CULTURA
LA GRAN EXPANSIÓN DE UN GIGANTE EDITORIAL

El grupo Feltrinelli desembarca en Montevideo con una megalibrería

La llegada de Feltrinelli a Montevideo no es solo la apertura de una nueva librería: es el desembarco en América Latina de una marca atravesada por setenta años de historia editorial, política y cultural. Con una inauguración prevista para abril y la posible presencia del Premio Strega Andrea Bajani, la cadena inicia su expansión regional desde Uruguay, respaldada por un legado que va de la militancia intelectual a un ambicioso modelo del libro en tiempos de crisis.

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La llegada. Carlo Feltrinelli, presidente del grupo editorial que lleva su apellido y autor de Senior Service. | cedoc

La cadena de librerías italiana Feltrinelli abrirá una megasucursal en Montevideo, Uruguay; la fecha tentativa sería el próximo 21 o 22 de abril. Se trata de la primera sucursal fuera de Italia y la primera en América Latina. Según fuentes del grupo, que incluye una de las editoriales más importantes de Europa, Feltrinellli Editore, la inauguración del local contaría con la presencia del escritor italiano Andrea Bajani, último Premio Strega con su novela El aniversario, publicada en nuestra lengua por el sello español Anagrama, adquirido por esta empresa.

En un evento en Turín, durante el pasado otoño italiano –una fiesta disco en la Scuola Holden (fundada por Alessandro Baricco y hoy en manos del grupo)–, un allegado al suplemento Cultura de PERFIL habló con el heredero y conductor de este conglomerado del libro, Carlo Feltrinelli, quien anunció sus deseos de abrir una librería en Montevideo. Sorprendido, el interlocutor preguntó por qué Montevideo y no Buenos Aires, a lo que Carlo Feltrinelli respondió: “De a poco, de a poco...”. Las mismas fuentes del grupo confirman que este es un primer paso, la intención es expandir la presencia de las librerías más allá de Buenos Aires, también en Santiago de Chile y Ciudad de México.

La dimensión de la operación de esta cadena en Italia comprende 112 puntos de venta, 2 mil empleados, 17 millones de libros vendidos al año y más de 4 millones de usuarios en redes sociales. El desagregado muestra 28 librerías tradicionales de tamaño pequeño, ubicadas en distritos metropolitanos; 32 grandes librerías, megatiendas, distribuidas en las principales áreas metropolitanas (15) y capitales de provincia (17); y 32 en centros comerciales modernos. En puntos de viajes y turismo: cuatro en las principales estaciones de Milán, Nápoles, Turín y Florencia; y seis en otras estaciones y puntos de tránsito (Roma Fiumicino, Nápoles Capodichino, Olbia, Milán Garibaldi, Milán Linate y Malpensa). Franquicias: diez librerías administradas por franquiciados; tres RED-Bistrot Librería, es decir con restaurante para experiencias presenciales en Milán y Valmontone (Roma).

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La noción que predomina en la administración de estos espacios es: “Lugares de intercambio y difusión del conocimiento, con un fuerte enfoque en libros para la circulación general y dedicados a todos aquellos que, independientemente de su formación académica, buscan nuevas ideas, inspiración y visión”. En sí, brindan ofertas de todo tipo, como reducción en el precio de los libros que no se venden o que están golpeados o rotos; ofertas de 3 por 1, así como descuentos del 60% en libros infantiles, por dar algunos ejemplos.

Pero los libros también se ofrecen con otros objetos culturales como postales, afiches, souvenirs, elementos de escritura, electrodomésticos (lámpara de lectura), lectores de libros electrónicos, periódicos, gadgets, películas y vinilos; todo esto para el consumo de manera presencial o por venta digital. El interrogante es cómo este modelo comercial enfrentará los desafíos de una región, para el caso Argentina, donde las sucesivas crisis económicas afectaron de manera negativa el ecosistema del libro.

Pero los Feltrinelli no solo traen consigo una experiencia de setenta años en el rubro, también son dueños de una resonancia cultural y capital simbólico que deriva de la historia intelectual de Italia, encarnada en el padre de Carlo, editor y fundador de la primera librería en Pisa, hacia 1957. Giangiacomo Feltrinelli (1926-1972), no solo pertenecía a una de las familias más ricas de Italia (en el siglo XIX proveedores de madera, durmientes de ferrocarril, entre otros usos), convertida en banqueros líderes y administradores del crédito: era también el hijo rebelde de esa dinastía.

Casi adolescente, formó parte de los grupos partisanos de izquierda que resistieron al fascismo y la ocupación nazi. Ya en la posguerra, militó en el Partido Comunista Italiano a la vez que comenzó a editar por primera vez libros como Doctor Zivago, de Boris Pasternak, en 1957 (en una primera edición mundial, luego de que el manuscrito realizara una travesía intercontinental, lo que le valió enfrentarse con el Partido Comunista Italiano, ya que el libro, en pleno stalinismo, no podía publicarse en la URSS, y lo que le valió a Pasternak el Premio Nobel de Literatura un año después, que naturalmente no pudo acudir a recibir); Il Gattopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y Trópico de Cáncer, de Henry Miller. Bajo la influencia de la Revolución Cubana visitó Cuba para conocer a Fidel Castro, luego Bolivia, donde se entrevistó con Regis Debray, para finalmente editar, también por primera vez, el Diario del Che en Bolivia. Este acercamiento hacia la izquierda radicalizada, en el contexto de los conocidos como “años de plomo” italianos, lo lleva a fundar uno de los primeros movimientos de guerrilla urbana (el otro era las Brigadas Rojas): Gruppi d’Azione Partigiana (GAP).

Alrededor de 1969, convencido de que era inminente un golpe de Estado en Italia, Giangiacomo pasa a la clandestinidad. Con su grupo interfiere con proclamas las transmisiones radiales de la RAI, por ejemplo. El 14 de marzo de 1972, al pie de una torre de alta tensión cercana a Milán, encuentran su cuerpo destrozado por una explosión: fue víctima de la bomba que manipulaba para volar esa misma torre. Sobre la relación con la política, la trayectoria intelectual (que lo llevó a desarrollar una biblioteca histórica de las luchas obreras italianas, hoy en la fundación que lleva su nombre) y lazos familiares, Carlo publicó un libro titulado Senior Service. Biografía de un editor, traducido y editado por Tusquets, Barcelona, en 2001; en realidad, más que una biografía, una radiografía extraordinaria de la Italia de los años 70.

Con la desaparición de su fundador, la casa editorial y las librerías quedaron al cuidado de la esposa, la fotógrafa alemana de origen judío Inge Schönthal (madre de Carlo), cuyos retratos incluyeron figuras como Greta Garbo, JFK, Churchill, Hemingway y Pablo Picasso. Años después, Inge se casó con el artista y teórico del diseño, el argentino Tomás Maldonado –miembro fundador del Movimiento de Arte Concreto y director de la Escuela de Ulm, y amigo de Arno Schmidt–, con el que Carlo desarrolló una excelente relación como padrastro –eso también se lo dijo al allegado de este diario en la fiesta de Turín–. Otro motivo más para venir al país…