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Los túneles de Buenos Aires: la red de galerías subterráneas que sobrevive bajo el asfalto porteño

Restos arqueológicos y pasajes coloniales conforman el sistema subterráneo de CABA. De la Manzana de las Luces a San Telmo, los mitos de contrabando y refugios militares marcan la historia porteña.

Los túneles de Buenos Aires
Los túneles de Buenos Aires | Prensa

El subsuelo de la Ciudad de Buenos Aires alberga una intrincada red de túneles y galerías que datan, en su mayoría, de los siglos XVIII y XIX. Estas estructuras fueron construidas con ladrillos de molde y cal, diseñadas originalmente para el drenaje de aguas pluviales o como vías de escape. Hoy, estos pasadizos representan uno de los mayores misterios arqueológicos para los especialistas y residentes locales.

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La Manzana de las Luces, ubicada en el barrio de Monserrat, es el epicentro de esta arquitectura oculta. Bajo el Colegio Nacional de Buenos Aires y la Iglesia de San Ignacio, se extienden ramales que conectaban puntos estratégicos de la aldea colonial. Según los historiadores, estos caminos permitían el movimiento discreto de tropas y el resguardo de bienes ante posibles ataques extranjeros.

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Los túneles de Buenos Aires

El arquitecto e historiador Daniel Schávelzon, referente en arqueología urbana, sostiene que muchos de estos conductos no formaban una red unificada. En sus investigaciones, explica que estas construcciones respondían a necesidades defensivas y de comunicación interna entre edificios religiosos y públicos. La fragmentación de los planos originales hace difícil todavía hoy el mapeo completo de la zona.

En el barrio de San Telmo, el complejo El Zanjón de Granados revela otra faceta de este submundo. Durante una restauración en la década del '80, se hallaron túneles que encauzaban el antiguo Tercero del Sur, un arroyo que atravesaba la ciudad. Los trabajos de excavación permitieron recuperar objetos de la vida cotidiana que estuvieron sepultados por más de un siglo bajo los cimientos.

Mitos y realidades de los pasadizos secretos en la historia argentina

La creencia popular asocia estos túneles con el contrabando de mercancías y esclavos durante el Virreinato del Río de la Plata. Debido a las estrictas restricciones comerciales impuestas por la corona española, los comerciantes locales habrían utilizado los ductos cercanos al puerto para movilizar productos ilegales. Sin embargo, las pruebas físicas sobre este uso específico suelen ser escasas.

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Otro de los grandes mitos porteños vincula al gobernador Juan Manuel de Rosas con una red de escapes personales. Se dice que su residencia en Palermo contaba con salidas secretas que conducían hacia la costa del río. Si bien existen estructuras subterráneas en la zona, muchos expertos consideran que se trataba de conductos de ventilación o desagües de grandes dimensiones para la época.

La arquitectura de estos pasajes destaca por sus techos abovedados y el uso de técnicas de ingeniería hidráulica avanzada para el período colonial. Muchos de estos túneles fueron cegados o destruidos durante la construcción de la red de subterráneos y los cimientos de los rascacielos modernos. Solo una pequeña fracción ha sido preservada y puesta en valor para el acceso de investigadores.

Los túneles de Buenos Aires

Bajo la actual Avenida de Mayo, también se han reportado hallazgos de sótanos interconectados que servían como depósitos de logias masónicas. Estos espacios, caracterizados por su hermetismo, alimentan las teorías sobre reuniones conspirativas que habrían definido el rumbo político del país. La falta de registros oficiales sobre estas cámaras subterráneas mantiene viva la mística del lugar.

El sistema de túneles del Banco Provincia es otro ejemplo de infraestructura técnica oculta. Construidos para garantizar la seguridad de los valores y la comunicación entre bóvedas, estos pasadizos reflejan la solidez de la arquitectura financiera de principios del siglo XX. A diferencia de los túneles coloniales, estos cuentan con refuerzos de acero y hormigón de alta resistencia.

Se especula que en la zona de Retiro, hay refugios antiaéreos construidos durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque la Argentina se mantuvo neutral la mayor parte del conflicto, ciertos edificios de influencia europea incorporaron búnkeres en sus niveles más bajos. Estos recintos presentan características de diseño distintas a los tradicionales drenajes de ladrillo visto.

La humedad y el paso del tiempo son los principales enemigos de la conservación de estos sitios históricos. Muchos tramos se encuentran inundados por el ascenso de las napas freáticas o bloqueados por derrumbes internos. Los equipos de arqueología urbana trabajan con radares de penetración terrestre para identificar nuevas cavidades sin necesidad de realizar excavaciones invasivas.

El misterio se extiende también a los antiguos túneles de servicio de las terminales ferroviarias de Constitución y Once. Estas galerías facilitaban el transporte de equipaje y suministros entre los andenes y los depósitos externos. Con la modernización de los sistemas de transporte, muchos de estos corredores quedaron en desuso y fueron olvidados por las autoridades ferroviarias.

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Los túneles que corren por debajo de la Casa Rosada y el Museo del Bicentenario muestran la conexión entre el poder político y el subsuelo. Estos restos del antiguo Fuerte de Buenos Aires sirven como testimonio de las sucesivas capas de construcción que formaron la ciudad. La superposición de muros coloniales y estructuras modernas crea un laberinto de difícil interpretación histórica.

Diversas leyendas urbanas mencionan la presencia de pasadizos que cruzan por debajo del Río de la Plata, aunque esto es técnicamente improbable para la ingeniería de los siglos pasados. La escala de estas historias demuestra el impacto que el submundo porteño tiene en el imaginario colectivo. Cada nuevo hallazgo durante obras viales reactiva el interés por lo que yace bajo el cemento.

Actualmente, solo algunos sectores de la red de túneles están habilitados para visitas controladas. El mantenimiento de estos espacios requiere ventilación constante y refuerzos estructurales para evitar accidentes. Estos lugares permiten observar de cerca la calidad del trabajo de los artesanos y albañiles que dieron forma a la Buenos Aires subterránea hace doscientos años.

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