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DEPORTES / historias minimas
domingo 18 noviembre, 2018

La bengala perdida

Los barras de Central merodean las calles de Córdoba, tal vez en la previa de un partido, tal vez después de que se haya jugado, no importa demasiado. Lo cierto es que se cruzan con Spinetta, lo reconocen y le piden que escriba un tema sobre ellos.

por Claudio Gómez

default Foto: CEDOC

—¡Flaco, genio, escribí una canción sobre nosotros!

—No, loco, ustedes rompen todo, se pelean…

—Vos no entendés, Flaco, todo lo que hacemos es por los colores que amamos.

Los barras de Central merodean las calles de Córdoba, tal vez en la previa de un partido, tal vez después de que se haya jugado, no importa demasiado. Lo cierto es que se cruzan con Spinetta, lo reconocen y le piden que escriba un tema sobre ellos. El Flaco los encuentra cuando recorría la ciudad, tal vez en la previa de un show, tal vez después de tocar, tampoco importa. Lo único que realmente interesa es que ese fugaz encuentro que ocurrió a mediados de los 80 impulsó al Flaco a componer una canción.

Un par de años antes, Boca y Racing jugaban en La Bombonera. Como de costumbre, La 12 tenía preparado el cotillón para recibir al equipo. Hacía dos años que la barra de Boca había quedado bajo las órdenes de José Barritta, el Abuelo, ese sujeto que instaló el show, la violencia y el negocio en la segunda bandeja del estadio. Para el clásico con Racing, entonces, había que mostrar todo. A la parafernalia habitual le sumaron chiches nuevos: unas bengalas marinas que le habían comprado a un allegado a la barra que trabajaba en una ferretería. Pero no se trataba de pirotecnia, no eran esos artefactos vistosos que despiden luz y humo. Esta bengala podía volar 400 metros a 300 kilómetros por hora. Era un arma. Y así la usaron.

El show empezó antes del partido. La primera bengala que tiraron desde La 12 salió del estadio por encima de la tercera bandeja. “Oleeeeeeee”, gritaron los hinchas de Racing. La segunda cayó sobre el campo de juego. “Oleeeeeeee”, insistieron los visitantes. La tercera fue letal: voló 150 metros sobre el césped en línea recta y se clavó en el cuello de Roberto Basile, 25 años, empleado bancario, estudiante de Ciencias Económicas. Murió en el acto. El partido se jugó y por este crimen nadie terminó preso.

A mediados del 88 Spinetta sacó su octavo álbum solista, Téster de violencia. Una de las canciones se titula, precisamente, La bengala perdida. El Flaco tomó el asesinato de Basile y lo spinetteó: “Adentro queda un cuerpo/la bengala perdida se le posó/allí donde se dice gol”. En otra estrofa, también spinetteó aquel encuentro con los barras de Central: “Por un color, solo por un color/no somos tan malos, ya la cancha estalla en nada”.

El Flaco era hincha de River y amaba el fútbol. Se maravillaba con lo que podía generar este juego. Pero la violencia irracional que provocaba lo desgarraba. Entonces hizo lo que mejor le salía: lo volcó en una canción. Hizo catarsis poética. Desde entonces, hace ya treinta años, la cuarta canción del labo B de Téster de violencia nos interpela.


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