En tiempos de hiperconectividad y saturación informativa, la política ya no compite solamente contra otros candidatos. Lo hace contra el celular, las redes sociales, el trabajo, el entretenimiento y los problemas cotidianos. Para Daniel Ivoskus, consultor político y presidente de la Cumbre Mundial de Comunicación Política más influyentes de la región, ese cambio obliga a repensar completamente la lógica de las campañas electorales.
En diálogo con Perfil Córdoba, el especialista sostiene que el éxito político hoy depende de captar la atención en un escenario dominado por la emocionalidad. En ese contexto analiza el fenómeno de Javier Milei, la dinámica electoral del oficialismo y la paradoja que atraviesa a la oposición: la ausencia de un candidato claro todavía puede jugar a su favor.
—En el contexto actual, ¿cómo se logra hoy captar la atención de la gente para que escuche a un candidato?
—Hoy te diría que prácticamente todo es emocionalidad. Es mucho más fuerte la emocionalidad que la racionalidad. Que una persona te preste atención depende de que logres conectar con lo que le está pasando a esa persona. Y para conectar necesitás algo que para mí es fundamental en los tiempos actuales: ser disruptivo y que la gente te quiera escuchar.
—¿Por qué es tan importante esa disrupción en una campaña?
—Porque hay una idea equivocada en la política. Se cree que cuando hacés una campaña electoral competís contra otros candidatos. Es decir, hacés mejor campaña que el otro y te va mejor. Pero eso no coincide con cómo funciona hoy la atención ciudadana. Cuando quiero captar tu atención compito contra tu WhatsApp, contra las redes sociales, contra la televisión, la radio, la prensa escrita, contra los problemas de tu hijo, tu trabajo, el entretenimiento o el partido de fútbol. Compito contra todo eso. Entonces el primer desafío es lograr que me escuches. Si no me escuchás, por más buen spot que haga no sirve de nada. Por más polarización que quieras armar, tampoco lo vas a lograr.
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—¿Eso hace más difícil que una campaña realmente cambie un resultado electoral?
—Claro. Cuando empezás a entender esa lógica te das cuenta de que es mucho más difícil de lo que muchos creen hacer una campaña que incida verdaderamente en el resultado electoral. Podés hacer campañas muy lindas y después la gente va y vota como iba a votar igual. El desafío es cómo lográs generar quiebres. Las encuestas son una fotografía de un momento. El desafío de un líder y de una campaña es que la encuesta de mañana te dé mejor que la de hoy.
—Desde el inicio se dijo que Javier Milei interpretó muy bien el cambio de época. ¿Lo ve así o cree que se fue dando y Milei se acomodó bien?
—Creo que hay dos cosas que explican el surgimiento exitoso del proyecto Milei y la primera es el contexto: si Mauricio Macri lo hubiera hecho bien y si el gobierno de Alberto Fernández lo hubiera hecho bien, no hubiera existido Milei. Cuando los dos principales partidos lo hacen mal, dejan espacio para que la sociedad pruebe algo nuevo. Algo parecido pasó en México. Andrés Manuel López Obrador pierde contra el PAN, pierde contra el PRI y gana la tercera vez. ¿Qué pasó? ¿Se volvió mejor López Obrador? No. Lo hicieron pésimo el PAN y el PRI y la sociedad decidió probar con otra opción.
—¿Y el segundo factor?
—Milei cumplió al pie de la letra lo que dicen todos los manuales de campañas electorales modernos. Absolutamente todos. Los manuales dicen que tenés que ser genuino, que no tenés que disfrazarte de político, que tenés que ser disruptivo, que tenés que animarte incluso a pasar por ridículo si hace falta, que tenés que generar conflicto en la sociedad. Milei hizo absolutamente todo eso.
—¿Y qué fue lo que no hizo?
—No hizo lo que dicen los políticos tradicionales: tener estructura en todo el país, juntar millones de dólares para la campaña o evitar riesgos. El manual del político tradicional incluye el miedo al riesgo. Milei no. Milei viene a la curva y acelera.
—¿Ese estilo sigue presente hoy en el gobierno?
—Desde que Milei gana la elección pasan distintas etapas y el gobierno se va acomodando a la coyuntura. Pero hay elementos que siguen siendo centrales. Primero, la necesidad de tener un enemigo. El kirchnerismo sigue cumpliendo ese rol. Segundo, la narrativa económica: la idea de que saben lo que están haciendo y que ésta es una oportunidad histórica para la Argentina. Y tercero, el discurso contra la política y la casta. Esos tres factores fueron los que lo hicieron ganar.
—¿Por eso dice que el gobierno ya está en modo campaña?
—Sí. Me da la sensación de que están tratando de retomar la iniciativa con esos mismos ejes. Si mirás el discurso político y la discusión sobre reforma electoral o eliminación de las PASO, todo tiene una lógica electoral. Además, después de bajar la inflación, Milei necesita crear un enemigo y lo primero que hace es tratar de traer a la escena a Cristina Kirchner, pero no sé si le alcanza. Lo peor que le puede pasar a un gobernante es llegar a un proceso electoral y pelearse con el aire, tirando piñas para todos lados. Por eso yo afirmo que esa es, justamente, la gran ventaja de la oposición: que aún no tiene candidato.
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—O sea que puede pasar un tiempo más sin candidato opositor.
—Yo creo que el que pueda terminar siendo candidato por ahí hoy ni siquiera está en la escena política. Está todo abierto y depende de muchas variables: si la economía funciona o no, si la gente tiene plata en el bolsillo, si hay escándalos, si aparece un mecanismo para ordenar la oposición. El gobierno además va a intentar que no se unifique la oposición. Le conviene que haya muchas opciones en el cuarto oscuro.
—¿Es muy prematuro hablar de candidatos?
—Totalmente. Si mirás los últimos procesos electorales, Alberto Fernández apareció como candidato pocos meses antes de la elección de 2019. Y si mirás a Milei, en 2021 sacó 16 puntos en la elección legislativa en la Ciudad de Buenos Aires. Nadie creía seriamente que podía ganar la presidencia. Esto va a fluctuar como un electrocardiograma.
—¿Cómo ve el escenario electoral hoy?
—Nosotros medimos todos los meses y te diría que hay aproximadamente un 40% que está con Milei si la elección fuera mañana. Y hay un 60% que está en el no a Milei. Pero dentro de ese 60% hay muchas opciones distintas.
—Se habla mucho de Victoria Villarruel como posible figura política. ¿Qué lugar tiene?
—Villarruel es Villarruel en tanto y en cuanto esté dentro del ecosistema de Milei. Si sale de ahí tiene que competir con el otro 60% del electorado. Para que los desencantados de Milei voten a Villarruel, ella debería medir 30 o 40 puntos. Y hoy no hay electorado para eso.
—Las encuestas la ubican cerca del 5%. ¿Puede afectar a Milei?
—Podría molestar en una primera vuelta, pero eso depende de muchas variables.
—En el peronismo, ¿ve figuras con proyección?
—Si mirás lo que está expresado públicamente, Axel Kicillof es un activo importante porque viene de resistir el gobierno de Alberto Fernández y además está enfrentado con Milei desde la provincia de Buenos Aires. Después, nunca descarto a Sergio Massa.
—¿Massa? ¿No quedó muy golpeado después del balotagge?
—Hay una pregunta que hacemos en las encuestas: si hoy volvieras al ballotage de 2023, ¿por quién votarías? Es una pregunta simple y directa. Sin vueltas. Y por primera vez en febrero nos dio que Massa le ganaría a Milei por un punto y medio.