El descubrimiento de una plantilla de mano de 67.800 años en una cueva de la isla de Muna, en Indonesia, volvió a poner en discusión uno de los grandes consensos de la arqueología: que el arte simbólico humano surgió primero en Europa. La antigüedad de esta representación, atribuida a Homo sapiens, la convierte en la evidencia más antigua conocida de arte rupestre realizado por humanos modernos.
La pintura fue identificada en la cueva Liang Metanduno, un sitio del sudeste de la isla que los pobladores locales conocían desde hace generaciones por la presencia de figuras prehistóricas. Sin embargo, durante décadas se creyó que esas imágenes tenían apenas algunos miles de años. Las nuevas dataciones demostraron que su origen es mucho más remoto.

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La obra consiste en una plantilla de mano realizada con pigmentos de ocre rojo, en la que uno de los dedos fue deliberadamente estilizado hasta adoptar la forma de una garra. Este detalle fue clave para los investigadores, ya que implica una intervención consciente sobre la silueta natural del cuerpo, un rasgo asociado al pensamiento abstracto y a la simbolización.
El trabajo estuvo a cargo de un equipo internacional liderado por el arqueólogo indonesio Adhi Agus Oktaviana, de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Indonesia (BRIN), junto con Maxime Aubert, arqueólogo y geoquímico de la Universidad Griffith y explorador de National Geographic. La antigüedad fue determinada mediante datación por ablación láser de la serie del uranio, una técnica que permite analizar microscópicos depósitos minerales formados sobre las pinturas.
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Los resultados fueron publicados en enero en la revista científica Nature y confirmaron que la plantilla de Muna es más antigua que cualquier otra expresión rupestre conocida, incluso aquellas halladas en Europa occidental.
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El hallazgo de Muna se suma a una serie de descubrimientos previos en Indonesia que ya habían comenzado a cuestionar la centralidad europea en la historia del arte prehistórico. Investigaciones publicadas en revistas como Science y PNAS documentaron pinturas figurativas en cuevas de Sulawesi con más de 45.000 años de antigüedad, entre ellas representaciones de animales y escenas de caza.

Según esos estudios, las poblaciones humanas del sudeste asiático ya desarrollaban tradiciones artísticas complejas durante el Pleistoceno tardío, en paralelo —y no como consecuencia— de los procesos culturales europeos. Para los especialistas, esto sugiere que la capacidad simbólica del Homo sapiens no surgió en un único lugar, sino que pudo haberse expresado de manera independiente en distintas regiones del mundo.
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Capacidad simbólica y migraciones humanas en el sudeste asiático
Además de su valor artístico, las pinturas de Muna aportan información clave sobre las migraciones tempranas de los humanos modernos. Diversos estudios arqueológicos y genéticos coinciden en que grupos de Homo sapiens llegaron al archipiélago indonesio hace más de 65.000 años, lo que implicó la navegación en mar abierto y un notable desarrollo tecnológico.
En un contexto donde los restos óseos humanos del Pleistoceno son escasos, el arte rupestre se transforma en una fuente fundamental de evidencia. Las plantillas de manos, en particular, son interpretadas por los investigadores como marcas de identidad, presencia o pertenencia grupal, y ofrecen una ventana directa al pensamiento y la imaginación de aquellas comunidades.
LV/ff