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CóRDOBA
IMPACTO EN LA POLÍTICA

El ocaso de la fe: por qué en Córdoba se cree cada vez menos

El catolicismo es mayoría en Argentina, pero un informe expone que decrece frente al fuerte aumento de personas que se definen como “sin religión”. Este fenómeno se ve muy marcado en los jóvenes y en Córdoba. Cómo repercute este fenómeno frente a la crisis económica.

Rezos - Religión 09062026
Rezos | Unsplash

La religión habla mucho de la situación política, económica y el estado de ánimo de una sociedad. En este caso, de la sociedad argentina, en general, y de Córdoba en particular. Un estudio realizado en mayo de 2026 por el programa Sociedad, Cultura y Religión del Ceil-Conicet y la consultora Management & Fit, mapea la relación entre la religión que profesan o no los argentinos y el impacto en la manera en la que perciben la política y la crisis.

En un país que en su segundo artículo de la Constitución afirma que el catolicismo es la religión oficial del Estado, y que reconoce la libertad de culto, uno de los hallazgos más contundentes del informe sorprende. La no afiliación religiosa crece a un ritmo acelerado, y Córdoba se consolida como uno de los territorios donde las personas parecen creer cada vez menos. Córdoba, precisamente, la que se conoce como “de las campanas”. El informe revela cómo la pérdida de la fe tiene consecuencias en la manera en la que las personas ven a la política y cómo se enfrentan a la crisis económica.

El fenómeno cordobés

A nivel nacional, el catolicismo sigue siendo la religión mayoritaria, pero se trata de una mayoría cada vez más atenuada y en evidente retroceso. Frente a este fenómeno, crece otro: las personas que declaran no tener ninguna religión constituyen hoy el segundo grupo más numeroso de la Argentina.

La secularización no es uniforme. Mientras que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires concentra la mayor proporción de católicos del país, son la provincia de Buenos Aires y, muy marcadamente, Córdoba, los distritos donde los “sin religión” van en aumento. Este cambio de paradigma está influenciado por un factor generacional, no se vive la religión de igual manera en todas las edades. El crecimiento en número de personas que no se identifican con ningún credo se da entre los más jóvenes. Incluso, los datos revelan que entre la población menor de 30 años, el catolicismo ya no es una mayoría clara.

El informe detalla cómo las identidades religiosas se entrecruzan y explican a través de factores de clase. Al respecto, los autores definen dos perfiles, el católico y el evangélico. El perfil católico encuentra una frecuencia mucho mayor en los sectores de nivel socioeconómico y educativo alto. Además, en términos de inserción laboral, los católicos tienen una presencia relativamente mayor entre quienes se desempeñan como trabajadores del sector público. En cambio, el perfil evangélico, que hoy representa más del 10% de la población, se ubica en la otra vereda. El mundo evangélico predomina de manera indiscutida en los sectores de menores recursos y con niveles educativos más bajos. Desde el punto de vista ocupacional, los evangélicos están mucho más vinculados a situaciones de vulnerabilidad laboral, con una incidencia destacada entre los desocupados y los trabajadores cuentapropistas.

Las urnas bendecidas: afinidades, rechazos y abstención

Si la fe refleja la pertenencia de clase, también moldea de forma decisiva las preferencias electorales. En las presidenciales de 2023, el comportamiento de los votantes mostró perfiles diametralmente opuestos según su adscripción religiosa.

Javier Milei, por ejemplo, vio aumentar su caudal de apoyo entre los fieles evangélicos. Por su parte, los católicos presentaron una inclinación mucho más marcada hacia las filas del PRO y la figura de Patricia Bullrich. Mientras que, entre el grupo de los “sin religión” Sergio Massa se consolidó como el candidato más votado. En este último grupo es donde están más altos los niveles de rechazo y crítica hacia las figuras de Milei y Bullrich.

La izquierda también encuentra un terreno fértil entre los desencantados de la fe. Myriam Bregman es la dirigente política que alcanza su mejor nivel de imagen precisamente entre las personas sin religión. En el extremo opuesto, figuras como el pastor Dante Gebel concentran su apoyo casi con exclusividad en la comunidad evangélica.

El vínculo con el sistema democrático también fluctúa. Los evangélicos registran mayores niveles de abstención electoral que el resto de la población. Esta tendencia a no participar también se observó entre las personas sin religión durante la segunda vuelta presidencial, aunque en este grupo el factor de la edad joven incidió fuertemente. Ante hechos de presunta corrupción, como las acusaciones en torno al exjefe de gabinete Manuel Adorni, también hay grietas: mientras 6 de cada 10 argentinos creyó que “debería renunciar”, los evangélicos conforman el grupo más indulgente, consideró con mayor frecuencia que debería “mantenerse en el cargo”.

La esperanza ante la crisis

Quizás el hallazgo sociológico más revelador del estudio está en la psicología colectiva frente a la severa crisis económica. En todos los grupos demográficos y religiosos predominan los diagnósticos negativos sobre la situación social y existe un consenso generalizado en que los ingresos familiares no alcanzan. Sin embargo, la manera de procesar esta agobiante incertidumbre varía radicalmente si la persona cree o no en Dios.

A pesar de las dificultades materiales, entre los católicos y los evangélicos la esperanza aparece con muchísima más fuerza. Estos grupos muestran niveles superiores de confianza institucional, aprueban en mayor medida al Gobierno nacional y sostienen expectativas concretas de que la situación del país experimentará una mejora. Como ilustra el propio informe: quienes creen, no solo creen en Dios; también parecen creer más en la posibilidad de que el país mejore, que la economía repunte y que el futuro ofrezca nuevas oportunidades. En un país de crisis cíclicas, la religión funciona como un poderoso recurso simbólico para sostener el optimismo frente a la adversidad.

El paisaje emocional de las personas sin religión es diametralmente opuesto. Al carecer de esta red de contención simbólica, entre ellos domina abrumadoramente la desconfianza, el enojo y el pesimismo absoluto respecto al futuro. Hoy en día, los "sin religión" se consolidan como el sector más crítico hacia el Gobierno nacional.

Una reconfiguración cultural

Que Córdoba se perfile como una de las geografías donde más se expande la población sin religión refleja una transformación cultural. Los investigadores sostienen que a medida que crecen los sectores que no se identifican con ningún credo, se transforman de raíz las maneras en las que la sociedad procesa la esperanza, otorga su confianza política y se relaciona con la idea del porvenir. Esa secularización que se asoma, de acuerdo al informe, es más escéptica, más afín a fuerzas progresistas o de izquierda, y significativamente más propensa al enojo y la desconfianza gubernamental.