lunes 08 de agosto de 2022

Pánico, locura y fraude en el arte digital

El valor de piezas virtuales asociado a los NFT (Non Fungible Token) ya estaba recibiendo críticas que iban desde la contaminación ambiental hasta el blanqueo de dinero. A eso se agrega ahora la lisa y llana estafa.

18-02-2022 23:48

Tal vez como un gesto de ironía predictivo, el caso que sigue evoca una obra pictórica que se adjudica al flamenco Hieronymus Bosch, El Bosco, titulada El prestidigitador, que bien podría pensarse como El tahúr. La escena es sencilla: de un lado el encargado del engaño, enfrente un simple habitante de la comarca a punto de expulsar de su boca a un batracio. Rodeado de otros como él, mientras un niño observa divertido por debajo, un cómplice del “mago” toma la bolsa con monedas de su cintura. En la mesa, dos vasos de metal, entre los dedos del estafador una esfera del truco “la mano es más rápida que la vista”. Las interpretaciones exceden este espacio, pero la escena retrata una situación que el mercado del arte sufre desde hace poco más de un año y que hoy muestra una inquietante faz.

El valor de piezas virtuales (imágenes, animaciones, música, libros, etc.) asociado a los NFT (Non Fungible Token), dentro del entorno de criptomonedas, ya tuvo varias cifras exorbitantes, recibiendo críticas (y sospechas) que van desde la contaminación ambiental hasta el blanqueo de dinero de dudoso origen. Por ejemplo, a principios de mes, el sitio HitPiece, que vendía NFT asociados a la música, incluyendo artistas como John Lennon, cerró su página web intimado judicialmente por la Asociación de la Industria de Grabación de América por vender dichos materiales digitales sin autorización. Mientras tanto, la Oficina de Rentas y Aduanas del Reino Unido acaba de incautar tres NFT por fraude en el pago del IVA por un monto de 1,7 millones de euros, operación que implicó a 250 empresas del rubro. Tanto es así, que hasta el Departamento del Tesoro de EE.UU. estudia el vínculo entre el lavado de dinero y los NFT.

Pero las alarmas suenan porque la ciberseguridad está ausente: ocurre otro tipo de delitos, tanto a usuarios como a artistas. Existen páginas de internet falsas donde se ofrece la compra y venta de NFT, de allí obtienen los datos de las billeteras digitales para sustraer las criptomonedas del eventual usuario: el clásico phishing por correo electrónico con el mismo fin, con direcciones web por alertas de seguridad en la billetera digital. Lo descarado es el plagio de NFT, o copias muy similares, suplantando la identidad de un artista digital reconocido. A esto se agrega la especulación conocida como wash trading (compra y venta de un valor para engañar al mercado), esto quedó en evidencia cuando 110 operadores de NFT compraron y vendieron no menos de 25 veces los mismos NFT para encarecerlos, obteniendo 8,9 millones de dólares.

También ocurren estafas directas, como el caso de Blockverse (juego NFT basado en Minecraft) que vendió 10 mil coleccionables por 1,2 millones de dólares y sus responsables se fugaron o, mejor dicho, dieron de baja todo tipo de contacto en internet, donde la identidad digital también queda cuestionada como poco veraz.Un estudio reciente sobre los intercambios de activos digitales encargado por Open Sea, la principal plataforma de comercialización de NFT, dio por resultado que el 80% de los NFT es un fraude. Cent, otra plataforma similar a la anterior, suspendió las operaciones porque detectó ventas de copias no autorizadas, de contenidos robados y conjuntos de NFT que se asemejan a otros de alto valor, pero que no son originales. Vale decir: los hackers, o delincuentes digitales, están cazando en un zoológico. A tal punto llega la astucia, que se detectó un servicio web con el nombre Tornado Cash, utilizado para derivar las monedas digitales (bitcoin, ethereum, etc.) y así no ser detectado por la cadena Blockchain.

En un reportaje publicado en España por El Salto Diario, el economista griego Yanis Varoufakis define este fenómeno del arte digital: “En un entorno digital, los NFT son como todos los demás productos básicos. Reflejan el triunfo del valor de cambio (con el que el capitalismo derrotó al valor experiencial o de uso) dentro de un metaverso (al estilo Valve o Zuckerberg). En ese sentido, los NFT no ofrecen nada nuevo dentro de los mundos digitales, excepto quizá que potencian la ideología del capitalismo (el valor de cambio gobierna supremamente). En el mundo analógico, los NFT tienen valor solo en la medida en que los derechos de subasta ofrecen utilidad a quienes los cuidan. Aunque al hacerlo, obligan a organizaciones como Sotheby’s y Christie’s, que solían monopolizar el comercio de los derechos de subasta, a cambiar sus formas. De ninguna manera los NFT subvierten la estructura de los derechos de propiedad que crean y sustentan el poder exorbitante de la oligarquía sobre la mayoría”.n

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