jueves 11 de agosto de 2022
CULTURA Bienal del Chaco

Esculpir en Resistencia

Se llevó a cabo en Resistencia la edición XII de la Bienal del Chaco, que con la escultura como eje rector se difracta en múltiples tentáculos que atienden la gastronomía, el patrimonio, la arquitectura, el arte, el derecho y los pueblos originarios: un viaje de ida único en su multiplicidad y riqueza.

31-07-2022 03:55

Cuando Roberto Arlt visitó Resistencia en 1933 como parte de un viaje que emprendió “para darse un baño de luz de viajes” y escribir crónicas para el diario El mundo, se sorprendió de varias cosas en esa ciudad que identificó como una ciudad de cine: “¿recuerdan ustedes esas ciudades de película norteamericana? Aquí un rancho y tres pasos más allá un bar, y enfrente un gran comercio, y allá remontando la altura, un gran edificio.” Un Arlt asombrado por los contrastes, escribe en la misma crónica sobre el hotel Savoy:  “Me alojaron en un hotel moderno, como en pleno Buenos Aires, pero al rayar el alba no fui despertado por los ruidos del tránsito callejero, sino por el canto de los gallos. No se asombre el lector si mañana le dicen que en el Chaco se ha construido un rascacielos al lado de una chacra de algodón”. “Tal es Resistencia”, concluye el cronista viajero que expresa que “los ojos se van tras las formas de las cosas y es un empezar a mirar y no terminar de ver y derramar la atención en interjecciones de admiración”.

Esa experiencia arltiana, esa manera de ver el espacio urbano que tuvo su asentamiento en la llanura aluvional del Paraná, cruzada por el Río Negro, con su clima de semitropical, fundada en 1878 y declarada capital del territorio nacional del Chaco, hasta que este, en 1953 fue provincia y se llamó Juan Domingo Perón, es la predominante, aún hoy, cuando tantos años han pasado, tantos nombres, tanta gente. Porque uno de los eventos más importantes de la capital que fue diseñada con criterios urbanísticos que la diferencian del típico trazado de damero existente en la mayoría de las ciudades más antiguas de la Argentina, ya que sus calles y avenidas son espaciosas, posibilitando veredas anchas y circulación cómoda en dos carriles, es la Bienal de Chaco que le aporta otra particularidad: el Concurso Internacional de Esculturas. Esto hace, entre otras cosas, que la ciudad sea un museo a cielo abierto; un circuito de obras para recorrer en plazas y veredas, en avenidas y plazoletas, parques y riberas.

 

La Bienal en números y nombres.

Si bien este gran acontecimiento tiene muchas aristas de análisis, las cifras son impactantes. Desde 1988 se realiza un concurso por el cual han pasado más de 500 artistas y aportado al patrimonio cultural más de 600 esculturas. La historia empieza, entonces, a fines de los años 80 en la plaza 25 de mayo de 1810 una de las más grandes del país, cuando Fabriciano Gómez y Mimo Eidman tuvieron la iniciativa de hacer un concurso de escultura en vivo y en directo, con tallas de madera de urunday. Aquí aparecen los primeros nombres de los escultores que seguirían con este proyecto y el origen de la Fundación Urunday que es la organizadora, junto con el gobierno del Chaco de esta notable fiesta popular de arte y cultura. 

Esta es la XII edición de la Bienal de esculturas desde que es internacional y dejó de hacerse en la plaza del centro. Es la primera después de la muerte del escultor Fabriciano, factótum de esta aventura. Se nota en la emoción a cada paso: en su cara como logo de la Bienal, en los recuerdos de los compañeros de tareas, en la evocación constante. Es lo que Fabriciano quiso; es como Fabri lo soñó; es lo que al Fabri le hubiese gustado. 

La Bienal no está sola y con ella se desarrollan el VIII Encuentro de Escultores Invitados (Juan Sorrentino, Arce, Souza, Larrea, Suter Siguelboim), el VIII Concurso de Escultura para Estudiantes de Artes, el III Congreso Internacional de Artes, el II Seminario de Arte, Derecho, Patrimonio y Urbanismo, el I Congreso Internacional de Derecho del Arte, el IV Festival Filarmónico Juvenil, V Encuentro de Maestros Artesanos Argentinos y VII Encuentro de Artesanos de Pueblos Originarios. Además, como si esto fuera poco, patio de comidas, juegos, clases de yoga y pilates, números musicales, payasos. Chipa, chipá m´bora, pacú, churros, tortas fritas se apoderan del aire que respiramos y sellan el destino de exceso y abundancia en generosidad e ingesta. 

Genti Tavanxhiu (Albania), Verena Mayer-Tasch (Alemania), Juan Pablo Marturano (Argentina), David Bucio (México), Sodong Choe (Corea del Sur), Arijel Strukelj (Eslovenia), Jhon Gogaberishvili (Georgia), Petre Virgiliu Mogosanu (Rumania), Ebru Akinci (Turquía) y el ucraniano Ihor Tkachivskyi son los diez escultores seleccionados entre 240 de 70 países que presentaron sus proyectos para realizar en mármol y trabajar a la vista de todos durante las siete jornadas que dura la Bienal en un espacio dentro de las más de diez hectáreas del Parque 2 de Febrero, que recuerda en su fecha a los friulanos que llegaron en el siglo XIX, muy abrigados al tórrido verano chaqueño y esperanzados por hacer la América. También, esta inmigración aportó a ese poderoso contraste del lugar que tanto deslumbró al escritor argentino. Porque cuando Arlt entró en la librería principal de Resistencia y pidió fotos de la ciudad, le trajeron: “las clásicas postales de las indias con el arco soslayando la espalda y un as de flechas en la mano. Lo miro al dependiente y le digo: Pero dígame... ¿usted no ve la ciudad donde vive?”

 

Génesis y el perro Fernando.

Los que sí vieron la ciudad donde vivían fueron los integrantes de El Fogón de los arrieros, el grupo de artistas y escritores que se juntaban en la casa de Aldo Boglietti y fueron los responsables de la vanguardia artística en Resistencia que, a partir de los años 40, tuvo vital importancia en la conformación de la escena cultural. Si bien Arlt no lo conoció por cuestiones de tiempo y muerte, el Fogón hubiese sido otro espacio para el asombro: casa de puertas abiertas, residencia de Juan de Dios Mena, Intelectuales, científicos, políticos y personalidades de la cultura ofrecieron conferencias, cursos, espectáculos y exposiciones. Jorge Luis Borges, Ariel Ramírez, María Fux, Nicolás Guillén y Félix Luna, por sólo nombrar algunos, dieron a conocer su obra y su pensamiento en inolvidables noches de encuentros. Contacto en Francia con Hilda Torres Varela que dirigió la compañía de teatro experimental, entre un singular crisol de pintores, escultores, muralistas, grabadores, escritores, poetas, músicos. 

Fueron quienes propiciaron esta idea del arte público, de sacar a la calle las esculturas y así les fue. Bien, muy bien. De eso se jactan los que viven allí: de la cantidad de esculturas que tienen y de la convivencia pacífica entre el vecino y la obra de arte. Nadie las daña ni las roba. Son patrimonio de la ciudad, pero la gente las hace suyas a fuerza de verlas todos los días. No sabemos si los habitantes de Resistencia saben más de arte que el resto de los ciudadanos del país. Lo que sí es evidente que la Bienal de este año, superó en público a la anterior de 2018, ya que la del 2020 no se pudo realizar. Que una multitud de alrededor de 80.000 visitantes diarios se dio cita en el predio del Bicentenario para mirar el trabajo de los artistas y pasear por sus otras atracciones. Que votaron para el premio del público y para el premio de los niños. Porque en esto de ser críticos puros tienen una hermosa tradición.

El perro Fernando vivió en las calles de la ciudad: dormía en colchones que le ponían en la vereda y lo bañaban, varias veces al día, para que estuviera siempre limpio. Los juglares de Resistencia alimentan la leyenda canina: que tomaba café con leche y medialunas sentado a la mesa, que si el perro se quedaba a escuchar a las orquestas la gente lo imitaba y si se iba, todos se retiraban, otorgándole al perro un oído musical absoluto. Tanto es así que en un concierto de un músico extranjero que fue a tocar, Fernando se acomodó en el escenario y dos veces levantó la cabeza durante la función. Al finalizar, el concertista le dijo: “tenés razón: equivoqué la nota dos veces durante la función”. Fernando murió en la calle, pisado por un auto que dio marcha atrás sin verlo. Tiene dos estatuas a falta de una: en la vereda frente a la plaza y en la del Fogón de los arrieros, donde descansan sus restos mortales. 

Hay que acostumbrarse mucho, si uno no es del lugar, a convivir por unos días, los que dura la Bienal de esculturas, con esta clase de anfitriones. Tan amables, tan dedicados. No lo son sólo los que integran la Fundación Urunday, los organizadores presididos por José Sebastián Eidman y un equipo extraordinario, sino el común de la gente. Pre pandemia, el mate iba y venía entre propios y ajenos. Ahora, se ha recuperado lo de los dos besos de rigor que se ofrecen como caramelos y endulzan la vida amigable del lugar

 

Los premios.

Después de varios días de trabajo, los escultores que fueron seleccionados para realizar sus obras en mármol están cansados y contentos. Llegaron el 14 de julio a la ciudad y desde ese momento hasta el 23 de julio, a cielo abierto y sin importar las inclemencias del tiempo, golpearon, pulieron, tallaron, moldearon esa pieza y la transformaron en algo único. 

Nuevamente, la multitud ahora espera el veredicto del jurado internacional integrado por León Saavedra Geuer de Bolivia, Francisco Gazitua de Chile y Todor Todorov de Bulgaria. Cada uno de los concursantes recibirá 5000 dólares, pero hay sólo tres galardones en este rubro. Hay algunos más, quizá muchos, de parte de los sponsors que aplazan la ceremonia. El del público lo recibe Marturano de Argentina y el de los niños, el escultor de Rumania. Luego se suceden los reconocimientos de las empresas e instituciones para llegar al momento culminante. “El ganador del premio es/The winner of the award is” se escucha cada vez, con traducción consecutiva en vivo, desde el escenario enorme con pantalla gigante. El tercer premio es para Verena Mayer-Tasch (Alemania). El ganador del segundo premio es el escultor de Corea y por fin, el primer premio va para Petre Virgiliu Mogosanu, de Rumania. El autor de “Tensión en la naturaleza” que ya había recibido el premio de los niños está exultante en medio del escenario y sacude la botella de champagne como si fuera el campeón de una carrera de motos. Al tiempo que confirma que, una vez más, en Resistencia, los niños (y el perro) siempre tienen razón.