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CULTURA / DERECHOS DE AUTOR
domingo 12 enero, 2020

Más libros más libres

Todos los años hay una serie de obras y de autores que se “destraban”, eluden (para pesar de sus herederos) el compromiso del derecho de autor, y pueden ser editados libremente por quien lo desee. En 2020 la lista se enriquece con varias presencias ideales. Pasen y vean.

por Omar Genovese

Como todos los años, 2020 también trae consigo una serie de autores cuya obra pasa a dominio público. Se trata siempre de la mejor noticia para los editores de todo el mundo y la peor para los herederos. Foto: pablo temes
domingo 12 enero, 2020

Al dominio público pasan, año tras año, todas las obras artísticas que dejan de tributar derecho de autor, vale decir se pueden reproducir, utilizar, modificar, de manera libre y gratuita. En este artículo nos ocuparemos de aquellos libros y obras de autores que ingresan en dicha condición a partir de 2020. Los derechos de autor varían según las legislaciones de cada país. En Argentina, Estados Unidos, y en los países de la Unión Europea, la obra del autor está protegida  por setenta años luego de su muerte. Y por cincuenta años en China, Canadá y Nueva Zelanda, entre otros. En Colombia y España por ochenta y en México por cien años. Una modificación a la legislación de Estados Unidos deja bajo derecho de autor por 95 años las obras publicadas entre 1923 y 1977, motivo por el cual ciertos libros se liberan de derechos y otros no, así el autor haya muerto hace setenta años o mucho más tarde, como en los casos de H.G. Wells y Agatha Christie.

Algunos libros liberados en Estados Unidos (no así las traducciones publicadas en nuestro idioma, y esto es así para todas las obras en cualquier lengua): Billy Budd, Sailor (Billy Bud, marinero), de Herman Melville (quien murió en 1891, pero el libro se publicó en 1924); Some Do Not…, de Ford Madox Ford (autor del Buen soldado, quien colaboró con Joseph Conrad en tres libros, uno de ellos La naturaleza de un crimen); The Old Maid (La solterona), de Edith Wharton; The Dream (El ensueño), de H. G. Wells; Berge Meere und Giganten (Montes, mares y gigantes), de Alfred Döblin; La montaña mágica, de Thomas Mann (Nobel de Literatura 1929); The Dark Eyes of London (Los bandidos ciegos de Londres), The Face in the Night (El rostro en la noche), Room 13 (El cuarto número 13), The Sinister Man (El hombre siniestro) y The Three Oak Mystery (El misterio de los tres robles), todas de Edgar Wallace, maestro del thriller y autor de King Kong; The Man in the Brown Suit (El hombre de traje marrón) y Poirot Investigates (Poirot Investiga), de Agatha Christie; Veinte poemas de amor y una canción de-sesperada, de Pablo Neruda (libro que incluye un poema enteramente plagiado a Rabindranath Tagore), y dos best-sellers: Pasaje a la India, de E.M. Forster, y Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell.

En el rubro que denominan non fiction, quedan libres: The Art of the Theatre (El arte teatral) de Sarah Bernhardt; My Further Disillusionment in Russia (Mi mayor desilusión en Rusia), de Emma Goldman, la activista anarquista que fuera expulsada de Estados Unidos por el fundador del FBI, J. Edgar Hoover; With Lawrence in Arabia (Con Lawrence en Arabia) de Lowell Thomas, libro que recopila la cobertura periodística de la campaña en el desierto del militar inglés Thomas Edward Lawrence, autor de la incomparable Los siete pilares de la sabiduría; The Autobiography de Mark Twain, publicado 14 años después de su muerte; The English Novel. Some Notes on its Evolution (La novela inglesa. Algunas notas sobre su evolución) de Hugh Walpole, prolífico novelista y autor de una excelente biografía de Joseph Conrad; The Story of a Great Schoolmaster (La historia de un gran maestro de escuela), de H.G. Wells, única biografía que escribió y donde retrata a su amigo, el educador Frederick William Sanderson.

Desde el punto de vista de edad y obra completa, en poesía se destacan el español Antonio Machado (Galerías, Soledades, Campos de Castilla, La guerra); y el irlandés William Butler Yeats, Premio Nobel de Literatura 1923, cuya extensa obra poética incluye El peregrinaje de Oisin y otros poemas, El crepúsculo celta, Per Amica Silentia Lunae y En los siete bosques. Su vida fue materia de análisis en el memorable ensayo Cuatro dublineses (1986), de Richard Ellmann, quien lo ubicó junto a Wilde, Joyce y Beckett. Maurice Maeterlinck, Premio Nobel de Literatura en 1911, se agrega ya desde la prosa. De él, Borges escribió: “Las ordenadas e invariables repúblicas de los insectos le inspiraron dos libros: La vie des termites y La vie des abeilles, que estudia con imaginación y vigor los hábitos de un ser celebrado por Virgilio y Shakespeare.” Justamente, con La vida de las termitas (1927), Maeterlinck fue acusado por un “naturalista” boer, Eugène Marais, de plagiar sus publicaciones periodísticas (entre 1923 y 1926), escritas en afrikáner, y publicadas bajo el título “El alma de la hormiga” (sobre una especie sudafricana), cuestión que derivó en un griterío nacionalista de los colonos que no tuvo consecuencias judiciales.

Tal vez la figura más destacada que pasa al dominio público para el lector argentino (si es que tal entidad existe), es Witold Gombrowicz, aquel escritor polaco que vivió en nuestro país casi un cuarto del siglo XX. Despreciado por Bioy Casares por su estilo de vida, formador de escritores, autor de una novela tan inclasificable como vanguardista: Ferdydurke. Completan su obra las novelas Los hechizados, Transatlántico, Pornografía, Cosmos. El libro de cuentos Bacacay y sus Diario argentino (1968) y Diarios (1953/1969). Fue cuatro veces consecutivas candidato al Premio Nobel. En 2019, en Argentina, se realizó el segundo Congreso Gombrowicz dedicado a su obra, donde genera debates, ensayos, claves a la hora de pensar en cómo mantener un estilo literario en vigencia. El Congreso también organizó el Premio Gombrowicz de Novela, al que llegaron 1.550 obras provenientes de 37 países. El ganador, fue Fernando Chulak por Hilos de cobre. El jurado, compuesto por Eduardo Berti, Ariana Harwicz y Martín Kohan, decidió entregar tres menciones, sin orden de prioridad, para las novelas Llamar para atrás, de Roni Bandini; Un largo camino de hormigas, de Pablo Farrés y Hasta que mueras, de Raquel Robles. Resulta interesante, y todo un desafío para nuevas traducciones, la influencia del tono argentino en su lengua, el giro lunfardo en la escritura de Gombrowicz. Esto produce cierto extrañamiento que puede desorientar sobre el significado mismo de los términos y formas que utiliza.

Pero de este conjunto tan disímil se destaca una mujer, tal vez única, se trata de la londinense Ivy Compton-Burnett quien también llega a la libertad de derechos con sus veinte novelas. Hace diez años Luis Chitarroni editó Una familia y una fortuna en La Bestia Equilátera. Existen otras seis novelas traducidas en España: Una casa y su dueño, Padres e hijos, Criados y doncellas, Una herencia y su historia, Un dios y sus dones, Los últimos y los primeros; razón por la cual sería apropiado que alguna editorial argentina tomara el desafío de traducir lo que resta y ofrecer una nueva versión de estas últimas. El diálogo, el tejido de ironías, reflexiones, ideas, que los personajes de Compton-Burnett tejen, como una red y laberinto a la vez, es de una maestría literaria tan original y detallista, que el conjunto de cada novela ofrece una experiencia estética tan íntima como única, todo esto inmerso en una crítica social tan despiadada como lúcida. Su obra en sí es ideal para la adaptación teatral, incluso cinematográfica; más allá de las distancias entre lenguas, el marco de vindicación de lo femenino ante la opresión en los más mínimos detalles, arrasa con cualquier equívoco o desilusión militante.

Como muestra de la formación intelectual en la Inglaterra de principios del siglo XX, dos escritores se destacan en caminos paralelos y complementarios: uno, hijo de la diversidad económica y la integración de los inmigrantes; el otro, el preferido de un autoritario miembro de la nobleza británica. El primero es Leonard Woolf, de origen judío, educado en el Trinity College; allí trabó amistad con Thoby Stephen (hermano de Virginia Woolf, su futura esposa), Lytton Strachey, Clive Bell, John Maynard Keynes y Edward Morgan Forster, futuros miembros del Círculo de Bloomsbury. Junto a Virginia fundaron y llevaron adelante la editorial Hogarth Press. Su obra implica el ensayo literario, la crítica política, así como el análisis de los sucesos que le fueron contemporáneos. Sus libros autobiográficos van desde su carrera como funcionario en Sri Lanka hasta el retrato intelectual de su círculo. El otro, es el preferido de George Sitwell, jefe de una de las familias fundadoras de la nobleza: Osbert Sitwell, educado en el Eton College, su hermana mayor fue Edith Sitwell, publicada en 1989 en nuestra lengua por el excelente Ingleses excéntricos. Osbert escribió su primer poema en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, en Francia. De alguna manera esta escritura en riesgo abrió un prolífico panorama que implicó cinco novelas, donde se destaca The Man Who Lost Himself (1929) –El hombre que se perdió. Su vida personal estuvo marcada por la relación amorosa y de convivencia con David Stuart Horner, novelista, bon vivant, al que su hermana Edith detestaba. De hecho, Horner nunca le perdonó que modificara su testamento para excluir el castillo italiano que heredó de su padre, George Sitwell. Al contrario que muchos otros homosexuales británicos, como ocurrió con las flagrantes condenas de Oscar Wilde y el matemático Alan Turing.

Pero lo excéntrico no es característica exclusiva de estos estratos, la práctica de diversas disciplinas lleva a la publicación, muestra de ello (ver recuadros), tenemos a dos ingleses G.E.M. Skues y F. S. Smythe; a la irlandesa Edith Somerville y al increíble malayo, digno de una nueva versión de Historia universal de la infamia: Tan Malaka (considerado héroe de la independencia de Indonesia, a pesar de la peligrosa casta gobernante). Ahora bien, si nos apartamos un poco de la literatura, en el universo de la filosofía nos encontramos con la disponibilidad de las obras de Karl Jaspers, Theodor Adorno y Max Eastman que, aunque estadounidense, murió en Barbados, territorio inglés. Las obras de Jaspers van de la filosofía a la psiquiatría, con un paso firme por la teología, con un positivismo que lo llevó a participar en la reconstrucción de Alemania de la mano de la socialdemocracia. Por su pertenencia a la nobleza alemana, el nazismo lo envió al ostracismo, sin perseguirlo por su esposa de origen judío. No tuvo la misma suerte Adorno que, por ser judío, partió al exilio en 1933 para regresar en 1949 junto a  Max Horkheimer y así refundar la mítica Escuela de Francfurt, en un tono crítico hacia la sociedad europea desde la interpretación marxista y el psicoanálisis freudiano. La obra de ambos fue profusamente traducida al castellano, queda a manos de futuras ediciones una nueva traducción, así como la revisión y el rescate de escritos que permanezcan inéditos, y puedan dar más luz a ese período intelectual del occidente europeo, tan vertiginoso y que fue de la caída del nazismo al Mayo del 68.

Volvamos A Max Eastman: poeta, periodista, editor. Como síntesis un tanto absurda de las dos posiciones intelectuales de los alemanes, se nos presenta como un activista que partió del sufragismo militante junto a su hermana, en Estados Unidos, de allí al marxismo de la Revolución Rusa, para desilusionarse de Stalin y entablar una amistad con Trotsky. Sin más miramientos, en 1941 abandona el socialismo y comienza a publicar en Reader’s Digest, para terminar adhiriendo por completo al mccarthismo. Su obra implica más de veinte libros, en el arco ideológico mencionado va de Marx y Lenin: La ciencia de la revolución (1927) a Reflexiones sobre los errores del socialismo (1955). Parafraseando a otro Marx, Groucho, tal vez el carácter histórico de su obra refleja un problema ético respecto a las convicciones: si éstas no sirven, siempre habrá otras al alcance.

 

De James Bond al Che Guevara

Tan Malaka, tal vez nació en 1897 en Sumatra Occidental y sus padres islámicos lo llamaron Datuk Ibrahim Gelar Sutan Malaka. En toda su vida utilizó más de 25 alias, pero todos los libros que escribió entre la política y la filosofía (tanto en malayo como en holandés), llevan su apodo oficial como héroe de la independencia de Indonesia. De entre ellos se destaca su autobiografía escrita durante dos años de encarcelamiento (1948) y publicada en 1970: Dari Pendjara ke Pendjara, traducida al inglés en tres tomos como From Jail to Jail. Allí no solo da cuenta de su azarosa vida militante, también sobre la historia política de Indonesia (fundó dos partidos políticos), dirigió rebeliones armadas, así como sobre su educación en Holanda como maestro, y los viajes a Alemania, Rusia comunista e innumerables deportaciones entre Filipinas y Hong Kong. Tal era su fama que los japoneses lo utilizaban como propaganda política durante la ocupación del archipiélago malayo. En la autobiografía fija su filosofía política que implicaba el pan islamismo y el pan asiatismo (una nación asiática pluricultural contra Occidente). La edición al inglés subraya que su capacidad de eludir a los servicios secretos holandeses, británicos, franceses, y todo tipo de policía, lo llevaron a esa idea de integración: podía lucir como chino, filipino o indonesio.

Su actividad política anticolonial osciló entre el Partido Comunista de Indonesia y el nacionalismo independista, pero enfrentado al poder económico regional. Lo que se dice, un personaje incómodo para cualquier poder, más si la pobreza y el sometimiento eran las normas a mantener, sin importar el signo político.

Murió antes de los 49 años de un tiro en la cabeza, ocurrió en las montañas de la isla de Java, su territorio preferido para la rebelión. Fue a manos de los hombres de Sukarno (que meses antes le había ofrecido que formara un gabinete de gobierno), luego de que lo tuvieran cautivo en una escuela, como al Che Guevara.

 

Dos irlandesas en una

Existen 14 novelas y un libro de cuentos que retratan la vida de Dublin entre 1889 y 1915. Son el producto del trabajo a cuatro manos firmado por Somerville y Ross, seudónimos de Edith Anna Somerville y Violet Florence Martin, dos primas que un día decidieron escribir sobre la sociedad y cultura irlandesa. La primera, hija de un coronel del ejército británico; la segunda, sufragista, unionista por Irlanda, cercana al grupo nacionalista de Yeats. Entre sus títulos más reconocidos: The Real Charlotte y Algunas experiencias de un irlandés. R.M. Violet Martin murió en 1915 a raíz de las heridas al caerse de un caballo (ambas primas practicaban equitación en la caza del zorro). Edith Somerville publicó tres novelas más como si su prima continuara con vida, y tres más con su nombre. En 1936, uno de sus hermanos, oficial de la Royal Navy, fue asesinado por el IRA. Murió a los 91 años y está enterrada junto a Violet en la iglesia de Saint Barrahane, Castletownsend. Parte de su archivo está en el Trinity College.

 

Y dos excéntricos más...

The Kangchenjunga Adventure es la obra más reconocida de F. S. Smythe, fotógrafo, montajista y botánico. En la década de 1930 participó en las expediciones al Mont Blanc (descubrió dos nuevas rutas), Kamet, Kangchenjunga y al mismísimo Monte Everest. Durante la Segunda Guerra Mundial fue instructor de montañismo para el ejército canadiense, de allí que un monte de ese territorio lleva su apellido. Conferencista incansable, su obra literaria se centra en la aventura de la escalada, cuestión que saldó con veintiseis títulos más al citado.

George Edward MacKenzie Skues (G.E.M. Skues), abogado, pescador experimentado, en 1921 publicó The Way of a Trout with a Fly, donde desarrolla una técnica que revolucionó la pesca con mosca (mosca seca), deporte vigente, entre otros ríos del mundo, en los de nuestra Patagonia. Son seis sus libros, todos de notable éxito de ventas. En Youtube se puede observar un video donde se muestra cómo disfrazar el anzuelo como una verdadera mosca con tan solo las fibras de pluma de faisán, hilo, pegamento y pelos: la técnica Skues.


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