jueves 05 de agosto de 2021
CULTURA Cita previa
29-11-2020 03:11

Abren los museos y las galerías de arte.

Luego del imperio del Zoom, las esporádicas salidas para hacer compras, los aplausos a las nueve de la noche, el himno de los vecinos patriotas y fervorosos, llegó la hora de salir a la calle otra vez. Nuestra vida poco a poco vuelve a tomar forma y sentido. Finalmente volveremos a ser algo más que cuerpos amenazados por la enfermedad. Nuevamente, luego de la cuarentena más larga del mundo, museos y galerías vuelven a dar la bienvenida. Con frascos de alcohol en gel a la mano, termómetros apuntando y dfistanciamiento social. Pero abiertos. Como los casinos y los hipódromos.

29-11-2020 03:11

No sabemos todavía si la pospandemia nos encontrará unidos o dominados, en alusión risueña al discurso de Perón de 1953. ¿Vacunados o inmunizados? ¿Contagiados o recuperados? El futuro, según los expertos, es dinámico, variable, contradictorio: de solidaridad, unión y nuevas formas de sociabilidad o de múltiples amenazas, una revancha del planeta ante tanto castigo humano, de encierro y falta de perspectivas. 

Vamos a tientas, en un día a día, un solo por hoy generalizado a ver cómo sigue la cosa. Las fases, los anuncios de cuarentena y el servicio meteorológico son nuestro cuaderno de bitácora para los plancitos, discretos y moderados, en los que intentamos reconstruir algo que odiábamos y llamábamos rutina. De hecho, nunca estuvimos tan atentos al clima, ya que entre el afuera y el aforo lo necesitamos más que nunca: las buenas temperaturas y la ausencia de lluvia para planificar salidas y encuentros. Volvimos, sin quererlo y sin saberlo, a un estado de naturaleza como si fuésemos los primeros los primeros agricultores; los que se quedaron quietos después haber sido nómades cazadores y recolectores.

 El aislamiento social preventivo y obligatorio fue el imperio del zoom (los zoompleaños, el zoompamento, las zoomclases y las zoomuestras y sigue la lista), las esporádicas salidas para las compras, los aplausos a las nueve de la noche, el himno de los vecinos fervorosos. Pero el distanciamiento y la fase última promovió otras maneras para el esparcimiento: el uso de los parques, las mesitas afuera, se abrieron más tiendas y negocios para que nuestra vida tomara forma y dejara de ser sólo un cuerpo amenazado por una epidemia. Dicho sea de paso, una reapertura que considera casinos e hipódromos pero no la vuelta a las clases, por más raro que suene. 

Del ASPO al DISPO no hubo solo un cambio de sigla. Fue un ábrete sésamo para que, entre otros, galerías y museos dieran la bienvenida después de la cuarentena más larga del mundo. Por lo tanto, los espacios trabajaron silenciosos y a puertas cerradas para que estos días los encuentren dispuestos a recibir a sus visitantes con todas luces prendidas, los frascos con alcohol en gel y los termómetros apuntando.

De hecho, las normativas son estrictas y los protocolos, indispensables a la hora de armar el recorrido. Uno que puede ser por zona y comenzar, por ejemplo, en La Boca. Está inaugurada la muestra Crear mundos en la Fundación Proa que reúne en todos sus metros de exhibición a las artistas mujeres que pasaron por sus paredes y pisos. Crear mundos, mientras se posiciona en la agenda feminista, corrobora que en estos veinte años Proa fue plural e inclusiva en su repertorio. Ahí nomás está, Fundación Andreani, vecino nuevo de la cuadra, que tuvo su inauguración virtual pero que puede visitarse en Avda. Pedro de Mendoza 1973 en el edificio imaginado por Clorindo Testa con entrada libre y gratuita. 

En Marco, el museo de arte contemporáneo de La Boca sobre la Avenida Brown al 1031, está la muestra de Juan Stoppani y Jean Yves Legavre, De París a Buenos Aires. Ambos hacen doblete y de La Boca a Barrio Norte tienen otra exhibición con obras recientes en Smart Gallery, en la planta baja de un edificio maravilloso en Alvear 1580. 

Hay novedades en las galerías cercanas al Riachuelo. Constitución tiene en su casa a Martín Farnholc con Hueco, una muestra que cuelga de las paredes en Del Valle Ibarlucea 1140 y es el domicilio de sus propios dueños, Martín y Beto. Barro (Caboto 531) volvió al ruedo con una colectiva llamada Inédita. 

Además de estas muestras se inauguró una galería en barrio bostero: Alberto Sendrós hizo desembarco con el sugerente nombre Chorreos e improvisaciones, la exhibición del escritor que pinta Washington Cucurto (Santiago Vega). A tono con su interés por las letras, entonces, podría ser una bofetada al gusto del público. En este caso, el público no será ruso como promovía Vladimir Maiakovski para la poesía sino para propinársela al arte local. Para encontrarla habrá que tocar timbre en Wenceslao Villafañe 584.

Un poco más cerca del Parque Lezama, más precisamente haciendo cruz, Pasto tiene a Federico Cantini con Cero estrés (0 es 3), tallas en madera y bajorrelieves de barro para mirar sin prisa ni pausa. El Museo de Arte Moderno, por su parte, abrió con muestras que quedaron dormidas y se despiertan como la de Sergio De Loof, la de Santiago Iturralde y Mildred Burton, entre otras. Las novedades son Sueño sólido de Nicanor Aráoz, un mural de Cotelito en la espléndida cafetería y Diana Aisenberg que hizo dos obras dentro de su proyecto Mística robótica en la economía de cristal.

A orillas del canal de Puerto Madero, en la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat –Colección Amalita para los amigos– Matías Duville abrió Hotel Palmera, una muestra curada por Gabriel Pérez-Barreiro y Lara Marmor. Además de sus instalaciones y dibujos, tiene un anfitrión invitado de lujo: un cuento escrito por César Aira que acompaña la exposición.

En el Museo de Bellas Artes la reapertura será por etapas. En esta primera, el público podrá visitar las salas de la planta baja, que albergan las obras de arte argentino del siglo XIX, las piezas de arte europeo de los siglos XVI al XIX, y las colecciones Guerrico y Hirsch, que forman parte del acervo permanente del Bellas Artes. “Reabrir el Museo, aunque sea parcialmente, es una buena noticia que brinda alivio y esperanza en estos tiempos difíciles”, afirma el director de la institución, Andrés Duprat.

En el Malba las cosas son diferentes: por un lado, el empeño en equiparar el museo virtual con el museo real ha sido tema de trabajo durante la pandemia. La historia como rumor, un programa anual de exhibiciones online concebido por la directora Gabriela Rangel con el objetivo documentar y contextualizar un conjunto de performances que ocurrieron en distintos momentos y lugares de América y el Caribe, así lo confirma. En su primer capítulo toma del archivo e historia oral y despliega una performance pionera de la posmodernidad de Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924-Milán, 2006), uno de los mayores poetas y artistas visuales latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. Por el otro, la nueva colgada extiende intereses y aproximaciones sobre la colección que dejan ver relaciones entre el arte moderno, prehispánico y contemporáneo. Las obras se organizaron con un criterio cronológico pero no es el único. Hay puntuaciones contemporáneas que ingresan en las salas para hacer señalamiento, desvíos, nuevas lecturas. 

Tobías Dirty presenta Casa de la Cultura en Isla Flotante que hace poco tiempo cambió residencia a Viamonte 776  y se encuentra en la zona del arte que marcó los años 60. En tren de mencionar fechas y años, la propuesta de esta exposición surge a partir de su cumpleaños número 30 y una conmemoración de su primera exhibición en Villa Gesell a los 14. 

La encerrona fue tiempo de reflexión y eso se puede ver en los cambios que produjo. Sobre todo, en las casas en las que vivimos, durante los días y las noches, muchos, mucho tiempo, todos juntos. Por esto o por aquello, la remodelación que hizo María Casado en su casa/galería está en sintonía con la vida en cuarentena, en el sentido de reinventarse para poder seguir, para poder salir. Nuevo espacio en la misma dirección, al que se podrá visitar avisando por [email protected] o llamando al 11 5451-6796.

Todo con cita previa, reserva y anticipación. Barbijo obligatorio, distancia social, manos limpias, ambientes ventilados y desinfectados. Una convivencia con la nueva normalidad y con la virtualidad que aún nos guía, en este híbrido que se ha convertido nuestra cotidianeidad. Sin embargo, la mirada despejada y el buen uso del tiempo pueden ser más que aliados al momento de volver a entrar para ver arte. Sin inauguraciones multitudinarias, sin sociabilidad descontrolada, una concentración mayúscula y listos para volver a traspasar la puerta, que nos midan la temperatura, y lanzarse a las salas.

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