La decisión de traducir al castellano un libro italiano de temática gramsciana, e introducirlo en un contexto más amplio, puede parecer normal en un momento en que la fortuna de Gramsci fuera de Italia no conoce fronteras. No lo es para el autor, siempre responsable de los efectos de su obra al difundirse. Menos aún cuando se trata de un contexto político-cultural tan familiar con Gramsci como el argentino, donde sus ideas están arraigadas y difundidas desde hace tiempo y su obra ha sido traducida con un éxito poco común en el mundo.
En efecto, lo que se presenta a los lectores argentinos (y, más en general, a los hispanoparlantes) es una traducción, inalterada en lo sustancial, de un volumen publicado por la editorial Viella de Roma en 2018: una obra joven y, al mismo tiempo, ya no joven. Tiene sentido, sin embargo, someterla al juicio cualificado de una comunidad más amplia de estudiosos y lectores en la medida en que sus tesis fundamentales conservan inalterado su valor intrínseco y heurístico, al menos a los ojos de quienes las apoyaron.
Puede resumirse en la convicción de que en la obra de madurez de Gramsci (los Cuadernos de la cárcel) hay una reflexión sistemática –orgánica a su programa de reformulación del marxismo como filosofía de la praxis– sobre la economía, entendida como momento de la realidad y como ciencia con legalidad específica; que dicha reflexión, al poner en juego la noción de “traducibilidad de los lenguajes”, adquiere originalidad y protagonismo teórico; y que finalmente conduce a la metamorfosis de la “estructura” en el “mercado determinado” y a la articulación de un vínculo riguroso entre la filosofía de la praxis y la Crítica de la economía política (la teoría de El capital, tanto del primer libro publicado por Marx como de los tres siguientes organizados por Engels y Kautsky), vínculo que permite su fundación y su “continuación” en el presente.
Ni siquiera hoy estas tesis pueden considerarse dadas o ampliamente compartidas en el abigarrado panorama de los estudios gramscianos; y su impacto también ha sido exiguo fuera de este ámbito, donde resisten verdaderos lugares comunes interpretativos: desde la representación de la filosofía de la praxis de Gramsci como un “marxismo sin El capital” hasta la afirmación de que solo el Cuaderno 22 (Americanismo y fordismo) contiene algo del orden del análisis estructural.
Desde este punto de vista, queda mucho por hacer para establecer, críticamente, un nuevo “sentido común”. Estoy convencido de que la controversia entre defensores de ideas afines y partidarios de posiciones opuestas solo puede ser constructiva si se adopta, como procuramos en este libro, el enfoque filológico-crítico o histórico-genético de los Cuadernos de la cárcel, cada vez más reconocido en Italia y en el extranjero como el más adecuado a las condiciones en que Gramsci trabajó y pensó. Difundir y dominar este enfoque permitirá que los estudios sobre Gramsci progresaran con nuevas preguntas y resultados innovadores, que interactuaran interpretaciones contrastadas y que se apreciara plenamente tanto su carácter de “clásico” como su capacidad de interpelar nuestro tiempo.
Aun con lagunas e incertidumbres analíticas, propias de una región todavía poco explorada, estas no debilitan sino que refuerzan la hipótesis que puede extraerse de este volumen: la delimitación más precisa del concepto de “economía” en la filosofía de la praxis ofrece un ángulo inédito desde el cual reconsiderar las categorías políticas de los Cuadernos de la cárcel (hegemonía, revolución pasiva, crisis, Estado integral) y profundizar en las implicaciones gnoseológicas del marxismo gramsciano (conocimiento, verdad, objetividad, relación entre filosofía y ciencia). En suma, este concepto permite comprender mejor la filosofía de la praxis de Antonio Gramsci.
La suerte más reciente de Gramsci en Argentina revela dos tendencias en los estudios gramscianos. Por un lado, una sensibilidad filológica más acentuada, fruto del diálogo con los estudios italianos, que busca renovar la imagen heredada de Gramsci mediante mayor adhesión al “ritmo” de su pensamiento y al “devenir material” de sus escritos. Por otro, una pluralidad de líneas de investigación: desde estudios teóricos hasta de recepción, desde la relación entre filosofía de la praxis y ciencias sociales hasta análisis de coyuntura vinculados con la actualidad.
Creo haber mostrado que este volumen puede ser provechoso para quienes cultivan la primera tendencia y la tercera de estas direcciones. Asimismo, la amplia ilustración del concepto de “mercado determinado” –aún poco atendido en la literatura gramsciana– plantea cuestiones sobre la relación entre hegemonía y regímenes de acumulación capitalista, que pueden resultar sugerentes para quienes deseen aplicar lentes gramscianas a la crítica de la sociedad contemporánea.
*Autor de Gramsci y la crítica de la economía política, editorial Eudeba (fragmento).