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CULTURA / la biblia del proletariado
sábado 10 noviembre, 2018

‘El capital’, obra en construcción

La obra cumbre de Marx tuvo tantas traducciones en vida del autor que fue conocida como la “biblia del proletariado”. Horacio Tarcus reconstruye las trayectorias de sus editores y traductores en el mundo hispanohablante, atravesadas por acontecimientos decisivos como la Revolución Rusa y la Guerra Civil Española.

por Ruben H. Ríos

Según pasan los años. Sucesivas traducciones, retoques y actualizaciones de una de las obras de mayor influencia en el siglo XX. Foto: cedinci

Es sabido: no existe una única versión de El capital sino cuatro. Karl Marx publicó dos versiones en alemán del tomo I (la original en 1867, la segunda en 1873) y simplificó el texto y lo reelaboró en la traducción francesa de J. Roy publicada entre 1872 y 1875. Luego de su muerte, Engels publicó en 1883 la tercera edición en alemán del tomo I –cuestionada por Kautsky y Korsch–, que incluía los comentarios del autor sobre ejemplares de la segunda edición y pasajes de la traducción francesa (además de aclaraciones de Engels, no siempre identificables), en 1887 una versión inglesa y en 1890 la cuarta edición alemana. Los volúmenes II y III de El capital, publicados en 1885 y 1894, se basan en manuscritos ordenados según el criterio de Engels y, por esto mismo, solo el tomo I –todas sus versiones, con el capítulo VI inédito publicado en 1933– compone la obra de Marx. Recién a partir de 1990 se dio a conocer la edición crítica, que describe las modificaciones realizadas, a cargo de la segunda MEGA (Marx-Engels Gesamtausgabe), promovida por la Internationalen Marx-Engels-Stiftung con sede en Amsterdam.

En La biblia del proletariado (equívoca traslación de J.P. Becker, dirigente de la Primera Internacional, para la obra de un filósofo ateo), Horacio Tarcus se ocupa de las traducciones al español, aunque contiene comentarios sobre la primera traducción de la edición original al ruso en 1872 publicada por los populistas (y traducida por Bakunin, Lopatin y el economista Danielson, quien mantuvo correspondencia con Marx) y de la influyente versión francesa, que se convirtió en base de las primeras traducciones al español. La primera, si bien incompleta, fue la del abogado republicano Pablo Correa y Zafrilla, publicada entre 1886 y 1887. La segunda la llevó a cabo, sobre la cuarta edición alemana, el político argentino Juan B. Justo, y se distribuyó con dificultades en España y Argentina entre 1897 y 1898, dado su oneroso precio y las traducciones del popular resumen de El capital de Gabriel Deville, leído masivamente. La versión de Justo (cuyo léxico ya no se usa) alcanzó tres reediciones en 1918, 1946 y 1947. La tercera la realizó en 1931 el abogado socialista español Manuel Pedroso, primer traductor de los tres tomos y el primero en traducir mehrwert como “plusvalía”.

Poco después de su aparición en Aguilar, esta traducción fue severamente cuestionada desde una revista del Partido Comunista de España por el jurista e historiador Wenceslao Roces, durante más de tres décadas el principal traductor al español de la obra de Marx desde que dio a conocer, en 1934, su traducción del tomo I. Entre 1946 y 1947 publicó una versión completa de El capital tomando como referencia la impresión de 1932 del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, a su vez basada en la cuarta edición en alemán. Según Tarcus, las 38 reediciones de la traducción de Roces de 1945 a 2015 la consagra como la más difundida durante medio siglo en el mundo hispanófono, sin contar la influencia de Teorías de la plusvalía (manuscritos ya desechados por Kautsky como borradores de Contribución a la crítica de la economía política), que incluyó en 1980 como tomo IV de El capital. A partir de 1956 hasta 1973, las sucesivas ediciones de Cartago (editorial del PC argentino) se constituyeron sobre la versión de Roces, comparada con la francesa y la italiana de 1964.

Como señala Tarcus, la crítica del traductor uruguayo Pedro Scaron al trabajo de Roces en la advertencia que preside el primer volumen de su traducción al español de Das Kapital, publicada por Siglo Veintiuno en 1975, fue demoledora. Por otra parte, ninguna de las traducciones posteriores (la de Grijalbo en 1976, la de Akal publicada entre 1976 y 1977, la edición chilena de 2010) tienen por referencia la segunda edición alemana –la última publicada por Marx–, a la que agrega en notas y apéndices las modificaciones introducidas a la primera y las variaciones y omisiones de Engels. Scaron, además, fue el primero en verter mehrwert como “plusvalor” y en señalar que no existía un texto definitivo de El capital, estableciendo los principios para una edición crítica que no estaba en condiciones de emprender. También subrayó, no sin ironía, que eran posibles tantos tomos II (o III, desde luego) como estudiosos de los manuscritos marxianos.

En realidad, según Horacio Tarcus, El capital ha sido menos leído que conocido por reseñas y folletos y por los resúmenes de Deville (consentido por Marx, se publicó en 1884 y se tradujo de inmediato al español), del anarquista italiano Carlo Cafiero (reeditado varias veces en los años 30) y de los comunistas de izquierda alemanes Julian Borchardt, quien escribió en 1920 un compendio de los tres tomos, y Otto Rühle, cuyo resumen de 1939 fue prologado por Trotsky.

Hoy circulan por igual varias introducciones a El capital, pero la obra de Marx sigue tan poco leída en español o en cualquier otro idioma como en los dos siglos pasados, paradójicamente los de mayor influjo del marxismo.


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