ECONOMIA
incómoda por el fmi

CFK se prepara para seguir discutiendo el rumbo

La vicepresidenta sigue de cerca las negociaciones, pero no se prestará a ninguna foto que avale el acuerdo. Mantiene diferencias sobre aumentos en tarifas y quita de subsidios, aunque sabe que la inflación es la principal amenaza.

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Otros tiempos. Guzmán y Cristina Kirchner en 2020, durante el anuncio del acuerdo con bonistas. | Presidencia

Cristina Kirchner está incómoda. No se la escuchará hacer una férrea defensa del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que está a horas de cerrar el gobierno de Alberto Fernández, pero sus legisladores deberán hacer lo necesario (ausentarse, abstenerse o hasta votar a favor si los números lo requieren) para que el Congreso lo apruebe.

“Al igual que el resto. Son los 257 diputados y 72 senadores los que tienen la responsabilidad de acompañar o no el proyecto que envíe el Ejecutivo”, aclara la vicepresidenta.

Mira, sobre todo, a Juntos por el Cambio, por ser quien “trajo de regreso al FMI” mientras el silencio que hizo hasta ahora es su mayor aporte a una gestión económica con la que no coincide y con la que en los próximos meses tendrá aún mayores diferencias.

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Cuando la vicepresidenta vuelva a hablar del FMI será para recordar que la mayor deuda de la historia argentina fue contraída por Mauricio Macri. No se hará cargo ella de lo que llama “el regreso de un ciclo trágico de endeudamiento” aunque recuerda que el kirchnerismo siempre pagó las deudas que contrajeron otros.

En el kirchnerismo no saben como compatibilizar los planes propios con las metas del FMI

No hay ninguna posibilidad de que la ex jefa de Estado se preste a una foto para cerrar la etapa de negociación con el organismo internacional. Lejos quedó abril de 2020, cuando participó del primer acto de la gestión de Alberto Fernández.

En ese entonces, el Gobierno anunció la propuesta para reestructurar la deuda en dólares bajo legislación extranjera. El ministro de Economía, Martín Guzmán era uno de los pocos funcionarios que tenía el aval de todos los sectores de la alianza y contó con la primera imagen de la vicepresidenta apoyando un acto de gestión.

Cristina Fernández de Kirchner en abril 2020, junto al Presidente Alberto Fernández en Olivos.
Cristina Fernández de Kirchner en abril 2020, junto al Presidente Alberto Fernández en Olivos.

Cristina Kirchner también estuvo en el Museo del Bicentenario en agosto de ese año en el cierre del acuerdo con el 99% de los bonistas. Ahora las cosas son distintas. En el épica kirchnerista se recuerda que Néstor Kirchner logró romper el vínculo con el FMI y sus auditorias sobre la Argentina. No puede la vicepresidenta avalar las visitas trimestrales del organismo internacional para evaluar el rumbo del país.  

La próxima disputa será por los aumentos de tarifas y la baja de subsidios

i hasta acá hubo diferencias, la mayor discusión es por lo que viene. La incógnita es cómo encarar los próximos dos años del Gobierno y compatibilizarlo con las metas del FMI. Imposible para los planes del kirchnerismo. Ya no lo habla tanto con Guzmán. Su principal escucha es el gobernador, Axel Kicillof. No solo gestiona la provincia de Buenos Aires, sino que también le presenta planes a pedido para la gestión nacional.

La próxima disputa será por los aumentos de tarifas y la baja de subsidios: Irreconciliable con el objetivo de frenar la inflación y que los salarios se recompongan.

Con funcionarios en áreas claves, el kirchnerismo volverá a poner límites en los aumentos mientras la posibilidad de que haya una fuerte reducción de subsidios se desvanece. “Si no controlamos la inflación no hay 2023” dicen desde el Congreso. Adelantan una elección difícil, pero aún no se ven derrotados, como sí ya se lo empiezan a imaginar desde otros sectores del oficialismo.

Estas disputas sobre el manejo de la economía no pueden atentar contra la unidad. Con la derrota electoral de 2019 quedó claro que ya no alcanza para ganar, pero saben que si se dividen, las posibilidades de un triunfo se reducen al máximo.

CFK lo sabe y por eso no fue más allá del movimiento de renuncia de su hijo al frente del bloque de Diputados. No tiene una posición sencilla: es quién más votos aporta a la alianza, siente que no puede tomar las decisiones que quisiera, pero debe pagar el costo de una gestión que no funciona. Aunque no le guste, también es responsable: los funcionarios propios no se diferencian del resto al momento de evaluar resultados.