CULTURA
El mundial de las esculturas

Resistencia esculpe su lugar en el mundo: la Bienal del Chaco 2026 se presentó en Buenos Aires y reafirma su proyección internacional

Con artistas de cuatro continentes, nuevas instancias vinculadas a la UNESCO y una convocatoria récord, el evento vuelve a consolidarse como uno de los grandes faros culturales de la región.

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José Eidman, presidente de la Fundación Urunday, durante la presentación de la Bienal del Chaco 2026. | Gentileza Bienal del Chaco

En el corazón de Buenos Aires, este miércoles 22 de abril, la cultura del nordeste argentino volvió a estar presente con fuerza propia. La Casa del Chaco fue escenario del lanzamiento oficial de la Bienal Internacional de Escultura 2026, un evento que, con el paso del tiempo, dejó de ser una apuesta local para convertirse en una referencia global donde el arte dialoga cara a cara con la comunidad.

El anuncio no fue uno más: 439 postulaciones provenientes de 70 países marcaron el pulso de una convocatoria que crece año a año y que, en esta edición, seleccionó a diez escultores consagrados que llegarán a Resistencia para trabajar a cielo abierto, frente al público, durante nueve jornadas intensas en julio.

Pero para entender la dimensión de la Bienal hay que retroceder casi cuatro décadas. En 1988, en la Plaza 25 de Mayo, un grupo de artistas encabezados por Fabriciano Gómez dio forma a un sueño que parecía pequeño: un concurso de escultura en madera. Ese gesto, casi artesanal, terminó por convertirse en una marca identitaria. Hoy, aquellas primeras obras se multiplicaron en veredas y bulevares, transformando a Resistencia en un museo vivo y cotidiano.

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“Más de quinientos escultores del mundo pasaron por el Chaco”, recordó el presidente de la Fundación Urunday, José Eidman, durante la presentación. Y en esa frase no solo hay una cifra: hay una historia acumulada de encuentros, de materiales transformados y de una ciudad que hizo del arte una forma de habitarse.

La edición 2026 sumará, además, un nuevo capítulo a esa historia. Por primera vez, la Bienal será sede de la reunión anual y el simposio del ICLAFI, organismo vinculado a ICOMOS y consultivo de la UNESCO en patrimonio cultural. No es un dato menor: implica que el evento ya no solo convoca artistas, sino también pensamiento, debate y proyección internacional en torno al patrimonio y la cultura.

Mientras tanto, los nombres de los escultores seleccionados comienzan a trazar un mapa diverso: desde Argentina hasta Uzbekistán, pasando por Europa del Este y el Mediterráneo. Todos trabajarán con mármol travertino y acero inoxidable, materiales que dialogan entre lo clásico y lo contemporáneo, y que cobrarán forma en vivo, ante la mirada de miles de visitantes.

La Bienal no se agota en su competencia central. Como una ciudad que se expande, el evento despliega una agenda paralela que incluye encuentros de escultores invitados, ferias de artesanía, festivales musicales, congresos internacionales, propuestas escénicas y espacios dedicados al cruce entre arte y tecnología. Durante diez días, Resistencia se transforma en un territorio donde cada rincón respira cultura.

Lo que comenzó como un acto casi íntimo hoy es un fenómeno colectivo. Instituciones, artistas, gobiernos y comunidad confluyen en un mismo pulso que sostiene y proyecta la Bienal más allá de sus fronteras. En tiempos donde las identidades se construyen y reconstruyen constantemente, Resistencia eligió hacerlo a través del arte.

Y así, una vez más, la ciudad se prepara para recibir al mundo, no como espectadora, sino como protagonista de una historia que sigue tallándose, año tras año, en cada nueva obra.