lunes 05 de diciembre de 2022
CULTURA centenario di benedetto

El domador de la lengua

Al cumplirse cien años de su nacimiento, la obra (compleja, desafiante) de Antonio Di Benedetto sigue más viva que nunca; no sólo con reediciones permanentes de sus principales libros, sino también en tanto símbolo de una época oscura, ante la cual sus mejores artistas han respondido con la valentía de sus obras, empeñando su palabra.

20-11-2022 02:37

Paseando por la calle San Martín de la capital de Mendoza un descolocado Ricardo Zelarayán pregunta a uno “de los más grandes narradores argentinos contemporáneos…hombre más bien bajo, de voz grave, ciertamente introvertido, pero de desconcertante y austera cordialidad”, sobre los cuentos reunidos en el iniciático “Grot” (1957) “¿qué pasa o qué me pasa, Antonio Di Benedetto?” “Bueno”, responde confidente el escritor mendocino que en la actualidad es de los más citados, reversionados y homenajeados de América Latina, letras de máxima economía que necesita del esfuerzo de la mente sin ruidos, “yo tengo que corregir la Falla de la Humanidad de modo ideal escribiendo –novelas, cuentos o artículos periodísticos–…ahí está la cosa: el salvador, el creador, el omnipotente, a través de las palabras”. Diez meses después, el aciago 24 de marzo de 1976, a Di Benedetto los militares lo detuvieron en las narices de los patrones del diario Los Andes, y sufriría un cruento cautiverio, con la gentileza de cuatro simulacros de fusilamiento entre Mendoza y La Plata. El domador de las palabras, el silenciero que encontró el habla, el que prefería la noche y las sombras, que quisieron silenciar más de una vez, y que en su centenario vuelve al centro de la Tierra. Sobre la Falla que significa la condición humana. No morir, aún.

Desde la Feria del Libro porteña de abril pasado a los recientes homenajes en las jornadas del Centro Cultural Borges en Buenos Aires y las múltiples actividades en la Mendoza natal, al cumplirse los cien años de nacimiento de Di Benedetto, el 2 de noviembre de 1922, se escalonan los recordatorios y las nuevas publicaciones. Entre ellas se destacan: “Escritos del exilio. Textos desde Madrid 1978-1983”,  artículos del autor de “Zama” con introducciones de Liliana Reales y Mauro Caponi (Adriana Hidalgo Editora); y “Mendoza era una fiesta”, memorias del librero E. Rosel Albero, amigo de Di Benedetto, con prólogo de Jaime Correas (Ediciones Culturales Mendoza). Un cúmulo de escritos y voces que condensan el alto impacto y vigencia del escritor, periodista y guionista que participó, en fade out, de una camada de escritores de provincias que a fines de los 50 irrumpen en la escena literaria, entre otros, Juan José Hernández, Daniel Moyano, Haroldo Conti y Juan José Saer. Una camada que resuelve eso de hablar de los entornos sin caer en la tarjeta postal. 

“En el cuento ‘Aballay’ de Di Benedetto, imposible de datar porque aparece en “Absurdos”, una colección publicada en el exilio español (1982), se observan algunos rasgos que lo ligan profundamente a su patria mendocina”, señala el periodista y escritor coetáneo Correas, y explica, “primero es una reescritura del Martín Fierro. Una escritura muy particular ya que incluye el mundo griego, a la manera de Leopoldo Lugones. Pero es indisociable del paisaje local porque no habla de un gaucho sino de un arriero. Algo muy distinto que bien diferencia en el cuento. Di Benedetto se transformó en un escritor universal, traducido a innumerables idiomas sus novelas y cuentos, conservando la pertenencia mendocina”, refuerza el nuevo miembro de la Academia Nacional de Letras. 

Di Benedetto, literatura arriera, literatura desfasada. “Existe la idea de que su literatura es demorada por su cuna cuyana pero si uno atiende “Los suicidas” (1969) o “El silenciero” (1965), o varios de los cuentos, se dará cuenta que tiene una velocidad inusitada. Muchos se resuelven en una página y media. Es rara esa precipitación en suspenso. Es raro, raro, Di Benedetto”, comenta la escritora y periodista Eugenia Almeida. Y la ganadora del Premio de la Crítica de la Fundación El Libro por “Inundación” (Ediciones Documenta, 2019) amplía, “Me conmueve mucho de la escritura Di Benedetto cómo rompe todo el tiempo. Rompe con el lenguaje. Rompe con los libros. Me acuerdo que lo conocí de joven por un compañero que recomendó el cuento “Pez”. Y me voló la cabeza. Y después seguí leyendo a un escritor que parecía el mismo, pero nunca es el mismo. Siempre me pareció destacable la posibilidad de cambio en su literatura. Por eso es muy difícil pensar si tiene influencias en los escritores de hoy. Es un poco a que esa literatura desfasada, que se tomó su tiempo para llegar a los lectores, quizás le corresponde también una influencia desfasada. Yo oigo ecos en Jorge Consiglio, en Hernán Ronsino, pero son ecos desplazados. Es como si Di Benedetto fuera una sombra, una nube en nuestras cabezas”, avizora la cordobesa, y admite ciertos aires de familia con su cinematográfica novela “La tensión del umbral” (Edhasa. 2015). Cine que adaptó “Los Suicidas” de Di Benedetto con Juan Villegas a principios del nuevo milenio.

La aplaudida realización de Lucrecia Martel en 2017 de “Zama” vino a confirmar la perspectiva, según Fernando Spiner, de que trasladar sus historias a la pantalla grande hubiese sido “el deseo y la alegría cumplida” de Di Benedetto. Por otra parte, el director de “Aballay” (2010) reconoce que le insumió veinte años dar al film un cariz auténtico, a esta trama densa de misticismo y redención, buceando además en la biografía personal de Di Benedetto. Además de las cartas de Nicolás Sarquís, que infructuosamente intentó filmar en los 80, “Zama” con Charo López, el cineasta porteño accedió a otros textos que demostraban el profundo amor y conocimiento al séptimo arte del escritor, realzado en varios artículos recogidos en “Antonio Di Benedetto. Escritos Periodísticos” (Adriana Hidalgo. 2016). Recuerda el director de la película, que representó a la Argentina en la selección para los premios Oscar 2011, que entre los temas a resolver “surgía elgénero de la película. Y ahí pensé en el western a lo John Houston, que con sus aristas de la ética, la moral y la condición humana, cabía perfectamente en las coordenadas dibenedettianas. Era ideal para este gaucho, un estilista de las pampas. Y si bien es un género que la norteamericanos usaron para contar la conquista del Oeste, comparte mucho con nuestra historia, desde el culto del coraje a un exterminio indígena. Lo que agregamos nosotros, sin traicionar la oralidad que tan bien reproduce Di Benedetto, fue dar mayor entidad al vengador y que confronte con la santidad de ese gaucho errante”, concluye Spiner.

Lenguaje hasta el final de la noche. “Irradiando torrentes vitales”, a la manera del ave del cuento “Málaga Paloma”, Di Benedetto remueve galaxias en expansión. De la mencionada filmación de “Zama” parieron un documental y dos libros. Uno de ellos un diario de rodaje por Selva Almada, “El mono en el remolino” (Literatura Random House, 2017), y otro de un dramaturgo devenido narrador. Rafael Spregelburd en “Diarios del Capitán Hipólito Parrilla” (Entropía, 2019), arma un spin off que recrea de manera lúdica, ensoñadora, angustiada a “Zama” desde el personaje de Parrilla, y que dialoga subterráneamente con el fuego fatuo del Di Benedetto terminal de “Sombras, nada más” (1985).    

Me interesa mucho cómo asume las voces en su escritura. Es muy endemoniado, muy difícil de leer, pero cuando uno lo lee en voz alta produce una prosodia, un encanto, que como los buenos escritores, tiene mucha conciencia de la oralidad”, pondera el reconocido director de los últimos sucesos de calle Corrientes “Pundonor” e “Inferno”, y enfatiza Spregelburd, “su lectura me ayudó a una cosa, algo que Di Benedetto dice sin miedos: utilizar al lenguaje hasta sus rincones menos pensados. Muchas veces en el teatro uno piensa que el lenguaje dominante es el realismo, y se amedrenta en pensar otras alternativas. Y comprueba que este narrador excepcional fue a fondo con el lenguaje y le salió muy bien. Para mí es un maestro y no solamente de la literatura”, apuntando que no entiende por qué los directores de cine y teatro no acuden a las técnicas y recursos de Di Benedetto

Haciendo cosas raras para gente normal. Para remediar la famosa “deuda” con Di Benedetto que señalaba Saer en 1999, no tanto la falta de reconocimiento artístico, en vida recibió el escritor prestigiosos premios nacionales e internacionales, sino en llegar a las manos de los lectores, desde fines de los 90, se vienen realizando variadas empresas. Adriana Hidalgo reedita con regularidad sus libros, antes casi inhallables, y desde las distintas áreas gubernamentales se apoya su difusión. Algunas acciones en la misma Mendoza, ciudad que amó, trabajó y que fue olvidado en vida, como denominar una peatonal en el Parque Central “Antonio Di Benedetto”, distribuir 50 mil ejemplares con una selección de sus cuentos, y, la más inmediata, comprar una importante colección de primeras ediciones, otras raras, y varios libros que sirvieron de preparación para sus novelas, que el escritor iba a consultar a la Biblioteca San Martín. Hoy una de las salas porta el nombre del escritor cuyano que sacudió al poeta y narrador entrerriano de “Lata pintada”. Tanto impactó a Zelarayán la escritura de Di Benedetto como la ambición en aquel 1975 de “retirarse de esta devoración”. “Y ahí una curiosa operación del mismo Di Benedetto de casi ocultamiento de su propio nombre a toda costa, acentuado cuando más ascendía en la escala ejecutiva del diario. Salía por ejemplo una edición alemana de “Zama”, y en el diario que él dirigía, aparecía un pequeño pirulo, sin aclarar el nombre. En la crónica de la visita de Gűnter Lorenz de 1968, que escribió un libro muy famoso sobre escritores latinoamericanos, donde aparecían todos, Ernesto Sabato, Mario Vargas Llosa, y  otros, se omitió en Los Andes a Di Benedetto. Pero hay más cosas raras como que se hacían charlas de “Zama” en Mendoza y él no asistía”, comenta Correas, quien se encuentra escribiendo una biografía “no tradicional” de Di Benedetto, y libera en internet avances parciales, “por si aparecen nuevos datos” del escritor.

Periodista para tiempos difíciles, escritor del nuevo mundo. “Mientras releía el diario encontré lo que Di Benedetto permitía que se publicara. Y justamente lo que permitió que su publicará fueron todos los atropellos contra las personas, en los meses previos al golpe”, analiza las motivos de su detención la mendocina Liliana Reales, quien junto a Jaime Premat, Natalia Gelós y Jimena Néspolo vienen renovando el estudio del escritor, aunando sus otros oficios terrestres, tal la larga y dilatada carrera periodística de cuarenta años, “Di Benedetto dispuso el espacio para que se informara sobre las primeras detenciones ilegales, los saqueos de la fuerzas policiales y los llamados desesperados de padres por sus hijos, quienes empezaban a de-saparecer. Visto a la distancia hizo lo que había que hacer, lo que uno espera de todo periodista. Y que muchas veces no se pudo hacer por miedo. Yo sostengo que fue por eso que lo detienen los milicos. Incluso ya habían advertido, patrones y militares, que no podía publicar ese tipo de noticias. Él las siguió publicando. Semejante saña con su cuerpo solamente se puede explicar porque Di Benedetto respetó un periodismo ético a rajatabla”, subraya Reales. 

Otro que buscó claves que expliquen la detención “kafkiana” de Di Benedetto fue Correas. Y sumó horas de entrevistas a conocidos, algunos que lo adoraban por el don de la conversación, otros que lo detestaban por arrogante –se lavaba las manos después de cada apretón–, más documentos de inteligencia norteamericanos y fuentes oficiales. Y nada concluyente. Por lo que asegura Correas que todas las hipótesis son válidas y ninguna es exclusiva. “Acepto la de Reales y Gelós, pero aparecen otras plausibles como que en una cena Di Benedetto afirmó que los militares eran unos brutos, que publicó la foto de un grupo extremista, o que era amante de la esposa de un general mendocino. Incluso surgen más desopilantes como que fue correo del ERP, ¿se imaginan que podía llevar y traer mapas y dinero de los guerrilleros cuando tiene ficha de inteligencia norteamericana desde 1965?”, cuestiona Correas, agregando que solamente se registra la participación del escritor, y la esposa, en el socialismo de Alfredo Palacios. 

Un hombre derruido. Esa es la imagen que conservó Correas de Di Benedetto, a quien entrevistó en 1984 junto a Andrés Gabrielli para el Diario Mendoza, unos meses después del retorno de la democracia, “Hablaba muy pausado, pero se le veía muy triste. Lo que sí recuerdo hasta el día de hoy es que cuando apagamos el grabador dijo, “yo no he sido una buena persona, pero nadie merece lo que me ha pasado”. Yo creo que eso fue exageración y que al final de su vida –falleció en 1986– sobreactuó el sentimiento tan presente en su literatura, que uno está condenado de antemano”, poniendo en evidencia la construcción del pathos trágico, en la que colaboró el mismo Di Benedetto. Escritor de triste andar que afirmó a la TV española en 1979, “creen que están vivos y no piensan en el grave problema de haber nacido”. Pero en la óptica de Reales los recientemente publicados escritos del exilio derrumban el mito de que pasó sus días en Europa deprimido, al borde del suicidio. 

A partir de un trabajo de investigación exhaustivo del paso Di Benedetto por España de Mauro Caponi, “surge que el escritor era el nexo entre la revista y el Consejo editor, en el importante cargo de presidente del consejo de redacción, viajó mucho por el mundo y escribió casi cuatrocientos artículos. Muchos de ellos que amplían el análisis de su obra y revalorizan la tremenda influencia de las artes plásticas en Di Benedetto, tan notable en cuentos del calibre de “‘Caballo en el salitral’. Fueron años de fuerte trajín mundano, ¿en qué momento iba a pensar en el autoexterminio?”, inquiere la investigadora residente en Brasil, que no minimiza el “profundo dolor” del exilio, alejado de su esposa e hija, y sin dinero porque los militares hasta robaron bienes de su caja fuerte. 

Y para semblantear una narrativa que torea el aire y que tiene el poder de un pequeño dios, como esa niña del cuento de “El juicio de Dios”, Reales acerca, “para mí es inagotable Di Benedetto porque trabaja con el asombro del hombre ante un mundo incomprensible, incapaz de nombrar. Y ese asombro, lejos de agotarse, se va incrementando. Los personajes dibenedettianos se asombran profundamente con el mundo, con la ironía y promesa que es la vida, con la exuberancia de América Latina. Y al mismo tiempo, parece que su hombre nace derrotado y exiliado. Él es un antiutópico en sintonía con los escritores distópicos actuales. Y sus antiutopías calzan perfecto en el clima de esta época expulsora y desconcertante”. Desconciertos que son la llave del acuerdo Almeida para entender un mundo donde “las sombras amparan” (en “Pez”). “Pero es el desconcierto amable. Hay muchos autores que buscan esto, varios que buscan conscientemente la orfandad extrema de la actualidad, pero dudo con la amabilidad que logra Di Benedetto. No tiene precursores ni discípulos”, dice del mendocino que es su propio canon.   

Orfandades sociales y literarias, reales e imaginarias, que parecen no se terminan de conjurar con la obra y la vida de Di Benedetto. Hubo un ensayo sobre literatura fantástica de Di Benedetto que se extravió inexplicablemente, con prólogo del sumo sacerdote de la literatura fantástica de estas pampas, el Jorge Luis Borges director de la Biblioteca Nacional en 1958. Allí era invitado el autor de la extemporánea “El pentágono” (1955), cuentos de Di Benedetto que son como el volver al futuro de “Rayuela” de Julio Cortázar, casi una década antes. En Di Benedetto sopló siempre el programa del libro para el mañana. Con el juicio donde no se lo espera.

 

Agradecimiento: Adriana Hidalgo Editora y, especialmente, a Natalia Viñes.

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