DEPORTES
El ttulo "granate" coron un gran trabajo dirigencial

La consecuencia lógica de un proyecto a largo plazo

De un club casi fundido y que jugaba en Primera "C", Lanús pasó a ser todo un ejemplo de conducción en el fútbol argentino, gracias a una política de unidad y promoción de figuras que hizo llegar por decantación al título.

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| CeDOC

El extraordinario e histórico campeonato que obtuvo hoy Lanús es consecuencia de un gran proyecto que su dirigencia viene poniendo en marcha desde hace tiempo. Sin figuras de renombre y apostando a un gran trabajo en divisiones inferiores, el plantel de Ramón Cabrero es un ejemplo para las grandes potencias que apelan a pagar fortuna por jugadores experimentados en vez de mirar a sus inferiores y trabajar con su materia prima.

Entre ascensos y descensos, Lanús se caracterizó siempre por tratar de jugar bien al fútbol, con equipos como los recordados "Globetrotters" subcampeones de 1956 o los "Albañiles" de fines de los años '60. Pero no fue fácil el camino que llevó al club a obtener su primer título en Primera.

En 1978 , de hecho, Lanús llegó a descender a la entonces tercera categoría del fútbol argentino: la Primera "C". Dos años después, aún en la "C", el club tenía deudas por alrededor de dos millones de dólares y menos de cinco mil socios cuando todas sus facciones políticas decidieron dejar de lado sus diferencias y unirse para sacarlo del pozo.

Apenas un año más tarde, en 1981, la institución conseguía el ascenso a la segunda división del fútbol argentino y comenzaba a respirar. También, a desarrollar una política de constante promoción de valores de las inferiores, como uno que por aquel tiempo comenzaba a destacarse como centrodelantero en el club y que cinco años más tarde sería uno de los titulares del seleccionado argentino campeón del mundo en México: Héctor Enrique, quien más tarde volvería al club para integrar el último elenco "granate" que ascendió a Primera entre 1992 y 1993.

Finalmente, en 1990 Lanús le ganó la final a Quilmes por penales y regresó a la Primera División. Ese año fue importante para la institución, porque se comenzó a cambiar los tablones de madera del estadio por tribunas de cemento.

En la temporada siguiente, no obstante, su campaña en la máxima categoría fue muy pobre y volvió al Nacional B. Pese al descenso, la dirigencia decidió mantener en el puesto de DT a Miguel Angel Russo, quien regresó con Lanús a Primera en apenas un año tras ganar de punta el campeonato del Nacional "B" 1992/93.

A partir de allí, el equipo ya no tuvo mayores problemas para afianzarse en la categoría superior y casi no volvió a pelear para no descender. De su cantera comenzaron a aparecer figuras como Ariel Ibagaza y Walter Gastón Coyette, jugadores claves del torneo obtenido por el seleccionado argentino juvenil Sub-20 en Qatar 1995.

Ya en 1996, Lanús consiguió la estrella que tiene en su camiseta arriba del escudo, al ganar la Copa Conmebol bajo la conducción de Héctor Cúper. Al año siguiente, el conjunto "granate" llegó nuevamente a la final de ese torneo, pero cayó ante Atlético Mineiro de Brasil, en un escandaloso partido jugado en el estadio sureño.

En 1998, las destacadas actuaciones de Ibagaza, Julián Kmet, Gustavo Siviero, Hugo Morales y Gustavo Bartelt fueron fundamentales para que, dirigido técnicamente por Roberto Mario Carlos Gómez, Lanús obtuviera el segundo subcampeonato de su historia en el Clausura, con una gran campaña que sólo pudo ser superada por la de un Vélez que marcó en ese torneo un récord de puntos para torneos "cortos".

Luego se produjo la venta de la mayoría de los referentes del plantel y comenzó nuevamente el proceso de formación. Pero otra vez, el miedo a descender de categoría volvió a apropiarse de los hinchas "granates" cuando en 2001 el equipo debió jugar la Promoción con Huracán de Tres Arroyos. Logró quedarse en Primera, pero estaba obligado a sumar una cantidad de puntos importantes para evitar nuevos sufrimientos.

Procesos irregulares, técnicos renunciantes y problemas con la interna de la barrabrava dieron marco negativo a un Lanús por esos años intrascendente. Lo más importante era el trabajo silencioso que se hacía en divisiones inferiores, en donde se estaba formando un equipo que daría sus frutos en un futuro no muy lejano.

En 2006, el equipo, ya dirigido por Ramón Cabrero, logró su tercer subcampeonato en Primera por detrás de Boca Juniors y se clasificó a la Copa Sudamericana, certamen en que llegó hasta los cuartos de final y fue eliminado por el Pachuca de México. Nombres como Agustín Pelletieri, Mauricio Romero, Marcos Aguirre, Sebastián Leto y Rodrigo Archubi eran las figuras de un equipo otra vez basado en la materia prima del club.

Con las ventas de Romero, Leto y Archubi, aparecieron en Primera jugadores como Lautaro Acosta, Sebastián Blanco y Diego Valeri, quienes no desentonaron en un conjunto cuya ambición superaba la de hacer sólo una "buena campaña".

El 2007 comenzó muy bien para Lanús. Se clasificó para la Sudamericana y por primera vez obtuvo el pasaje a la Copa Libertadores. Cabrero decidió apostar a la Sudamericana y dejar de lado el Torneo Apertura. Con una formación cargada de chicos ignotos, el equipo perdió muchos puntos en las primeras fechas del campeonato.

Tras la eliminación ante Vasco Da Gama, en octavos de final, los sureños se tiraron a terminar el Apertura lo mejor posible. Ya sin competencia internacional, Lanús fue subiendo de a poco y no resultó una rareza verlo solo en la punta en la fecha 14.

Fuerte en templanza, con la tranquilidad que le supieron transmitir su técnico y jugadores experimentados como Bossio y Graieb, pero también con un juego prolijo y al ras del piso que hizo honor a su historia, el equipo se bancó tener atrás a Boca, Tigre e Independiente y consiguió de manera irreprochable el título, que termina de coronar una política de trabajo a largo plazo. Ahora, es tiempo de merecido disfrute.