CULTURA
Show

Roger Waters tocó en River vigilado por una fiscal y con un público cantando contra Milei

La previa del ex Pink Floyd estuvo cargada de tensión por sus dichos sobre el estado de Israel. Él mismo contó que no lo dejaron hospedar en el hotel. Como siempre pidió por la paz, repudió el genocidio y recordó a los argentinos caídos en Malvinas.

Roger Waters en Argentina
Roger Waters en Argentina. | Gtlza. Flow

Entre un pedido de que el show se cancelara de la DAIA, bajo la mirada atenta de un fiscal que debía cotejar que el músico no cometiera algún ilícito, sin hotel que lo hospedara y, para colmo, con una tormenta en el cielo, Roger Waters volvió a presentarse en River este martes 21 de noviembre, en el barrio porteño de Núñez. La lluvia dio tregua y se pausó cuando el músico salió a escena con la reversión de 2022 de “Combortably numb”, un éxito del disco The Wall que realizó junto a Pink Floyd.

Esta nueva versión del tema fue pensada para "This Is Not A Drill". “Lo bajé un paso hacia abajo, a La menor, para hacerlo más oscuro y lo arreglé sin solos, excepto en la salida, donde hay un solo vocal desgarradoramente hermoso de una de nuestras nuevas hermanas, Shanay Johnson. Su intención es ser una llamada de atención y un puente hacia un futuro más amable con más conversaciones con extraños”, explica el propio Roger Waters.

Después de ese golpe de efecto, siguió con otra estocada: “Another brick in the wall part 2”. Aunque antes de que empezara el show, el artista había mandado al demonio a los que estaban ahí por Pink Floyd y no por él, no faltaron temas de la banda. La misma que después de que grabaran The final cut en 1983 decidiera deshacerse de él. 

Roger Waters en Argentina

Luces y sombras en el recital 

Quien va a un show en River pretende disfrutar de lo musical y de lo performático. Muchas veces, en el mega estadio, el sonido no llega a convencer. Pero Waters nunca defrauda, cada instrumento vibró con precisión exquisita, la voz de Waters de 80 años, aunque cada vez suena más a Tom Waits, no falló y ya hace tiempo que algunos temas a los que no llega se los deja cantar a sus compañeros de banda.

No faltan los efectos y sonidos calculados para que asalten al público desde un costado, del fondo, que jueguen con la imaginación y la construcción del relato mágico que es sumergirse a un show de dos horas. Si bien no hubo el mega despliegue de performance como el que trajo con su gira The Wall, la selección de imágenes proyectadas, su presencia y la de los suyos en sólido negro, le hicieron justicia a lo que se espera de un mega recital. 

“El que no salta votó a Milei”

No puede hacerse una línea directa entre la politización del artista y su público. Pero es cierto que su propuesta es una puerta abierta para catarsis colectivas contemporáneas. En el intervalo que hizo luego de una hora de show, se escuchó al público cantar “Nunca más” y “El que no salta votó a Milei”. También es cierto que había expectativa de que Waters dijera algo al respecto del presidente electo, muy afín a Donald Trump y Jair Bolsonaro, a los que el británico confrontó numerosas veces. Sin embargo, no hubo alusiones.

Sí estuvieron presente en la pantalla planteos contra el gatillo fácil, el racismo y cualquier tipo de discriminación y no faltó su llamado por la paz y a “resistir el capitalismo”. 

Roger Waters en Argentina

En la segunda parte del show apareció el clásico cerdo inflable con ojos rojos, mientras Waters volvía a escena enfundado con vestuario de psiquiátrico y en silla de ruedas. Sonaron las emblemáticas “Money”, “I wish your where here”, “Sheep”, “Run like hell” y “Us and them”.

Recordó a Syd Barret, uno de los integrantes fundadores de Pink Floyd cuya salud mental frágil no le permitió continuar. “Recuerdo que habíamos ido a ver un recital de Gene Vincent y también vimos a los Rolling Stones y con Syd nos prometimos armar una banda”, se leyó en las pantallas que constantemente presentaban algunos pasajes en español.

Aunque sobre el final, el recital fue perdiendo fuerza y dejó una sensación de extremo cuidado para correrse de la mira (no pudo alojarse en el hotel al que siempre iba, “solo porque lucho por los Derechos Humanos”, criticó Waters), tuvo sus momentos de éxtasis.

¿Quién hospedará a Roger Waters?
 

Mientras que durante todo el día el cielo estuvo cubierto de nubes a punto de llover, la luna se abrió paso en la noche y por un instante todo se despejó. En ese momento exacto sonó “Eclipse” el último tema del álbum The dark side of the moon.

Faltaron “Mother”, “The great and gig in the sky”, “Time”, “Dogs”, es cierto. Sobre el final eligió tocar “Two suns in the sunset” de The final cut, el último disco de Pink Floyd con él, en el que se incluye una canción en contra de la invasión inglesa a Malvinas y aprovechó para recordar su historia con la periodista argentina Gabriela Cociffi y la campaña realizada con ella para identificar a soldados caídos en Malvinas.

Roger Waters, de aspirante a arquitecto a artista comprometido y obsesivo

Roger Waters fue uno de los vértices de Pink Floyd, que tensó tanto la cuerda que la quebró. Fue madurando con la banda, haciendo madurar a la banda con él, exorcizando sus fantasmas primero y luego combatiendo los terrorismos colectivos. 

Una serie olvidable mostraba una continuidad de sesiones de terapia de una mujer que había perdido a su madre, la paciente seguía con su vida con aparente normalidad, pero una sombra se proyectaba detrás de todos sus actos. La terapeuta le dice: “Lo terrible de la muerte es que cambia absolutamente todo. Y lo terrible de la muerte es que, a la vez, no cambia nada”.

Roger Waters en Argentina

Una sensación que queda magistralmente sellada en las primeras líneas de “El Aleph” de Jorge Luis Borges: “La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carreteras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.”

Así se proyectó en la vida de Roger la trágica muerte de su padre, que empañó de ausencia y nostalgia el hogar de su infancia, y que luego se transformó en sensación de injusticia en el Roger adolescente y adulto. La muerte de su padre en una guerra se iría convirtiendo en eje principal de sus letras y, además, lo impregnaría de una sensibilidad social que lo involucraría en múltiples tomas públicas de posición frente a violencias que involucraran discriminación, imperialismos, autoritarismos.

También lo marcó en la forma que se forjó su carácter, lo absurdo de la muerte en una guerra, sumado a lo absurdo de ver a su amigo y compañero Syd Barret perder la cordura de un momento a otro, crearon en él una armadura contra la fragilidad que se confundía con frialdad y, por otro lado, una obsesión con el control, la ultra planificación. Lo imprevisible era su enemigo.

Roger Waters en Argentina

Un clásico se reconoce porque a pesar de permanecer inmutable, a medida que crecemos nos responde o nos hace las preguntas que necesitamos en ese preciso instante. Y puede que años después regresemos y esas preguntas hayan desaparecido, pero existan otras y el clásico seguirá cantando la posta. El clásico puede ser un libro, un disco, tu viejo, la mujer que amamos, un amigo. Y acá no cuentan las remasterizaciones ni los prólogos que aportan una nueva mirada. Como dice Fabián Casas en un ensayo bonsai: ‘Un clásico es algo o alguien que pone sus propias reglas de juego esté en el tiempo que esté”, escribía Martín Zariello, puntualmente sobre The dark side of the moon. A esta altura, el propio Roger Waters como ícono, también es un clásico.
 

RB/fl