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Salarios: qué puede comprar hoy un trabajador y cómo cambió el poder adquisitivo desde 2014

El salario registrado recuperó terreno frente al piso de 2022 y volvió a cubrir más canastas básicas. Sin embargo, todavía compra menos carne vacuna, leche, pan y entradas de cine que en 2014, según un informe de Focus Market que compara los años previos a las elecciones presidenciales.

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Alimentos. El rubro acumula un alza de 4,% en las últimas cuatro semanas, según LCG. | AFP

El salario de los trabajadores registrados recuperó parte de su poder adquisitivo respecto de 2022, pero todavía no alcanza para comprar la misma cantidad de bienes y servicios que hace doce años. La mejora, además, es desigual según el producto: mientras el ingreso promedio permite adquirir más yerba y carne de cerdo que en algunos de los períodos analizados, la capacidad de compra de carne vacuna, leche, pan y entradas de cine continúa por debajo de los niveles de 2014.

Así lo señala un informe de la consultora Focus Market, que comparó la remuneración imponible promedio de los trabajadores registrados estables (RIPTE) con los precios de más de diez bienes y servicios cotidianos en cuatro años previos a elecciones presidenciales: 2014, 2018, 2022 y 2026.

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El relevamiento busca mostrar cómo evolucionó el poder de compra del salario formal en distintos contextos económicos, más allá de los aumentos nominales de los ingresos. Según los datos de la consultora, el RIPTE promedio pasó de $10.595 mensuales en 2014 a $30.354 en 2018 y $147.246 en 2022. Entre enero y julio de 2026, el promedio se ubicó en $1,82 millones.

La comparación de los salarios nominales, sin embargo, no permite medir por sí sola la evolución del poder adquisitivo. Para eso, Focus Market analizó cuántas unidades de distintos productos podía comprar un trabajador con un ingreso promedio en cada período.

El salario recupera terreno frente a 2022

Uno de los indicadores que sintetiza la evolución del bolsillo es la cantidad de canastas de consumo que puede cubrir un salario. Para este cálculo, el informe utilizó las canastas alimentarias y totales elaboradas por el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires.

En 2014, un salario promedio equivalía a 3,92 canastas alimentarias y 1,63 canastas totales. En 2018, esos valores descendieron a 3,64 y 1,35, respectivamente. El peor resultado de la serie se registró en 2022, cuando un trabajador formal podía cubrir 2,82 canastas alimentarias y 1,20 canastas totales.

Para 2026, el indicador mostró una recuperación: el RIPTE alcanzó para cubrir aproximadamente 3,3 canastas alimentarias y 1,48 canastas totales. De esta manera, el poder adquisitivo mejoró respecto del piso de 2022 y superó el registro de 2018 en la cobertura de la canasta total.

No obstante, la recuperación sigue siendo parcial frente a 2014. El salario promedio todavía permite cubrir menos canastas alimentarias que entonces, cuando la relación entre ingresos y gastos básicos era más favorable.

Carne vacuna, leche y pan: los productos que más perdieron terreno

La evolución de los precios relativos explica por qué la mejora general del poder adquisitivo no se traduce de la misma manera en todos los consumos. La carne vacuna es uno de los casos más marcados.

En 2014, un salario promedio permitía comprar unos 171 kilos de asado. En 2018, esa capacidad llegó a un máximo de 193 kilos, antes de caer a 134 kilos en 2022. Entre enero y julio de 2026, el ingreso promedio alcanzó para adquirir alrededor de 103 kilos.

Esto representa una caída cercana al 40% respecto de 2014 y de casi el 47% frente al máximo de 2018. En otras palabras, pese a la recuperación observada desde 2022 en algunos indicadores generales, la carne vacuna continúa siendo uno de los rubros en los que más se deterioró la capacidad de compra del salario.

La comparación con otras carnes muestra un escenario diferente. En 2026, un RIPTE permitió adquirir unos 205 kilos de pechito de cerdo, por encima de los 187 kilos de 2014 y los 191 de 2022, aunque por debajo de los 222 kilos de 2018. El pollo, en cambio, también perdió terreno: de unos 600 kilos por salario en 2018 pasó a 384 kilos en 2026.

La brecha entre la carne vacuna y la porcina también se amplió. Mientras que en 2014 un salario permitía comprar apenas un 9% más de pechito de cerdo que de asado, en 2026 alcanzaba para adquirir aproximadamente el doble de cerdo que de carne vacuna.

En los productos básicos de supermercado también se observan retrocesos. En 2014, un salario promedio equivalía a unos 1.277 litros de leche; en 2018, la capacidad de compra se mantuvo en un nivel similar, pero descendió a 1.170 litros en 2022 y a aproximadamente 1.040 litros en 2026. La caída frente a 2014 ronda el 19%.

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El pan presenta una trayectoria similar. En 2018, el ingreso promedio alcanzaba para comprar unos 515 kilos, mientras que en 2026 esa cantidad se redujo a alrededor de 426 kilos, un 17% menos que en aquel máximo.

La yerba constituye una de las excepciones. Después de tocar un piso de 240 kilos por salario en 2022, la capacidad de compra subió a casi 390 kilos en 2026. Esto representa una mejora del 63% en cuatro años y supera los aproximadamente 267 kilos que podían adquirirse en 2014.

Alquileres: una carga menor que en 2022, pero mayor que en 2014

El costo de la vivienda también refleja las diferencias entre los períodos analizados. El informe tomó como referencia el alquiler promedio de un departamento de dos ambientes en la Ciudad de Buenos Aires y midió qué proporción del salario representaba ese gasto.

En 2014, el alquiler absorbía alrededor del 36% del ingreso promedio. En 2018, la participación aumentó al 40%, mientras que en 2022 llegó al 48%. Hacia diciembre de ese año, el esfuerzo rozaba el 50% del salario, lo que significaba destinar prácticamente la mitad de los ingresos al pago de la vivienda.

En el primer semestre de 2026, la proporción descendió al 43%. Además, el indicador mostró una mejora a lo largo del período: pasó de casi el 46% en enero a poco más del 42% en junio.

Pese a ese retroceso respecto del pico de 2022, la carga del alquiler continúa por encima de los registros de 2014 y 2018. Según Focus Market, un salario promedio alcanza actualmente para pagar cerca de dos alquileres y medio, frente a casi tres en 2014.

Cuánto rinde el salario en otros consumos

Fuera de los alimentos y la vivienda, el informe también detectó diferencias en el poder de compra de los gastos cotidianos. En el caso de las entradas de cine, un salario promedio permitía pagar unas 196 entradas en 2014, mientras que en 2026 alcanza para alrededor de 148, una reducción cercana al 25%.

La nafta presenta una trayectoria distinta. En 2014, un RIPTE permitía comprar unos 824 litros y en 2018, alrededor de 888. El mejor registro se produjo en 2022, con casi 1.000 litros por salario. Para 2026, la capacidad de compra volvió a unos 846 litros, un 15% menos que en aquel máximo y en un nivel cercano al de 2014.

Estos resultados muestran que la evolución del salario real no puede analizarse únicamente a partir de un promedio general de precios. Los cambios en los precios relativos modifican la cantidad de bienes y servicios que puede adquirir un mismo ingreso y generan diferencias entre rubros esenciales, gastos de vivienda y consumos recreativos.

Cuatro años preelectorales, cuatro escenarios económicos

Focus Market vincula estas variaciones con los diferentes contextos macroeconómicos que atravesó la Argentina. En 2014, el año estuvo marcado por un salto cambiario, una inflación porteña del 38% y asistencia monetaria al Tesoro. En ese contexto, el salario promedio todavía cubría casi cuatro canastas alimentarias y destinaba cerca del 36% de sus ingresos al alquiler.

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En 2018, la suba del dólar oficial, que superó el 110%, y una inflación del 45,5% estuvieron acompañadas por una pérdida más generalizada de poder adquisitivo en varios productos cotidianos. Según el informe, la nafta, el pan, el pollo y la yerba perdieron más del 20% de su capacidad de compra hacia diciembre de ese año.

El escenario de 2022 estuvo atravesado por una inflación del 93,4%, mientras que el dólar oficial avanzó un 67%. Fue el período de menor cobertura de las canastas y de mayor incidencia del alquiler sobre el salario, aunque algunos productos, como la yerba y la carne de cerdo, mostraron un comportamiento diferente al de la leche y el pan.

En 2026, en tanto, la consultora identifica una recuperación frente a aquel piso, en un contexto de menor brecha cambiaria, superávit primario y ausencia de financiamiento monetario directo al Tesoro. Hasta septiembre, la inflación porteña acumuló un 23,7%, con una variación interanual del 32,9%, según los datos consignados en el informe.

Sin embargo, la mejora no alcanza para recuperar de manera uniforme la capacidad de compra de años anteriores. El salario permite cubrir más canastas que en 2022 y destinar una proporción menor de los ingresos al alquiler, pero todavía compra menos carne vacuna, leche, pan y entradas al cine que en 2014.

Para Damián Di Pace, director de Focus Market, la recuperación del salario real dependerá de la consolidación de la estabilidad cambiaria, una desaceleración sostenida de la inflación, el crecimiento de la inversión y la generación de empleo formal. El desafío, sostiene, es que la mejora de las variables macroeconómicas se traduzca en una recuperación efectiva de los ingresos y del consumo de los hogares.