente vapuleados por la Reforma Laboral que aprobó íntegramente el bloque de 10 senadores radicales.
De esta manera, estamos en condiciones de ingresar a un debate en términos éticos, pero que podría llegar a tener también consecuencias punibles. En un partido con una amplia y basta bibliografía y doctrina, ¿puede permitirse que sus “representantes” voten contra los principios partidarios?
Por supuesto que estarán los que piensan que los partidos políticos actuales, “atrapa todo” como definimos en la Ciencia Política, la doctrina suele quedar a un lado en la práctica siempre que se consiga votos o crecimiento de poder. En este caso entonces sería por la necesidad de gobernadores radicales de recibir prestaciones por parte del gobierno nacional a cambio de aprobar reformas parlamentarias sin ningún tipo de tapujo.
No soy inocente ni iluso, pero sí creo que el partido político debe anteponer sus principios por encima de las necesidades de turno. Sino pasa a ser un partido más, un partido mercenario que se vende al mejor postor. Pero estoy seguro de que son muchas y muchos los radicales que no militan ni están afiliados simplemente para ser un sello con descuento.
Claro está también que la calidad de los representantes en general es paupérrima. La Senadora por Santa Fe Carolina Losada dijo en el recinto: “No hay nada más esclavo que trabajar en blanco”. Este tipo de furcio es como el chiste que es más serio que gracioso. Como el papelonezco rol de senador correntino Vishi con el apoyo al veto por la Ley de Financiamiento Universitario, otro punto donde los representntes violaron la doctrina partidaria. Y ni hablar lo sucedido con el Estatuto del Periodista donde públicamente se manifestó una posición y luego se votó lo contrario.
Es cierto que este tipo de declaraciones y de dirigentes mediocres y habla mucho del momento que vivimos. Pero entonces cabe preguntarnos, ¿seguiremos sumergidos en la mediocridad y resignación o tenemos la obligación moral de reaccionar? Pues claramente me inclino por la segundo, una y otra vez.
Por momentos me pregunto qué hubiesen hecho dirigentes radicales como Balbín, Alfonsín, Illia o Larralde en una instancia así. Honestamente me genera estupor la respuesta.
Luego del papelón que hicieron, en la historia lamentablemente quedará documentado que la Unión Cívica Radical apoyó la Reforma Laboral propuesta por un gobierno neoliberal, neomenemista, populista, de extrema derecha y anti obrero. Esa es una mancha más que lamentablemente tiene el partido centenario. Es un golpe muy duro a la moral, porque para colmo estos senadores y muchos diputados (devenidos “pelucas”) no se cansan de manchar la historia de un partido político noble.
Con lo cual, llamo sin lugar a dudar a reaccionar, a denunciar por delito moral el accionar canallesco de estos senadores. Estoy seguro que no soy el único y la lucha tiene que empezar de una vez, con formación, educación, respeto y democracia contra la tiranía populista que no solo está representada por Milei y sus aliados, sino que forma parte de dirigentes que dicen llamarse republicanos, demócratas y radicales.
(*) Analista Político y Profesor Universitario en UBA, UCALP y UNAB.