Uno o una por día, según se refiera a la prescripción médica, la higiene, el sexo, hasta el arte. Dosis exactas para la propedéutica de la vida, la metodología de preparatoria y profilaxis. Ni un día sin una línea es la traducción del precepto latino nulla dies sine línea, atribuida a Plinio el Viejo, que vivió en el siglo I y fue autor de “Historia Natural”. Se cuenta que, al acuñar este dicho alababa el valor de la constancia en cualquier labor. Lo decía, con mucha probabilidad, sobre Apeles, pintor griego que había vivido unos cuatro siglos antes que él y de quien no se conserva ninguna obra. Sin embargo, de este artista circulan numerosas anécdotas. Una de ellas: no dejaba ni un solo día del año sin trabajar en su obra, aunque fuese solo para modificar o añadir un leve trazo.
Anna Ostoya, la artista polaca nacida en 1978, puede ser una continuadora de Apeles, aunque sus collages realizados cada día del mes de febrero de 2011 participan más el concepto de udarnik, término usado para designar al obrero superproductivo durante la Unión Soviética. De esta manera, pone a prueba su propia “eficiencia” artística. Realiza el papier-mache con distintos tipos de papeles que luego ensambla en los idénticos formatos con imágenes de diarios, páginas de Internet y otros materiales. Entre ellos, utiliza dorado a la hoja con el que se permite hacer un vaivén entre lo bajo y lo alto; lo contemporáneo de los medios masivos con lo clásico del oro.
Pero también limitó su ejercicio estético a un formato de 50 x 60 cm. y convirtió a “Exposures”, el título que eligió para la exhibición, en una combinación paradójica entre la pieza única y el trabajo seriado. Por su parte, el juego de las contradicciones no termina en los materiales y se apodera de las formas: abstracción versus representación realista es el debate que se libra en los collages de quien parece estar un poco fuera de las modas anti estéticas y más vinculada a la tradición del arte que promueve objetos bellos para una rutina diaria.