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HISTORIAS DE LA ‘GLORIA’

Ludmila Aguilera y el desafío de ser mamá mientras defiende la camiseta de Instituto

Debutó en la Primera división de la Liga Cordobesa a los 14 años y hoy combina la competencia con la crianza de Franchesca, su hija de dos. Entre entrenamientos, viajes y partidos, la defensora albirroja encuentra en su familia el respaldo para seguir creciendo y, en cada logro, una manera de agradecer a quienes la acompañan desde el comienzo.

Ludmila Aguilera
DEFENSORA. Ludmila Aguilera con tres títulos seguidos en la ‘Gloria’ y una hija que la inspira. | Gentileza.

A los 14 años, Ludmila Aguilera empezó a defender los colores de Instituto en la Primera División de la Liga Cordobesa. Desde entonces, aprendió a anticipar movimientos, cerrar espacios y disputar cada pelota como si en ella se jugara algo más que un partido. En el barrio Patricios Este, donde empezó a escribir su historia con la pelota, construyó una identidad que hoy se reparte entre la camiseta albirroja y los brazos de su hija Franchesca, una pequeña de dos años que ocupa el lugar más importante de su vida.

Es mamá y es futbolista. Mientras viaja con el equipo, entrena o se prepara para salir a la cancha, una parte de ella permanece en su casa. “¿Habrá comido?”, “¿Qué estará haciendo?” Son preguntas que aparecen incluso cuando sabe que su hija está bien cuidada por su papá o su abuela Roxana. Porque una cosa es confiar en quienes la acompañan y otra, muy distinta, es aprender a convivir con la distancia.

Es futbolista y es mamá. “Ser futbolista y ser mamá es estar con la cabeza en ambos lados. Disfruto mucho ser mamá”, le cuenta Ludmila a Perfil Córdoba. Mientras charlamos con ella notamos que son días movidos. “Disculpen la demora, justamente estaba maternando, yendo al jardín a bailar con mi bebé. Que justo este fin de semana nos toca una fiesta en familia”, explica.

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En el club, previo a la nota me dicen: “Ludmila es muy tímida”. Pero vaya que juega. Alguna vez estuvo en el radar de la Selección argentina. Defiende y así como defiende, cuida a su pequeña. Y le gusta celebrar goles, tiene abrazos de camisetas con sus compañeras que llevan tres torneos consecutivos siendo campeonas del certamen de la Liga Cordobesa; y así como celebra, festeja las conquistas matutinas de la pequeña Franchesca.

Ella cuenta que cuando están en la arenga piensa en su hija. “La imagen que se me viene en cada arenga es mi hija, mi familia, que tengo que estar feliz de poder estar en ese lugar. Porque sé que mi familia me apoya y me pueden cuidar a mi bebé”, narra.

Y en medio del juego, a veces, también la mente viaja. “En el partido de a ratos observo afuera, al costado de la cancha, para ver qué está haciendo ella, si está jugando, si está comiendo. Vivo constantemente pensando y mirándola mientras estoy con ella”, cuenta y nos muestra una foto donde está pateando una pelota, con la estampa de jugadora, y se ve detrás del alambrado a su mamá junto a su hija. “Me gusta mucha esa foto, mientras yo juego, atrás la abuela y la nieta”, dice. La vida, el legado, las mujeres…

Ludmila, lateral izquierda, aunque en los últimos partidos con la ‘Gloria’ está jugando de marcadora central, afirma: “En partidos claves, siempre se me caen unas lágrimas pensando en mi hija, pensando en todos los momentos que pasamos juntas”. Tantos momentos. “Ser mamá te modifica todo en la vida. Por suerte con el tema de cuidarla, están las abuelas siempre o la madrina de Franchesca, ellas me solucionan el tema para yo poder irme a entrenar tranquila”, cuenta.

Mujeres que se apoyan, no hace falta agregar más. Ella continúa con su relato: “Al principio me costó mucho dejarla para empezar de nuevo a entrenar, yo empecé a entrenar a los tres meses de que naciera”.

—Instituto ganó tres torneos consecutivos (Apertura 2025, Clausura 2025, Apertura 2026). En medio de esos festejos, cuando levantás la copa o abrazás a tus compañeras, ¿qué parte de tu vida personal sentís que también está celebrando con vos?
—De mi parte personal festejo todo el esfuerzo que hago adentro y fuera de la cancha. Y yo creo que toda mi familia estaba feliz y orgullosa de que haya salido campeona, por todo el tiempo y esfuerzo que dedico. Yo les dedico todos los logros a ellos, que siempre estuvieron ahí alentando y empujándome siempre para adelante a que no baje los brazos. Es que mis padres y mi pareja me insistieron y me acompañaron mucho para que volviera a jugar. Mi mamá es la persona que siempre está, haga frío, haga calor, ella está ahí afuera de la cancha cuidándola.

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Ludmila Aguilera piensa el futuro entre una cancha y una casa. “En el fútbol, sueño con mejorar y aprender cada día y con jugar profesionalmente. Y en la vida, seguir disfrutando de mi familia y poder progresar siempre”, dice.

Sus palabras trazan dos caminos que avanzan juntos: el del deporte, con sus entrenamientos y sus metas, y el de la maternidad, con las horas compartidas y las preguntas que la acompañan cuando sale de casa.

En el club de Alta Córdoba, ese recorrido tiene compañía. “Siempre fue un grupo muy lindo de personas, siempre preguntan si una falta, si está todo bien. En mi caso, preguntan por mi hija, cómo está”, cuenta. En esa pregunta por la niña también aparece una forma de estar en equipo: saber quién está detrás de la camiseta, qué vida espera al final del entrenamiento. Mientras el plantel trabaja para corregir errores, pelear por más títulos o llegar a jugar en los torneos de AFA, Ludmila encuentra allí un espacio para crecer como futbolista. Sus sueños avanzan con ella, entre la pelota, la familia y el tiempo que dedica a cada una.

En la víspera de un nuevo Día de la Madre, la historia de Ludmila Aguilera habla de esa doble tarea que tantas mujeres conocen: cuidar a quienes aman sin renunciar a lo que son. Y también de una certeza que ella quisiera dejarle a su hija cuando sea grande. “Me gustaría que ella sepa que siempre hay que luchar por los sueños y por lo que a uno le gusta hacer; y que, mientras tenga apoyo de la familia, aproveche que nosotros siempre estaremos”, reflexiona la mamá futbolista de Instituto.

Ludmila futbolista Instituto

ABUELA, MAMÁ, HIJA. Ludmila juega al fútbol y Roxana (atrás del alambrado) cuida a Franchesca. Mujeres unidas por un propósito.
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