viernes 20 de mayo de 2022
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21-01-2022 23:55

Usted tiene la palabra

21-01-2022 23:55

Había un solo cajero disponible, la espera iba a ser larga. Inevitable entablar conversación con la señora que estaba delante de mí. Me explicó, primero, cómo hace el pan dulce, para hablar luego de temas más serios: un fibroma de juventud que le impidió tener hijos, quedar viuda de un día para otro, pasar una década viviendo sola en la que, sin su psicoanalista, la ausencia del amado “hubiese sido imposible de aguantar”. Al volver a casa, reproduje algo de lo que dijo ante un auditorio poco entusiasta, seguramente harto de los diálogos importados de la cola del banco o el pago fácil. 

Me explicó, primero, cómo hace el pan dulce, para hablar luego de temas más serios

Interrogar desconocidos me gusta desde siempre. Cuando era chiquita, algunos amigos de mis padres me apodaron “la enana” porque “una nena de su edad no habla así, no hace esas preguntas de adulto”. Una supuesta superioridad lingüística que en rigor no fue confirmada por mucha más gente, pero sí compensada (en un mal sentido) con la falta de maña para varias cosas relacionadas a la expansión física; alcanza apuntar que no aprendí a andar en bicicleta. Mucho después me hice periodista, oficio que incluye, si se hace bien, intentar tener el don de la palabra. Hice y hago crónicas, columnas, pero las entrevistas son la mayor fuente de placer. Entrevistando conocí nuevos amigos, obtuve halagos que me envanecieron y pagué cuentas, que tantas veces es lo que más me importa. Tal vez, la habilidad para hablar que mentaban los adultos de mi niñez tenga más que ver con cierta capacidad inquisitiva y con poder escuchar respuestas que con cualquier otra especulación. Se ve que en algún momento temprano de la vida advertí que la gente, en general, prefiere ser escuchada a escuchar. Nada nuevo. Stevenson se extiende sobre eso con mucha gracia en su ensayo Conversaciones y conversadores. Más que oratoria, lo mío, en definitiva, es vagancia: se reduce a hacer preguntas y quedarse en el molde para que el otro haga todo el trabajo.